La familia Peña nunca creyó que lo que comenzó como un proyecto de vida se convertiría en uno de los restaurantes más famosos de Alhaurín de la Torre  y parte de la provincia de Málaga.

El Restaurante Casa Peña no es solo la historia de un establecimiento, sino la historia de una familia. Retrocedemos en el tiempo, a la Nochebuena del año 1957. Alhaurín de la Torre. José Peña e Inés Morales, un matrimonio alhaurino, decidieron embarcarse en el mundo de la hostelería. Y ahí comienza esta historia. La historia de cómo un pequeño restaurante se convirtió en un legado familiar. 

Actualmente es regentado por Juan Peña,  hijo de José e Inés: «Lo abrieron porque José tenía una enfermedad y no podía trabajar. Por ello, le cedieron un espacio para poder trabajar y abrió el bar. Cuando José murió, se quedó su hijo con el local, además de su madre Inés. Ahora Juan es el cocinero», cuenta Albert Pons, encargado del restaurante desde hace casi ocho años.

Casa Peña está ubicado en la calle Ermita y es uno de los más longevos del municipio, ya que cumple 65 años. A pesar del tiempo, los inicios del bar familiar se han mantenido en el tiempo, ya que son ya tres generaciones dedicadas a satisfacer el paladar de los alhaurinos y visitantes que llegan cada semana al establecimiento. 

Juan Peña junto a su madre Inés La Opinión

El restaurante basa su oferta en la gastronomía malagueña. Con el paso de los años, «la carta se ha modernizado», tal y como asegura Pons. Vanguardia sin olvidar la tradición. El responsable de que salgan los platos es Pedro Navarro, jefe de cocina; que junto a Juan Peña se encargan de los fogones.

El plato de la casa por excelencia son las berenjenas fritas, que durante 40 años «siempre han estado en la carta». La clientela del restaurante no solo son personas del pueblo, si no también «mucha gente de otras ciudades», añade Pons. 

En junio de 2020, el local reabrió sus puertas tras una radical transformación y modernización, sin perder la esencia. Cuenta con una barra, al más puro estilo tasca; además de un salón para 180 personas y un patio para 50 personas.

Tras más de 60 años sin parar, la crisis sanitaria supuso un golpe duro para el restaurante: «Justo antes del confinamiento cerramos para hacer una reforma bastante grande y fue complicado. Eran unos gastos previstos, con ventas previstas y no se dieron. Luego se sumaron las limitaciones horarias y de aforo», lamenta.

El plato de la casa por excelencia son las berenjenas fritas

Pero, tras superar «ese bache», ahora la familia sobrevive a otro: la inflación. «Nos hemos recuperado, pero el precio del aceite y gasolina está encareciendo un poco nuestros productos», afirma Albert Pons.  La familia Peña-Morales no solo engloba a Juan y a Inés, sino también a sus trabajadores: «Aquí somos unos 20 trabajadores, pero somos como una familia. El personal se siente muy de la casa, hay un ambiente familiar».  

Han pasado más de seis décadas, pero la esencia de la gastronomía popular que tanta fama le  ha dado no ha cambiado.

Oferta gastronómica

El local cuenta con menú del día donde «hay mucho potaje, caldo de pintarroja y platos de cuchara en invierno». Para los días más veraniegos las porras y el gazpacho, no pueden faltar. 

Las berenjenas fritas o el pollo asado son algunos de los platos estrella. El pollo asados es una de las sugerencias que en los inicios del local era de los platos más demandados: «Ahora hacemos pollo asado a la leña, más gourmet, para diferenciarnos un poco», afirma Albert Pons, encargado de Casa Peña. Otro de los platos que nos sugieren son sus frituras de pescado, carnes a la parrilla, lomo en manteca o sus famosas gambas al pil pil. Hamburguesas, brochetas de pollo o pulpo a la brasa, completan la carta. 

El responsable de que salgan los platos es Pedro Navarro, jefe de cocina; que junto a Juan Peña se encargan de los fogones.