La feligresía de la iglesia de San Juan vuelve a ser un Miércoles Santo por la mañana más centro neurálgico de la Semana Santa con el traslado del Cristo de Ánimas de Ciegos a hombros de los caballeros paracaidistas. En esta ocasión no solo se trataba de un breve recorrido por las calles adyacentes al templo, sino que Fusionadas debía llevar al Crucificado atribuido a Pedro de Zayas, uno de los más antiguos de Málaga, hasta la casa hermandad, en el Pasillo de Santa Isabel, desde donde la corporación iniciará su estación de penitencia a las 18.15 horas.

Traslado de los paracaidistas del Cristo de Ánimas de Ciegos de Fusionadas Eduardo Nieto

Será la primera vez que la cofradía salga de su sede, ya que hasta 2019 lo venía haciendo desde el interior de San Juan, como de hecho, continúan Lágrimas y Favores el Domingo de Ramos y el Cristo de la Vera+Cruz, este Jueves Santo.

Numeroso público ha asistido a este traslado, todo un clásico y seña de identidad no solo de Fusionadas, sino de la Semana Santa. Comenzaba a las 11.00 horasc on el siguiente itinerario: San Juan, plaza de Félix Sáenz, Nueva, Especerías, Cisneros y Pasillo de Santa Isabel. Los miembros de la Brigada de Infantería Ligera Paracaidista (BRIPAC) interpretaron en numerosas ocasiones el 'Bolero militar' paracaidista y 'La muerte no es el final' ante la expectación del público que aguardaba en las aceras. 

Todo un clásico y seña de identidad no solo de Fusionadas, sino del Miércoles Santo Eduardo Nieto

La vinculación entre los paracaidistas y el Señor de Ánimas de Ciegos se remonta a 1955, cuando la junta de gobierno de la hermandad acordó por unanimidad nombrar hermano mayor honorario a la Agrupación de Banderas Paracaidistas del Ejército de Tierra, de Alcalá de Henares. Un año después se produjo la primera salida procesional del cuerpo militar acompañando al crucificado.

Desde entonces, esta unión se ha mantenido en el tiempo y cada año se ha estrechado más la relación. Por eso, cada año una representación de la brigada se traslada a Málaga para acompañar al Crucificado y hacer guardia en la sede canónica de la hermandad.