24 de octubre de 2014
24.10.2014
La previa

Euroliga por fin, ¡que suene el 'I feel devotion'!

El Unicaja estrena esta noche en el Carpena su decimoquinta participación en la mejor competición de Europa tras su gran debut en Zagreb, midiéndose al Alba de Berlín, un buen equipo, en un gran momento, que pone a prueba a los de Plaza

24.10.2014 | 05:00

¡Que suene el «I feel devotion»! Que las banderas se agiten, que ruja el Carpena y que la música pegadiza de la Euroliga retumbe en nuestro tímpanos mientras el Unicaja inicia en casa su decimoquinta participación en el mejor torneo del básket en el Viejo Continente. Después del increíble debut en Zagreb, el Carpena abre el telón al baloncesto con mayúsculas. Lo hace con un Unicaja enrachado, que vive su mejor estreno competitivo de siempre. Jamás había iniciado una temporada con cuatro victorias consecutivas. La de hoy, por lo tanto, podría ser la siguiente. Y ya saben el dicho... No hay quinto malo.

El Unicaja-Alba Berlín no suena ni a clásico de Europa ni tampoco parece demasiado atractivo. Pero mucho ojito. El subcampeón alemán tiene un equipito muy «apañao». Y toda la familia cajista sabe ya, a estas alturas de la película, la trascendencia que tiene la «marea verde» a partir de ahora. El Unicaja está cumpliendo en la pista y la afición debe seguir al equipo. La Licencia A está en juego y que el «p...» pabellón tenga hoy el mejor aspecto posible es cuestión de todos. Plaza, el líder y alma mater de este proyecto, ha pedido por activa y por pasiva acudir al Carpena. Y hay que tener contento al «jefe».

Que el Unicaja juegue en casa vuelve a ser un motivo de ilusión. Desde que disputó su último partido, aquí en Málaga ante el Manresa, el pasado domingo, uno cuenta los días para que llegue el siguiente choque. Este equipo vuelve a ilusionar y vuelve a gustar. El equipo trata de hacer bonito. Y aunque aún funciona a rachas, sin la consistencia ideal, está ganando con mucha solvencia. Estamos aún metidos en el primer mes de competición. Hay seis jugadores nuevos, la mitad del equipo, y se entienden los lógicos despistes y errores: bajones de rendimientos, fallos en la personal, muchas pérdidas...

Todo eso se sobrelleva con alegría gracias a las cuatro victorias. Tres en Liga Endesa y una en Euroliga. Sumar la segunda consecutiva en Europa se antoja vital. Porque es en casa y porque sería ante un rival directo como el Alba, que también aspira al Top 16. Además, quien más y quien menos mira de reojo al Limoges, siguiente cita del Unicaja, también en casa, y se frota las manos pensando en un hipotético 3-0.

Pero falta aún mucho para eso. Lo primero es lo primero y el Unicaja de Plaza tiene delante a un Alba Berlín que está jugando un gran baloncesto. Aunque llega con una invitación de la Euroliga, el subcampeón de la Bundesliga ha ganado ya la Supercopa de su país hace unas semanas al Bayern Múnich, pudo con los Spurs de la NBA y están invictos en su competición nacional (5-0). No hay que tenerles miedo, pero sí se merecen todo el respeto.

Los de Sasa Obradovic juegan un básket muy rápido y agresivo, con tres pequeños americanos por fuera más el alemán Giffey, formado en Estados Unidos y reciente campeón de la NCAA con los Huskies, teniendo un papel importante. Hammonds guía al equipo desde el puesto de «uno», un base pequeño y eléctrico, y lleva al equipo junto al exLaboral Kutxa Renfroe. Y por dentro, la tripleta King-Radosevic-McLean van rotando continuamente. Son tres hombres altos atípicos, porque son pequeños, y Radosevic, su «techo», llega a los 2,08 metros pero en el Cibona actuaba de alero alto, en Milán de «cuatro» abierto y a partir de su paso por el Lietuvos Rytas fue acercándose más y más a la canasta.

Plaza sólo tiene la baja de Carlos Suárez, que será reemplazado por Karahodzic, que debutó en Zagreb con una canasta de pillo en los pocos segundos que estuvo sobre la pista. Para ganar hoy, el Unicaja deberá jugar su mejor partido de la temporadas. Sin desconexiones alarmantes y con constancia. Los que menos están aportando deben ponerse las pilas. Y el Martín Carpena debe ser ese sexto hombre que siempre ha sido, apoyando en los malos momentos –que los habrá– y acudiendo a llenar el «p...» pabellón.

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