Sin un esquema por delante para conocer la letra pequeña del plan de ajuste de 3.000 millones en educación, el consejero Álvarez de la Chica acudirá hoy a la reunión con Wert con el propósito de «repartir el impacto de los recortes entre la escuela pública y la concertada».

«Si a las comunidades no nos dejan escapatoria para evitar el recorte, al menos pediré que el efecto para la concertada sea en los mismos términos que para la pública», asegura. La fórmula que ha planteado el Gobierno para ahorrar gastos pasa por aumentar las horas lectivas de los docentes y elevar la ratio (número de alumnos por clase). Ambas medidas sirven para amortizar al máximo la jornada laboral de los funcionarios, lo que permite prescindir de interinos.

Al elevar la ratio, los cursos se condensarán y los niños que ahora entran en dos aulas y media tendrán que concentrarse en una sola. El resultado es la eliminación de unidades (cursos). «Si el Gobierno impone la subida de la ratio y el aumento de horas sólo a los funcionarios de la pública, la concertada no se vería dañada y eso es injusto. No voy a dejar intactas todas las aulas del Portaceli, mientras me cargo unidades en el colegio público que hay enfrente», explica el consejero en funciones.

Álvarez de la Chica planteará al ministro la eliminación de conciertos para que todo el impacto de los recortes no recaiga sobre la pública. «El recorte es tan brutal que obliga a replantear todo el sistema educativo. Los conciertos o los profesores de religión, también. Aquí no han tocado los tabiques del sistema, han atacado los cimientos», concluye.