Festival de música

Lemper ofrece un espectáculo elegante en Cartagena

11.07.2008 | 08:58

Quién sugiriese que la música de cabaret había desaparecido no acudió la pasada noche al concierto de la alemana Ute Lemper, en el que sólo faltaron los toques de corrupción y crimen propios de la época dorada de las medias de rejilla y el pelo con hondas.

Lemper ofreció un espectáculo elegante, en el que su voz dominó y su presencia cautivó a un público atónito ante la fuerza que transmitió esta mujer rubia y delgada que ondula sus brazos al aire tras su garganta liberarse de las canciones.

Esta bailarina y cantante afincada en Nueva York (EEUU) rindió, en ese espectáculo, un homenaje a la "chanson francesa" dentro del Festival de La Mar de Músicas de la ciudad de Cartagena (Murcia), entre ellos a genios galos como Edith Piaf, Jacques Brel o Jacques Prevent.

Del idioma francés, indicó Lemper, que le interesó "su poesía y literatura", "su filosofía sobre el mundo" y "su política de apoyo"... De ahí que, se comenzase su espectáculo con la canción "La Rue Pigalle", de Edith Piaf y Monnot.

Pero, no sólo en lengua francesa cantó, sino que también deleitó al público con temas en inglés y uno de ellos en árabe y hebreo y otro en alemán, es decir, Lemper (Münster, Alemania, 1963) mostró parte del tan amplio registro que puede alcanzar sobre el escenario.

Vistiendo un vestido negro de noche de seda y con unos zapatos negros de salón de tacón de aguja, la cantante adquirió un magnetismo sobre el escenario propio de sus admiradas las cantantes la francesa Edith Piaf o la alemana Marlene Dietrich.

De esta forma, exhibió sus influencias por los dos lados: el de la "chanson française" y el del cabaret germano en un concierto en el que estuvo muy bien arropada por el bajo Don Falzone, el batería Todd Turkisher, el pianista Vana Gierig y el guitarrista Mark Lambert.

Los instrumentistas que permiten a Lemper cantar memorablemente desde el clásico "Lola" pasando por otros como "Milord" hasta llegar a "Moritat", en una actuación en la que, gracias a su majestuosa y arrebatadora elegancia, secuestró el momento en un clímax en el que sedujo en el juego de complicidades y miradas que estableció Lemper con sus fans.

El sombrero estilo bombín dibujó una línea negra en su blanco rostro, en el que sus labios impregnados del carmín de la pasión sonrieron y cantaron, mientras ella movía dulcemente sus hombros con picardía.

Un bello club con tapicería de terciopelo rojo bermellón emplazado en la garganta de Lemper fue el lugar en el que su voz se acomodó y alcanzó así un amplio registro de tonos para las diversas canciones que interpretó.

Lemper (Münster, Alemania, 1963) -con ideas políticas muy claras- mostró en el concierto su apoyo al candidato demócrata a la Presidencia de EEUU, Barack Obama, y su repulsa ante la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, y la canciller alemana, Angela Merkel.

La tristeza y la alegría sobre la existencia humana y el amor fueron conceptos a los que la cantante se refirió en su concierto, y, a su vez, recordó al galo Jacques Brel no sólo por haber sido un "fantástico compositor", sino por cómo abordó "la imposibilidad del amor y de la felicidad".

Asimismo, la comunión de las culturas fue otro de las ideas en las que ahondó la cantante del álbum "Between Yesterday and Tomorrow" (2008), por lo que un antiguo poema árabe lo dictó, en un primer momento en francés y después en árabe y hebreo.

Lemper, a quien el recientemente fallecido genio francés de la danza Maurice Béjart le creó el ballet "La Mort Subite" (La Muerte Súbita), también cantó "La memoire et la mer" (La memoria y el mar) de un memorable y fallecido cantante y poeta galo Leo Ferré.

Y así en esta noche de luna creciente, la voz rubia y, en ocasiones, pelirroja y morena de Ute Lemper conmovió con poemas galos hechos canciones y que fueron creados por voces que colorearon la vida de los que les escuchaban antes de que Lemper hubiese nacido.

Y mientras todo ello ocurría una bandada de gaviotas sobrevolaba, la brisa marina del puerto acariciaba la piel de los asistentes y Lemper envolvía con su voz con la elegancia, la pureza y la fuerza de sus sonidos de terciopelo rojo bermellón, al más clásico estilo del cabaret.

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