Rocío dedicó gran parte de la jornada de ayer a limpiar las cenizas que se habían ido acumulando en el balcón de su casa de la urbanización de Las Abejeras, en Estepona, desde el jueves por la noche, por el fuego que afecta a Sierra Bermeja y voluntarios de Protección Civil le pidieran que abandonara su vivienda.

Mientras ella despejaba de restos de cremación la zona exterior, en la que algunas pavesas habían ocasionado daños de poca gravedad en telas y toldos, su pareja atendía a la hija de ambos, de dos años, con la que tuvieron que desalojar la vivienda cuando las llamas se encontraban a menos de cien metros de distancia.

«No podíamos meter a la niña en la silla del coche. La tuvimos que coger abrazándola en el asiento de atrás. Gracias a Dios, no hay daños importantes y nosotros tres estamos bien», recuerda mientras retira con una manguera los restos de ceniza que no ha podido eliminar con la escoba.

«Había como esto de ceniza», señala mientras sostiene los dedos pulgar e índice a unos dos centímetros de distancia. «Abajo he puesto unos montoncitos que he quitado del pasillo», agrega Rocío, una de las primeras vecinas desalojadas ante la amenaza del fuego pero que ya ha podido regresar a sus hogares.

Unas plantas más abajo, Andrés esperaba la llegada de dos hermanas para adecentar una vivienda de la que tuvo que salir «con las bullas con mi perra». «La policía me aporreó en la puerta a las tres de la madrugada. Estaba durmiendo y no sabía muy bien qué pasaba. Cogí dos cosas, a la perra y a correr», señala Andrés, que encontró acomodo para él en la casa de un amigo y en una guardería de mascotas para el can.

En la vuelta a casa, «me he encontrado ceniza por todos los lados, sofá, cama, muebles y dentro de los muebles de la cocina, menos mal que es un piso pequeño», explica.

Rafael lamenta, más que el estado en el que se ha encontrado su casa, el destrozo que el fuego ha provocado en el entorno natural que envuelve la urbanización.

«Nos venimos a vivir a una zona más alejada para disfrutar de la naturaleza y el monte y en algunas partes ha quedado destrozada», señala este vecino, que pasó las cerca de tres jornadas de desalojo en su Sevilla natal.

Ana recuerda que, en el momento de abandonar la casa, dejó a tres mascotas encerradas y se llevó con ella a dos perros y otros tantos gatos. Las mascotas que dejó las encontró con vida y la casa, prácticamente limpia de cenizas.

«Les dejé bastante comida. Incluso dejé comida en el rellano para los animales de la calle que están abandonados», señala Ana, que, durante los días de desalojo, pudo volver a casa a recoger medicamentos.

El consejero andaluz de la Presidencia, Elías Bendodo, anunció en la noche del domingo que cerca de mil vecinos que habían sido desalojados de las urbanizaciones Forest Hills y Las Abejeras, en Estepona; y Montemayor, de Benahavís, podían retornar a casa después de que los servicios de extinción del incendio lograran estabilizar el perímetro sur del fuego.

Los vecinos volvieron acompañados de los bomberos del Consorcio Provincial de la Diputación de Málaga, que realizaron labores de vigilancia en los alrededores de las urbanizaciones.