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La Opinión de Málaga

Música

Rocío Márquez: «El flamenco no limita, me estaba limitando yo»

La cantaora onubense estrenará el 9 de julio en el Teatro del Soho CaixaBank su rompedor Tercer cielo, un disco elaborado junto al productor Bronquio, en el que su cante se funde con la música electrónica

Bronquio y Rocío Márquez La Opinión

«Imagínate esta escena: un bloque de pisos y al fondo se ve el campo. En medio hay una especie de terraplén abandonado. Ese tercer espacio es el de las posibilidades, el del juego, en el que aún se puede hacer todo y tiene muy pocos códigos ya preestablecidos». Así explica la cantaora Rocío Márquez (Huelva, 1985) su 'Tercer cielo', el disco que acaba de publicar junto al músico de electrónica Bronquio (Santiago Gonzalo, Jerez de la Frontera, 1991). Pero también es su estado vital. A Rocío le brillan los ojos con este nuevo trabajo, porque es la puerta que le lleva a un espacio nuevo, desconocido, pero al que está deseando pasar. Hace unos días lo describía en su cuenta de Instagram: «Viaje sin retorno al centro mismo de mi ser». Ambos presentarán el álbum el 9 de julio en el Teatro del Soho CaixaBank, dentro de su ciclo dedicado al jondo. 

Márquez tiene una sólida carrera a sus espaldas. Comenzó de niña, compaginando su formación con actuaciones infantiles locales. La primera llamada de atención al público fue su paso por un concurso de cante, el del Festival de Las Minas de La Unión (Murcia), uno de los más reconocidos por aficionados y ajenos. Tiene varias categorías de premios y ella se los llevó todos en 2008.

Después vendría una carrera en la que su inquietud le ha llevado siempre a profundizar en la técnica vocal a través de una continua investigación sobre el origen mismo del flamenco o el trabajo de cantaores de tiempos pretéritos. Márquez es doctora en Técnica Vocal en el Flamenco por la Universidad de Sevilla. 

Cada disco, cada proyecto, supone una oportunidad para profundizar en el flamenco o investigar sus propios límites. Pero con 'Tercer cielo' ha querido ir más allá. El disco comenzó a fraguarse desde cero, en un encuentro postconfinamiento en el que ella y Bronquio se dieron todo el tiempo del mundo para explorarse juntos hasta encontrar un sonido del que tirar para levantar los 17 temas que componen el álbum: «A nivel esquemático lo vimos como una serpiente, como el cambio de piel para ir a ese tercer cielo. Y en todos esos cambios de piel lo único que hay es inestabilidad».

El resultado son tres bloques de canciones con tres cortes de transición entre ellos, en los que se mantiene la rítmica del flamenco sobre la que se construye el cante y su ropaje sonoro. Hay canción popular, debla, verdiales, un aguilando, un pregón, bulerías, seguiriya, toná... Pero todo pasado por el filtro personal de los dos artistas y con el acompañamiento sonoro de Los Melli de Huelva, a los que grabaron palmas y jaleos para que el sonido fuese propio, así como las percusiones de Xoan Sánchez y las guitarras de Lorena Álvarez.

El encuentro con Bronquio, un músico jerezano completamente ajeno al flamenco que desde unos inicios en el punk ha virado hacia la electrónica, no fue casual. Primero les unió la discográfica con la que trabaja Márquez, Universal Music, quien le propuso a Bronquio que hiciese un remix de 'Empezaron los 40', uno de los cortes del disco anterior de Rocío Márquez, Visto en el jueves. Después, volvieron a coincidir en el homenaje a 'La leyenda del tiempo' que organizó en 2019 el festival de música independiente Monkey Weekend en El Puerto de Santa María (Cádiz). Hubo conexión.

Pero la cosa no empezó bien. La falta de tiempo de ambos no les permitía encontrar el espacio para crear algo desde cero, que era lo que buscaban. «Yo si me meto en algo es para enfangarme», cuenta Márquez. Y entonces llegó la pandemia. Se reunieron en la casa de Rocío una semana de vez en cuando y explorar. Ella cuenta que se trazaron un esquema para buscar su sonido: partir de lo popular, «los rituales», para llegar al «paraíso» y de ahí al «tercer cielo».

Las letras de 'Tercer cielo' tienen mucho también de esa idea. La autoría de los textos pasa por Unamuno y Lorca, San Agustín o autores contemporáneos como Luis García Montero, Antonio Manuel, Maky Chuca o Carmen Camacho. Y aunque Rocío dice abordar temáticas muy diversas, igual que con el sonido, lo cierto es que se escucha en las letras esa búsqueda de conexión interior («Voy a parirme a mí misma», canta en Droga dura), esa idea de permitirse el juego, de posibilidad, y la reflexión que guía a Márquez desde hace tiempo: poner en cuestión la noción de que el consumo nos da libertad.

La sonrisa no le cabe en la cara cuando explica el cambio que está viviendo con este disco: «Me he dado cuenta de que antes yo echaba muchos balones fuera, diciendo que el flamenco es muy limitante. Y no, no es así, me estaba limitando yo. ¿Por qué? Porque quería conseguir una aprobación, una aceptación, y me daba mucho miedo no tenerla. De repente aceptas eso y se acaban los problemas».

Hace tiempo, en otro encuentro, Márquez confesaba cómo, para ganar en La Unión, tuvo que aprender una manera extremadamente precisa de hacer el cante que incluía hasta las respiraciones, pero que después de ganarlo, se aburría de hacerlo siempre de la misma manera. Ahora ha logrado romper esos límites gracias a la música electrónica. «Me abre puertas infinitas», confiesa.

Bronquio asiste divertido a esa confesión de Rocío, porque es ese precisamente su campo de trabajo natural. Ella de repente decía que quería probar una campana, y él la conseguía de momento en un banco de sonido. Para él, la otra mitad de Tercer piel, este proyecto también es un punto de inflexión. Se trata de su primera incursión en el flamenco. «Yo el flamenco lo disfrutaba a nivel emocional, pero cuando me he metido a trabajarlo, a nivel de rítmica o de tímbrica te abre una paleta infinita de posibilidades para trabajar con el ordenador».

Ninguno de los dos tenía claro a dónde llegarían en la búsqueda. «No íbamos a por algo en concreto,», explica Bronquio. La pandemia les dio tiempo para poder desarrollarlo. «Nos ha permitido aprender mutuamente», finaliza.

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