Dick Pound (Canadá, 78 años), antiguo nadador olímpico en Roma 1960, primer presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y exvicepresidente del COI (Comité Olímpico Internacional), no es una persona que se muerda la lengua. Hace un año fue el primero que habló de un aplazamiento de Tokio-2020 cuando ya empezaba a verse que el coronavirus había desembocado en pandemia mundial. Entonces otros dirigentes o exdirigentes del COI lanzaban balones fuera. Pero él, desde el primer día, insistió: los Juegos no iban a celebrarse el verano pasado en las fechas designadas.

Y ahora ha sido el primero en decir que la cita olímpica se hará en 2021 «o nunca». Y su declaración llega mientras crece la controversia y el diario británico The Times afirma, citando una fuente de la coalición gubernamental nipona, que los Juegos se cancelarán y se desplazarán a 2032, lo que provocó la semana pasada de forma inmediata una contundente respuesta en contra de las máximas autoridades de Tokio. «Estoy decidido a organizar los Juegos mientras el COI y Japón colaboremos estrechamente», según las palabras pronunciadas, como respuesta al periódico londinense, por el primer ministro nipón, Yoshihide Suga, en la Cámara Alta del Parlamento japonés.

Ni el COI ni Japón, por ahora, se plantean un nuevo aplazamiento; entre otras cosas porque en 2022 están programados los Juegos de invierno. Y el primero en plantear abiertamente unos Juegos distintos y sin la esencia, sin la salsa, del público no ha sido otro que Pound. En esta vía trabajan ahora los responsables de la cita olímpica veraniega.

Si se ha disputado una Champions a puerta cerrada, si no ha habido espectadores ni en las gradas de los circuitos, ni en las metas del Tour, y solo unos pocos aficionados sentados en Roland Garros, cuando parecía que remitía la crisis sanitaria, ya no resulta extraño que si se celebra la próxima cita olímpica (del 23 de julio al 8 de agosto) se haga con todos los escenarios vacíos y con los 11.000 atletas participantes viviendo en una burbuja que los aislará del mundo exterior.

Imagen de la ciudad de Tokio con el estadio olímpico en el primer plano. | REUTERS

Las medidas restrictivas

Por eso cobra especial importancia otro comentario de Pound: «Es bonito tener espectadores, pero no imprescindible». ¿El veto del público será la única medida? Porque ya son muchas las voces que abogan por la cancelación, estimuladas ayer por el diario The Times, incluso con su tibio desmentido posterior.

Japón está en alerta por el covid 19. Hay varios departamentos, entre ellos el de Tokio, en estado de emergencia. Pero el temor se orienta más hacia un contagio que llegue del exterior que a las propias cifras de la infección en territorio japonés, preocupantes, sí, pero alejadas de los dramáticos números que azotan a Europa. En Japón el máximo diario de infecciones no ha superado este mes las 2.500 diarias.

Por ahora, las restricciones previstas solo afectan a los deportistas. Se quiere evitar que haya una villa olímpica excesivamente masificada. Los atletas participantes deberán realizar una minicuarentena de cinco días antes de competir y tendrán que abandonar Japón, como máximo a las 48 horas de acabar la participación. Ni podrán quedarse en el país de turismo ni tampoco salir de la villa olímpica, al margen del entrenamiento o la competición. Por si fuera poco, deberán someterse cada tres o cinco días a pruebas PCR, con habituales tomas de temperatura y sin que, por ahora, esté programada, por las dificultades actuales que implica la falta de dosis a nivel mundial, la vacunación masiva de todos los participantes. «Haremos los Juegos pero tomando las medidas sanitarias necesarias», reiteró ayer Seiko Hashimoto, ministra encargada del certamen, en declaraciones recogidas por Reuters.

«Los Juegos no se cancelarán, pero serán diferentes», advierte Sebastian Coe, exestrella atlética y presidente de la World Athletics, con optimismo, quizás incluso más que el Gobierno de Tokio, preocupado después de que se haya hecho pública una encuesta, según la cual el 80% de los japoneses está a favor de que se cancele la cita olímpica. «Los Juegos deben ser la prueba de una victoria de la humanidad ante el covid», declaró Suga.

El coste económico

Y eso a pesar del sobrecoste que el aplazamiento ha supuesto para la organización: nada menos que 2.700 millones de dólares extras para alcanzar un presupuesto de 13.000 millones, aunque diversas fuentes todavía aumentan mucho más la cifra.

El COI no quiere ni oír hablar de cancelación alguna. «No hay ningún motivo para creer que los Juegos no se vayan a inaugurar el 23 de julio en el estadio olímpico de Tokio. Estamos comprometidos a que sean unos Juegos exitosos y seguros. No hay plan b», declaró hace unos días Thomas Bach, presidente del organismo. «Somos inflexibles. Los Juegos se harán», reiteró Toshiro Muto, director general de los Juegos. Al COI, la cancelación le supondría pérdidas millonarias en derechos de televisión por valor de 1.300 millones de dólares.

Pero las dudas sobre la cita olímpica llegan de todas partes. «Es improbable que se celebren. Yo, si estuviera en la piel de los organizadores, empezaría a idear un plan para la cancelación, aunque esperaría hasta el último momento», advirtió Keith Mills, vicepresidente del comité organizador de Londres 2012.