Como todo el territorio nacional, la provincia de Málaga se encuentra sumida en el desarrollo de la cuarta ola de la Covid-19. La fatiga pandémica es un hecho, la sensación de déjà vu cala cada vez más hondo con el paso de cada onda epidémica pero, en esta ocasión, hay algunos datos que invitan al optimismo. Todos ellos, por cierto, con un denominador común: vacunas.

Hasta ahora, 392.890 malagueños han recibido el antídoto de Pfizer, Moderna o AstraZeneca. De ellos, 102.162 ya tienen las dos inoculaciones por lo que ya han alcanzado la inmunidad o están a pocos días de conseguirla.

En ese 23,3% de población que ya ha sido vacunada (el 6% está inmunizada) están los usuarios de residencias de ancianos y centros sociosanitarios, los profesionales en primera línea (sanitarios, celadores, farmacéuticos, policía, bomberos, profesores...), los ancianos mayores de 80 años y ahora los nacidos a partir de 1941 y aquellos ciudadanos vulnerables a causa de ciertas patologías como pacientes oncológicos o con trasplantes.

Por tanto, la población más sensible al virus está protegida con la vacuna o será citada en breves. Este blindaje supone un amortiguador importante para los hospitales que, en esta ola, no están recibiendo el tsunami de ingresos de pacientes contagiados que tuvieron que afrontar en la tercera ola.

Dos semanas después de la Semana Santa, los hospitales de Málaga mantienen ingresados a 156 pacientes (34 en UCI), con una presión hospitalaria que continúa estable con ciertas oscilaciones entre los ingresos y las altas.

Por otro lado, la incidencia acumulada a 14 días es de 141,8 casos por cada 100.000 habitantes, con los datos actualizados hasta ayer, lo que supone que el riesgo de transmisión del virus, ahora en nivel «medio», se acerca al nivel «alto».

De manera que el avance de la cuarta ola es claro pero lo hace a un ritmo mucho más lento y suave que en la etapa postnavideña. De hecho, si se compara el crecimiento de la incidencia acumulada en los primeros 14 días de ambas ondas epidémicas se extrae que el crecimiento de la presencia del virus ahora es 6,5 veces más lento que en la tercera ola:

Desde Año Nuevo (131,67 casos) hasta el 14 de enero (425,99 casos) se incrementó en 294,32 casos mientras que desde el 5 de abril, posterior al Domingo de Resurrección (93,89 casos), hasta ayer (141,8) -el domingo no hubo datos, el aumento fue de 47,91 casos.

En esta cuarta no ha ocurrido, hasta el momento, un gran estallido de contagios y, de los que se contagian, un porcentaje mucho menor acaba requiriendo la hospitalización.

Enero explosivo

Si se echa la vista atrás, hasta principios de enero, la situación era muy diferente. Dos semanas después de las fiestas navideñas (contando desde Nochebuena hasta Nochevieja), la provincia notificaba 540 hospitalizados (50 en UCI), con los datos del 18 de enero, y los ingresos aumentaban en más de una treintena de nuevos pacientes diarios. Entonces la campaña de vacunación no había cumplido ni un mes, tras arrancar el 27 de diciembre.

La escala de ingresos en Málaga avanzaba así: 583 pacientes (19 de enero), 628 (20 de enero), 638 (21 de enero), 701 (22 de enero), 744 (23 de enero), 785 (24 de enero), según los datos ofrecidos por la Consejería de Salud y Familias.

Y en esa abrupta tendencia ascendente se mantuvo durante todo el mes hasta notificar el 2 de febrero 1.010 ingresados contagiados, de los que 114 estaban en las Unidades de Cuidados Intensivos.

El auge de los contagios propulsó la tasa de incidencia acumulada, que solo en una semana (del 18 al 24 de enero) aumentó desde los 661,9 casos a los 951,2 casos por cada 100.000 habitantes, que casi cuadruplicaba el umbral de riesgo «extremo» de contagios.

Además del impacto de las vacunas, hay que tener en cuenta las diferencias entre los dos períodos festivos que precedieron a las dos últimas olas de la Covid-19.

En el caso de la Navidad, por la propia tradición cultural de estas fiestas así como por el frío clima invernal, la población se reunió en los domicilios, donde las autoridades sanitarias permitieron la asistencia de hasta 10 personas.

En el caso de la Semana Santa, las reuniones en domicilios se limitaron a los convivientes y en espacios públicos estableció un máximo de seis personas en exteriores y cuatro en interiores, como ocurre actualmente.

De manera que, aunque esta semana provocó un aumento de la movilidad dentro de la propia provincia, sus efectos están siendo mucho menos dañinos que los derivados de la Navidad.

La capital roza el riesgo «alto» de transmisión del virus

La tasa de incidencia acumulada a 14 días de la capital malagueña se sitúa en 141,8 casos por cada 100.000 habitantes, después de un incremento de casi 12 puntos desde el viernes pasado, cuando estaba en 130,3. Esto supone que el riesgo de transmisión del virus se mantiene en nivel «medio» aunque se acerca ya al riesgo «alto», que empieza a considerarse a partir de un umbral de 150 casos por cada 100.000 habitantes según el semáforo de Sanidad.