Fue Manuel Azaña, cuando ocupaba la premonitoria cartera de Guerra, quien durante la II República puso la primera piedra de la actual Base Militar de El Goloso, en Madrid.

Como los tiempos cambian, la extensa base incluye desde diciembre del año pasado una moderna escuela infantil para atender a los hijos del personal de la base. El centro ofrece 84 plazas para niños hasta los 3 años, así que es una de los más grandes de la red del Ministerio de Defensa, que cuenta en total con 1.300 plazas infantiles entre los tres Ejércitos, además del propio ministerio y hasta la Guardia Real.

Gracias a Enrique Benítez, atento colaborador de este periódico, esta sección conoce que el pasado 29 de julio el Ministerio de Defensa publicó en su boletín oficial que la nueva escuela infantil pasará a llamarse ‘Bernardo de Gálvez’.

La escueta resolución está acompañada por una extensa semblanza de dos páginas sobre este malagueño de Macharaviaya, en la que además de desgranar sus logros militares se subraya su papel como gobernante, al fomentar el establecimiento de nuevas poblaciones en los inmensos territorios de La Luisiana, el fomento de las buenas relaciones con las tribus indígenas de la zona y su papel de «eslabón fundamental para resolver los diferentes desencuentros políticos entre España, Inglaterra y Norteamérica».

Puede parecer anecdótica esta nueva denominación pero no lo es. Se trata de un paso más en el creciente reconocimiento nacional e internacional de don Bernardo, que en pocos años ha pasado de ser una (medianamente conocida) gloria local a un personaje importante de la Historia de España y de la América española.

Y siempre es bueno recordar que el mayor mérito del redescubrimiento y revalorización del personaje recae en la malagueña Asociación Cultural Bernardo de Gálvez, que ha conseguido que nuestro paisano sea declarado Ciudadano Honorario de Estados Unidos y que su retrato cuelgue en el Capitolio de Washington, y todo ello pese al escaso interés de algunos diplomáticos de tercera regional.

Cartel

Un escueto cartel junto a la iglesia de San Lázaro, pegado en una farola, lanza estos días el siguiente mensaje: «Vendo La Victoria. 137.000 euros». Desde la compra de Alaska por los americanos, nunca estuvo tan barato el lote de tierra, en este caso para hacerse con todo un barrio de Málaga. De todas formas pregunten, no vaya a ser un piso.