Como en cualquier otra gran ciudad, la pandemia sacó la prostitución de las calles y locales de alterne de Málaga y la empujó a los pisos convencionales. En ese renacer de las casas de citas, José, un malagueño de 44 años con medio centenar de antecedentes (pequeños atracos, robos con fuerza, amenazas...), vio un filón en la explotación sexual durante las fases más duras del confinamiento y la desescalada en viviendas particulares, donde la ausencia de inspecciones dan alas a la impunidad. El calvo, el obvio apodo por el que le conocen en su entorno y que da nombre a la investigación, centró su búsqueda entre mujeres con mayor vulnerabilidad, sobre todo extranjeras en situación irregular, pero también españolas al borde del abismo social. Preguntaba entre los suyos, ponía anzuelos laborales en páginas de internet e incluso hacía ofertas a las chicas de las casas de citas que él frecuentaba. «Les ofrecía mejores condiciones y las convencía, pero luego no cumplía», asegura uno de los inspectores del Grupo III de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de Málaga que ha llevado el caso.

El proyecto del Calvo se consolidó en una gran vivienda próxima a la Caja Blanca, en el distrito Teatinos-Universidad, donde se instaló con media decena de mujeres con las que compartía mucho más que el espacio. Dirigió el negocio a su antojo hasta que en junio del año pasado una de ellas lo denunció en sede policial por lesiones. El testimonio de esta víctima y una segunda que lo acusó poco después por impedirle salir de la casa permitió a los investigadores conocer las condiciones en las que eran explotadas. Hacían frente a jornadas infernales de prostitución e incluso eran coaccionadas para que consumieran drogas que les ayudaran a aguantar. Un cliente, un mundo. «Unos estaban un rato y otros, hasta diez horas», apunta otro inspector antes de añadir que en esa casa no se pagaba menos de 100 euros por 60 minutos, consumiciones aparte. A algunos los sableaba de más, ya que el grupo también está acusado de vender drogas y cobrar cargos abusivos o no autorizados en las tarjetas de crédito de los parroquianos que iban muy pasados de rosca.

Las pesquisas señalan que José también se aprovechaba de la sumisión química con las chicas. Las drogas hacían que a veces perdieran la noción del tiempo y les pagaba menos de lo trabajado, pero no siempre colaba. Cuando alguna reclamaba, el rufián sacaba el lado más macarra de un macarra y lo arreglaba todo con golpes y amenazas. Es un tipo que echa para atrás, intimidante, razón por la que quizás los vecinos de la casa no se han mostrado demasiado colaboradores durante la investigación.

Los policías se enfrentaron a vigilancias y seguimientos complicados. Como un vampiro, El calvo vive de noche y descansa de día. Y frente a las penurias de sus víctimas, vestía ropa cara y se movía por la ciudad en un Mercedes ML o en una moto BMW de alta gama. Sobre todo alternaba en Portada Alta y el Centro y no se privaba de cualquiera de los vicios que la noche le ofrecía.

El esfuerzo policial destapó la importante red de colaboradores que había tejido a su alrededor para mantener vivo el negocio. Entre ellos destaca uno de sus lugartenientes, que se encargaba de conseguirle la droga que luego vendía en la casa. Este miembro la conseguía en un desguace de unos familiares que resultó ser más un punto de venta de estupefacientes que una empresa. Con todos los cabos atados, los agentes culminaron la operación con la liberación de cinco mujeres y la detención de 14 personas, entre ellos el líder del grupo, que fue directamente a prisión.

Apenas un año después, la Policía Local de Málaga sorprendió a dos chicas en una calle de la capital incumpliendo el toque de queda. Los agentes dedujeron rápidamente que se trataba de un servicio de prostitución a domicilio y encendieron todas las alarmas al identificar a una de ellas como una menor de 15 años. Con todas las herramientas activadas para proteger a la adolescente, la UCRIF retomó el caso y los agentes no dieron crédito cuando las primeras gestiones les llevaron de nuevo hasta El calvo. No sólo había salido de prisión, sino que había vuelto a por todas. Buscó nuevos colaboradores, incluso conductores para que llevaran a las mujeres a las casas de los clientes, y consiguió que uno de sus colegas convenciera a su pareja sentimental para que la hija adolescente de esta se prostituyera. Ni siquiera cambió de casa. Mantuvo la de Teatinos y amplió la infraestructura con un piso en las inmediaciones de El Corte Inglés. En esta ocasión, la Policía Nacional arrestó a 13 personas (El calvo y sus principales colaboradores ingresaron en prisión) y liberó a 9 mujeres, mientras que los registros de ambas fases, incluidas las viviendas y el desguace, sumaron 173,96 gramos de cocaína, 211 de hachís, 5,58 de marihuana, además de un machete, una pistola simulada y una táser.

Teléfono de denuncia: 900 105 090

La Policía Nacional cuenta con esta línea telefónica y el correo trata@policia.es para facilitar la colaboración ciudadana y la denuncia, anónima y confidencial, de este tipo de delitos.


Los investigadores piden que la nueva ley sea más clara y dura

El reciente anuncio del presidente del Gobierno de crear durante esta legislatura una ley integral para la abolición de la prostitución en España ha sido muy bien recibido entre los agentes especializados en la lucha contra la trata de seres humanos, actividad que es conocida como la esclavitud del siglo XXI. Los agentes de la UCRIF consultados esperan que de una vez por todas se legisle con claridad y que esto suponga penas importantes tanto para los proxenetas como para los clientes, ya que la actual legislación «está en el limbo»..