“Caí en un pozo sin salida. Viví situaciones muy malas que creo que son difíciles de entender por la gente que piensa que lo tenemos todo. Fue muy difícil, pero salió todo bien gracias a varios especialistas. Salí muy reforzado de ahí”. Así hablaba Andrés Iniesta sobre la depresión que sufrió en 2009. "Voy a un lugar maravilloso: al psiquiatra”. Con estas palabras, el cantante Dani Martín evidenciaba y, sobre todo, normalizaba la importancia de cuidarse a todos los niveles.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha calificado como otra “pandemia silenciosa”. Mientras el mundo se concentra en controlar la covid-19, la depresión avanza en las capas de la población, sometidas durante los últimos dos años a restricciones y a una constante preocupación. El 13 de enero se celebraba el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión en el que se intenta dar visibilidad a esta realidad todavía oculta.

La depresión es una enfermedad más común de lo que puede creerse. Según los datos del INE, en 2020 el 12,74% de la población española de 15 años en adelante presentaba sintomatología depresiva en distinta gravedad, asegura María Magdalena Hurtado, psicóloga clínica del hospital Regional Universitario de Málaga. Andalucía es la comunidad con más población afectada, más de 616.000 personas padecen depresión. “En un estudio conjunto de varias universidades incluida la de Málaga se ha puesto de manifiesto que 3 de cada 4 personas han padecido ansiedad y, en la misma proporción, depresión y que una de cada 4 personas ha sufrido ataques de pánico durante el periodo de confinamiento”, afirma Carmen de la Torre, orientadora del Teléfono de la Esperanza.

Los episodios depresivos pueden ser leves, moderados o graves, dependiendo de su duración y de su sintomatología. Las causas son tan variadas como complejas e incluyen factores psicológicos, biológicos y sociales. A pesar de que se suele ver como una condición exclusivamente anímica, de la Torre asegura que hay personas con mayor vulnerabilidad biológica a padecer depresión. Se estima que un tercio del riesgo es atribuible a la herencia genética y dos tercios a factores ambientales. Existen también acontecimientos vitales estresantes que pueden causar la depresión como: la perdida de un ser querido, problemas laborales, problemas económicos, rupturas sentimentales, enfermedades propias o de familiares.

El síntoma más conocido de la depresión es el bajo ánimo bajo o tristeza. De hecho, coloquialmente, la expresión “estoy depre” se utiliza para expresar tristeza y desgana. Sin embargo, la depresión clínica, como trastorno, implica otro tipo de síntomas como, por ejemplo, ciertas alteraciones en las funciones fisiológicas, señala Hurtado. Entre otros, destacan la dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño; cansancio y falta de energía; sentimientos de inutilidad, odio a si mismo y culpa; dificultades de atención y concentración, de memoria, de toma de decisiones y planificación; inactividad y retraimiento de las actividades de la vida cotidiana; sentimientos de desesperanza o abandono, y pensamientos repetitivos de muerte o suicidio. No todas las personas tienen los mismos síntomas, sino que es un trastorno bastante heterogéneo.

“Estos síntomas provocan un estado en el que la persona se ve incapacitada para sobrellevar y afrontar los retos de la vida diaria tanto a nivel emocional como laboral y repercutiendo en su entorno más cercano tanto familiar como social”, declara de la Torre. Sin embargo, Hurtado detalla que la forma en la que la depresión afecte a la vida de una persona dependerá de su gravedad y de cómo cada persona afronte la situación. “Hay muchas personas diagnosticadas de depresión que tienen un funcionamiento adecuado en su vida”, asegura.

La depresión es el doble de frecuente en el sexo femenino que en el masculino. Las mujeres la sufren con más frecuencia en un 4,55% de los casos frente al 2,46% de los hombres. “Pensamos que estas diferencias pueden deberse a que las mujeres tengan más facilidad para hablar sobre cuestiones emocionales. Eso de que los hombres no lloran puede ser una barrera importante a la hora de que estos pidan ayuda por problemas de ánimo”, apunta Hurtado. Asimismo, hay segmentos de población especialmente vulnerables como son los mayores o jóvenes que están expuestos a conductas antisociales, afirma la orientadora del Teléfono de la Esperanza.

El estigma es el principal obstáculo para la atención de las personas con trastornos mentales, según un estudio de la Comisión Europea. Muchas de estos prejuicios impiden a los afectados acceder a un diagnóstico y tratamiento adecuados. Un alto número de pacientes con síntomas depresivos no buscan tratamiento porque creen que la ayuda no servirá y no tiene solución o que es algo normal después de un acontecimiento traumático en la vida. “Por ello es muy importante que la ciudadanía en general, los trabajadores de la educación y todos aquellos que tengan a su cargo a grupos de población tengan los conocimientos básicos acerca de la existencia de este problema para que a la menor brevedad sean derivados a los servicios médicos o psicológicos”, asegura de la Torre.

La depresión en la pandemia

Los problemas de salud mental se han agravado por culpa de la pandemia. La perdida de seres queridos, el aislamiento, la pérdida de empleo o el temor a perderlo, las restricciones a la movilidad, la incertidumbre, el miedo al contagio son algunas de las múltiples causas que ha favorecido el aumento de este trastorno.

El Consejo General de la Psicología de España en su estudio “Malestar psicológico derivado de la covid-19 en la segunda ola” pone de manifiesto que uno de cada cuatro españoles presenta síntomas relacionados con la depresión grave o moderada por la covid-19. Hurtado afirma que las consultas por dificultades emocionales se han incrementado notablemente, alrededor de un 20%. “Concretamente lo que más ha aumentado son las consultas por ansiedad y depresión, que en muchos casos se dan conjuntamente”, asegura.

De igual modo, María Magdalena Hurtado asegura que la pandemia no solo ha provocado que personas sin patología mental previa consulten por dificultades emocionales, sino que también ha contribuido a agravar la sintomatología de personas que ya tenían un diagnóstico previo.

Un sistema público de salud desbordado

La pandemia ha incrementado el número de casos de depresión y su detección y tratamiento posterior han recaído sobre un sistema sanitario desbordado y polarizado hacia el tratamiento de las personas infectadas y con las estructuras sociales de apoyo a este problema con limitaciones de movilidad y, por tanto, de acceso a las mismas. Carmen de la Torre subraya la importancia de tener una Asistencia Primaria fuerte y bien formada en esta materia porque “es este el primer filtro para la identificación precoz de los posibles casos”. Se estima que alrededor del 50% de los pacientes con depresión no llega a ser tratado correctamente y que al menos un 30% de las personas afectadas no han sido diagnosticadas, detalla de la Torre.

Las largas listas de espera para una consulta con el psicólogo siguen siendo uno de los principales problemas en los países que cubren este tipo de tratamiento. Hurtado apunta que la atención psicológica individual es cada vez más infrecuente porque, dada la creciente cantidad de personas en seguimiento en los servicios de salud mental, las citas se van espaciando progresivamente. “Actualmente, la mayoría de los pacientes que requieren seguimiento individual podrán ser atendidos una media hora cada dos meses. Estamos hablando de unos tiempos que son incompatibles con cualquier terapia reglada”, afirma. En su lugar se realizan terapias grupales regladas para la depresión que son más eficiente y tienen buenos resultados. Para recibir este tipo de terapia en nuestra unidad se tiene que esperar de 6 a 8 meses, asegura Hurtado.

La psicología no es una rama prioritaria dentro de los sistemas públicos de salud europeos, ni en recursos ni en personal. “Al no dotar de plazas suficientes de personal cualificado, psiquiatras, psicólogos y enfermeras especializadas, existe carencia de ese personal que pueda atender a las personas con este trastorno”, cuenta de la Torre. En 2018, España no llegaba, en los centros sanitarios públicos, a 6 psicólogos clínicos por cada 100.00 habitantes, mientras que la media europea estaba en torno a 18. En Andalucía esa cifra se reduce contando con tan solo 3 psicólogos por cada 100.000 habitantes.

La escasez de psicólogos clínicos en los servicios públicos y las largas listas de espera para recibir tratamiento hace que el recurso más disponible y utilizado para el abordaje de la depresión sea el farmacológico, afirma Hurtado.

Un plan insuficiente

Pedro Sánchez anunció el 9 de octubre del año pasado un plan de salud mental dotado con 100 millones de euros hasta 2024. El plan de acción del Gobierno propone mejorar la atención de la salud mental, tanto hospitalaria como primaria, lo que irá acompañado de una mejor formación sanitaria especializada y en formación continua. Para ello, se incorporará la especialidad de Psiquiatría Infantil y Adolescencia en la próxima convocatoria de formación sanitaria especializada. El plan de acción también tiene como objetivo luchar contra el estigma de las personas con algún problema de salud mental, para lo cual el Ejecutivo hará “una importante campaña de sensibilización”, aseguró Sánchez.

Hurtado asegura que el plan del Gobierno es una buena noticia pero solo como un primer paso insuficiente para paliar las carencias del sistema. “Los recursos disponibles para la salud mental han sido tan limitados durante tantos años que ahora partimos de una situación con muchas carencias y estamos viviendo un incremento de la demanda bastante acusado. Es verdad que desde principios del año pasado hemos notado un ligero incremento de personal especializado en los servicios de salud mental y este año va a seguir incrementándose”, afirma la psicóloga clínica. La Asociación Nacional de Psicólogos clínicos y Residentes (Anpir) ve positivo que se presente un plan y que cuente con dotación económica. “Ellos piden 6000 plazas de psicólogos clínicos en el Sistema Nacional de Salud y con ese presupuesto de 100 millones para tres años daría para 2000 plazas en un año”, declara de la Torre.