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La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

Un aparcamiento ‘inclinado’ en Jardín de Málaga

Con el freno de mano bien puesto, en el agreste aparcamiento entre las calles Borde Alegre y Marqués de Mantua los conductores se la juegan

Una vista del aparcamiento, hace unos días. A.V.

Como muchos saben y pese a nuestra quijotesca meseta, España se encuentra entre los países más montañosos de Europa y si hablamos de provincias, después de Asturias el segundo puesto es para Málaga, como bien nos descubría el desaparecido y añorado Aula Museo de Geología de La Trinidad.

La particularidad de nuestro relieve ya la encontramos en buena parte de nuestros barrios, emplazados en colinas y con muchas de sus calles convertidas en un continuo reto para el alpinista, como ocurre en Mangas Verdes o el Cerrado de Calderón, por poner dos ejemplos.

En realidad, en buen parte del Distrito de Ciudad Jardín nos encontramos con vecinos con buenas piernas, fruto de toda una vida ejerciéndolas cuesta arriba y cuesta abajo.

En Jardín de Málaga, por ejemplo, los caprichos del terreno ni siquiera achantan a los conductores más osados, capaces de dejar su medio de transporte en pleno campo, en lo alto de una pronunciada cuesta y al albur de que caiga ‘la del pulpo’ y todo lo que suba tenga que bajar en chorraera, incluido su coche a plazos.

Este fenómeno nos lo encontramos en un popular aparcamiento próximo a la Alegría de la Huerta, entre las calles Borde Alegre y Marqués de Mantua.

En realidad, se trata del descampado junto a la parroquia del barrio, la iglesia de San Juan de Dios; un terreno que parece una maqueta a escala de las primeras estribaciones del Himalaya, por la gran depresión que luce.

Otra vista de la zona, con el barrio al fondo. A.V.

Como curiosidad, en el plano del BIC de la Consejería de Cultura el Acueducto de San Telmo pasa a escasos metros, aunque pega un requiebro a la derecha y baja de forma paralela a la calle Marqués de Mantua.

Trazado del Acueducto de San Telmo por la zona. Junta de Andalucía

Que este terrizo escabroso sea un aparcamiento a cielo abierto no sólo retrata la capacidad de adaptación del ser humano, también evidencia que una plaza de aparcamiento, en algunos barrios de Málaga sigue siendo tan preciada como el oxígeno.

Pero como los descampados son también lugares de asueto, este quebrado espacio de Jardín de Málaga se ha convertido en el paseo favorito de cientos de dueños de perros, de tal forma que, con paciencia cartujana, con el ir y venir de las mascotas han trazado un senda que culebrea jalonada de cacas. De hecho, el que busque oxígeno -además de una plaza de aparcamiento- debería olvidarse de respirar en algunos tramos del paseo, tal es el olor a abono canino.

Es este un espacio de difícil solución por su puñetera orografía. Quizás la solución más natural sería transformarlo en un rocódromo. Y a seguir trepando.

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