12 de diciembre de 2018
12.12.2018
Al azar

Los Oscar exigen un presentador sin gracia

12.12.2018 | 05:00

La revolución de las redes sociales ha servido para expulsar al presentador de la gala de los Oscars, y luego dirán que la digitalización no tendría consecuencias radicales. El humorista negro (es una precisión relevante) Kevin Hart ha pagado tuits homófobos con años de antigüedad. Purga comentarios sin gracia sobre su reacción si viera a su hijo jugando con una casa de muñecas. Vuelve a cumplirse la maldición de los conductores de la ceremonia.

Es decir, la Academia elige a un presentador irreverente y deslenguado para remontar las escuálidas audiencias de la ceremonia. A continuación, lo expulsa preventivamente de la gala por irreverente y deslenguado. Este problema planetario se acentúa en Estados Unidos, porque los chistes homófobos de Hart serían rechazados en La que se avecina por falta de mordiente.

Hollywood está dispuesto a cualquier artimaña, con tal de desviar la atención de las películas candidatas. Y si la realidad próxima no invita a presumir de libertad de expresión, en Estados Unidos se han instalado prácticas inquisitoriales. Los ensayistas más atrevidos ya advierten que la sobreprotección de los estudiantes universitarios alcanza extremos patológicos, como en La degradación de la mente americana.

El mundo necesita gente desagradable porque la realidad no siempre es agradable, y los materiales de limpieza destacan por su corrosividad. Además, la multiplicación de sectores a agraviar provoca colisiones cómicas de damnificados. Quienes atribuyeron comportamientos machistas a Morgan Freeman, fueron culpados de racismo al descubrirse la manipulación de datos.

El resbaladizo juego de las acusaciones cruzadas también ha alcanzado a la dimisión de Hart. Sus defensores enarbolan de nuevo el estandarte de que ha sido víctima del racismo. Recuerdan en su defensa que Mel Gibson fue nominado a la estatuilla a mejor director por la fenomenal Hasta el último hombre, pese a su acreditada trayectoria homófoba. De nuevo, quedaría exento de represalias por su pertenencia a la raza blanca.

De ofensa en ofensa, las redes sociales han menguado hasta lo inapreciable el número de candidatos a cualquier puesto con exigencias morales. A fin de evitar el colapso, convendría aplicar la prescripción a las redes sociales y anular los tuits a los cinco años de su emisión, para quienes no hayan tomado la precaución de apuntarse a snapchat. En cuanto a los Oscars, exigen un presentador sin gracia para que esté a la altura de la ceremonia.

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