El incendio de Sierra Bermeja asombró al país por su enorme virulencia y la tremenda dificultad para ser extinguido. Juan Sánchez Ruiz coordinó los equipos y el operativo para sofocar un incendio que ya ha pasado a la historia negra de nuestra Comunidad.

¿Qué supone para el COR del Plan Infoca recibir este premio Sociedad que les concede La Opinión de Málaga?

Este premio constituye un reconocimiento al esfuerzo de todo el personal del Infoca. Un esfuerzo de los recursos posicionados en toda Andalucía, que se movilizan allí donde hacen falta en cada momento, sin importar las distancias. Todo esto es posible gracias a la operatividad y el carácter regional del Infoca.

El incendio de Sierra Bermeja ¿ha sido el mayor reto al que se han enfrentado en sus carreras profesionales?

Los grandes incendios en la región han sido varios en los últimos años. Además, estuvimos destacados en los devastadores siniestros de Portugal en el verano de 2017. Sin embargo, por su duración, variación de vientos, dificultad de transitabilidad, faltas de acceso, además de por la desgraciada muerte de nuestro compañero Carlos Martínez, este incendio puede considerarse como un reto mayúsculo en todos los sentidos.

En qué han cambiado los incendios? Cada vez son más voraces y más mortíferos.

Los incendios necesitan oxígeno y combustible para crecer. El viento, la baja humedad y la acumulación de vegetación son la receta perfecta para un gran incendio. Si a ello le sumamos la falta de accesos, la uniformidad del paisaje, sin cultivos intercalares ni cambios de especie que rompan la continuidad de la vegetación, y las condiciones meteorológicas extremas, tenemos un cóctel explosivo. El abandono de la agricultura y ganadería de montaña es algo que no nos podemos permitir..

¿Ha servido este siniestro para poner encima del tapete la presunta debilidad en los medios y recursos para afrontar este tipo de incendios? ¿Ha servido para remover conciencias políticas y destinar más dinero en la lucha contra incendios o cree que se destinan los medios necesarios?

Creo que hemos sido muy claros con esto. La sociedad ha entendido que cuando la naturaleza se expresa con esta virulencia, nosotros solo podemos minimizar los daños. Seguimos defendiendo que el actual operativo contraincendios, con ligeras mejoras, es el que necesita Andalucía. No se trata de disponer de más personal. En este incendio podríamos haber contado con más recursos humanos y materiales, pero nos estábamos enfrentando a un problema de organización estratégica y táctica, no a la falta de recursos. Los servicios de extinción no podemos arreglar el problema que está generando la ausencia de Política Forestal. Nos hemos empeñado en conservar los montes como si fuesen el escenario de un teatro, que tenemos que mantener como están, lo que va contra toda la ciencia de la ecología. Las condiciones están cambiando y los montes deben hacerlo también. Y si no gestionamos ese cambio, la naturaleza lo hará por nosotros, con incendios, enfermedades, plagas, etc. Necesitamos adecuar nuestros operativos a una realidad cambiante, con entrenamiento y gestión del conocimiento y, sobre todo, gestionando el paisaje mediante la creación de discontinuidades en la vegetación y usando los montes. El futuro en la extinción de incendios pasa por buscar oportunidades y realizar operaciones quirúrgicas. Hace tiempo que los militares saben que las batallas las ganan no los ejércitos más numerosos, sino los mejor preparados y los que tienen equipos especializados en funciones concretas.

¿Por qué España es uno de los países de la UE donde se declaran más siniestros?

La razón es nuestro clima con veranos secos y cálidos. Esto ocurre en los países de todo el mundo con características meteorológicas similares, pero también en aquellas zonas donde el viento, la vegetación y los periodos secos son importantes: la sabana, la taiga, los climas oceánicos de veranos secos (noroeste de España), etc.

En más del 90% de los incendios está detrás el hombre. Desde su punto de vista, ¿habría que endurecer las penas a los que los provocan ?

Creo que el endurecimiento de la penas no serviría para aminorar el problema. Hay que recordar que por el delito de incendio una persona puede llegar a tener una pena de hasta 20 años de cárcel. El problema real es la dificultad de establecer una prueba cierta en un sistema judicial garantista como el nuestro. Generalmente son indicios los que determinan la causa de imputación. Difícilmente hay pruebas en los casos intencionados, que son los que más daño producen. El esfuerzo en la investigación quizás sea una de las mejores inversiones de futuro.

¿Qué tanto por ciento otorgan al cambio climático que está experimentando nuestro planeta en el origen de los incendios?

El calentamiento global es algo que podemos percibir año tras año en nuestras latitudes. Si comparamos los datos de pluviometría anual con los de las décadas de los 50 o 60 del siglo pasado, cuando se repobló un gran cantidad de montes de nuestra geografía, han bajado en algunos casos a casi a la mitad. En la actualidad, el volumen de lluvias es de un 60% respecto a las décadas anteriormente señaladas. Esto hace que nuestros montes estén en una situación de estrés hídrico casi permanente, lo que favorece el incendio. Y este cambio en el clima favorece los episodios extremos de humedad y/o viento, que sumados al abandono del medio rural, tienen como consecuencia este tipo de incendios.

¿Hay que mejorar la gestión forestal de las CCAA y los planes preventivos para reducir el número de siniestros?

Hay que hacer gestión forestal desde las CCAA, el Estado y Europa. Los montes son unas de las infraestructuras más importantes que tenemos. Nos dan el aire y el agua. Nos aportan multitud de servicios que si no existiesen difícilmente podríamos obtener. Si los montes no están gestionados producirán incendios. Esta es la forma que tiene la naturaleza de eliminar el exceso de vegetación de un territorio que ya no puede soportarla. La mejor prevención es usar los montes. Es sacar madera y biomasa para fijar ese carbono en la construcción y secuestrar CO2 de nuestra atmósfera. Tenemos que utilizar recursos renovables y dejar de lado los procedentes de combustibles fósiles. Usar tableros, papel, biomasa…, siempre procedentes de aprovechamientos sostenibles y preferentemente de montes andaluces, es la mejor forma de contribuir a la prevención de incendios forestales.

¿Hay que trabajar de forma más coordinada entre administraciones y erradicar la estacionalidad, es decir, prolongar las medidas contraincendios a lo largo de todo el año y no circunscribirlo a la época estival, como se sigue haciendo todavía en muchos municipios?

El cambio climático está haciendo que nuestra época de peligro alto cada vez dure más. Primero era de tres meses, luego fue de cuatro y medio y auguramos que en breve será de al menos seis meses en muchas zonas de Andalucía. La coordinación es fundamental, pero lo más importante es que cada cual trabaje sus competencias al máximo. Los ayuntamientos tienen que ordenar su urbanismo y aprobar los planes de autoprotección para minimizar los daños que los posibles incendios puedan ocasionar en personas y bienes de naturaleza no forestal. Esas urbanizaciones junto, o incluso dentro del bosque, son una bomba de relojería que necesita medidas de autoprotección. Hay que fomentar los cultivos en el entorno urbano que rompan la continuidad del monte antes de llegar a las viviendas. Hay que organizar lugares de confinamiento en núcleos urbanos de difícil evacuación. En definitiva, hay que ordenar la protección civil. Las CCAA deben legislar cómo poner en valor los recursos de los montes. No hay que olvidar que la mayoría de ellos son privados y sus dueños deben ser conscientes de que su cuidado y gestión es algo que les compete, y que si no lo hacen, su inacción puede tener consecuencias para las personas del entorno. Pero esos propietarios deben contar con el apoyo de las administraciones públicas. Hay que provocar un mercado de productos y una forma flexible de gestión que tenga en cuenta el mercado. En la actualidad los proyectos de ordenación que se exigen desde la Administración suelen tener una rigidez que impide la correcta gestión de los recursos en un mercado global muy cambiante. El Estado debe propiciar un mercado de subproductos provenientes de nuestros montes para la construcción, fomentando las empresas fabricantes de tableros, tabiques y demás elementos constructivos. Y para ello hay que utilizar todos los recursos que pone a nuestra disposición la Unión Europea: fondos estructurales y fondos agrarios.

Un informe de Greenpeace dice que 12 comunidades tienen una planificación deficiente o muy deficiente y casi un 80% de los municipios en zonas de alto riesgo no tienen planes de emergencia ante un incendio. ¿Cómo se explica esto?

Comienzo por los municipios. La mayoría de los que se encuentran en zonas de alto riesgo corresponden a los que hemos comenzado a llamar de la España vaciada. Son municipios en general con la población envejecida, con escasa capacidad productiva y con pérdida continua de población. Los recursos administrativos y económicos no son grandes. Por ello, tanto las diputaciones como las propias comunidades autónomas deben tener un papel más importante en su ayuda. Las CCAA están centradas en múltiples problemas. La planificación forestal es algo que produce beneficios a largo plazo. Son necesarios acuerdos entre los partidos políticos que pongan en marcha sistemas que han de durar bastantes años. En nuestro caso tenemos recientemente el acuerdo parlamentario para el impulso de las quemas prescritas para la gestión de muchas zonas de nuestros montes y más antiguo el Plan Forestal Andaluz, que ahora está en plena revisión. Y no hay que olvidar que la inmensa mayoría de montes son privados, por lo que poner en marcha medidas que incentiven la gestión exige la conciliación de distintos intereses, especialmente los particulares con los generales.