Esta jornada de la procesión Magna es larga. Dieciséis tronos, con salidas casi simultáneas en distintos puntos de la ciudad. Parece complicado abarcar todo. O al menos en loa puntos que a uno le gustaría. Pero se ha visto también una Málaga por la que se podía circular sin apreturas. La dispersión ha jugado a favor de poder moverse por el Centro, a costa de que en algunos momentos se echara de menos un poco más de público. Eso sí, la Alameda y el Parque estaban llenos de público ocupando las 24.000 sillas disponibles y en las filas de atrás, de pie.

Y tras ver la Pasión de Jesús en sus tronos, llega el final. Jesús Resucitado entra en escena. Acostumbrado a verlo con el Sábado Santo de por medio, su presencia justo detrás del Sepulcro llamaba especialmente la atención. Era el contrate máximo. Del luto por la muerte de Jesús a la alegría por su Resurrección. De la Banda Municipal de Música tocando marchas fúnebres, a Banda de Cornetas y Tambores del Carmen con su ritmo rápido.

Procesión Magna de Málaga | El Resucitado, a su paso por Larios Miguel Ferrary

Al Resucitado sí que le sentaba bien la decoración de Navidad. El dorado de las arcadas de la calle Larios iba acorde con su puesta en escena y el dorado de su trono.

El paso por la calle Larios se hizo con pocas marchas y a ritmo rápido, para ajustarse al horario lo más posible. En medio de la calle hubo un ‘impass’ cuando la banda interpretó “Madre”. El ritmo se frenó y el paso se ajustó a la música, regalando ese momento al público.

La gran diversidad de público en la jornada fue una constante. En un momento una familia marroquí preguntaba cómo se llamaba el trono y un malagueño le explicaba que era Jesús Resucitado, que iba tras el Sepulcro, contando así la historia de la Pasión. Eso sí, no pararon de hacer fotos y vídeos.