España afronta una nueva ola de calor, con temperaturas que alcanzarán los 45 grados, pero Andalucía, acostumbrada a que el mercurio se eleve hasta registros extremos en época estival, afronta a su manera la «caló» que agudiza el «bochorno», la «levantera» o el «terral».

Aunque el Valle del Guadalquivir registrará los datos más altos en el termómetro, las zonas costeras se ven influenciadas por el efecto del viento e incrementa esa sensación de más calor que los propios, ya habituados, combaten de forma natural, pero que los extraños, los millones de turistas y visitantes que llegan a la región, sufren sin saber la forma de afrontarlo.

En Sevilla, que habitualmente compite con Córdoba en el podio de la temperatura más alta de la comunidad, el Ayuntamiento ha instalado toldos en el centro de la ciudad y ha evitado así la polémica del pasado año, cuando los ciudadanos no contaron con este alivio al darse problemas con la empresa adjudicataria.

Son los grandes aliados en unas calles en las que se va buscando el más mínimo resquicio de sombra y la presencia de las fuentes, que en algunos lugares como la Alameda, funcionan a modo de chorros que surgen desde el suelo, lo que convierte esta zona en una de los más concurridas en estas fechas, junto a la ribera del Guadalquivir o parques como el de María Luisa y el Alamillo.

Igualmente, en Córdoba, que puede alcanzar los 45 grados en algunos puntos de la provincia, ya están instalados desde hace un mes los habituales toldos en las calles más céntricas de la ciudad, aunque el «bochorno» seco se hace sentir desde media mañana hasta bien entrada la tarde.

En las horas centrales del día, las calles permanecen desiertas hasta que cae el sol y los turistas deambulan buscando la sombra y el agua por el entorno de la Mezquita-Catedral, mientras que los bares y restaurantes deben esperar la caída de la noche para sacar renta de sus terrazas.

Granada también está sometida a altas temperaturas por la peculiaridad de su clima, con veranos calurosos y muy secos, y por ello también recurre a los toldos en las principales vías comerciales y calles más transitadas para aliviar el calor en las horas de más sol.

Para los niños hay fuentes de chorro instaladas en el suelo de distintos puntos de la ciudad que permiten a los más pequeños refrescarse durante toda la semana, mientras que para los mayores, el colectivo más vulnerable, se han distribuido recomendaciones que pasan por bajar las persianas durante las horas de más calor, buscar la sala más fresca de la casa, moderar el esfuerzo físico, hidratarse y darse duchas cortas o paños húmedos.

Unas recomendaciones generales para toda Andalucía que pasan también por evitar las bebidas alcohólicas, la exposición directa al sol, la realización de esfuerzos físicos en las horas de más calor o permanecer el mayor tiempo posible en lugares frescos, a la sombra o climatizados, a la vez que usar ropa clara, ligera y que deje transpirar, entre otras.

Por otro lado, en Málaga, los días más calurosos llegan cuando sopla el terral, «un viento de componente noroeste que se encauza por el Valle del Guadalhorce y llega desde el interior de la Península hasta el mar», según explica a Efe el director del Centro Meteorológico, Jesús Riesco.

Esta masa de aire, «al descender de altitud, se comprime y se va calentando, y al llegar a la costa ha sufrido un incremento de la temperatura y un descenso importante de la humedad relativa», añade Riesco, que precisa que estos días los termómetros se mueven «en un abanico de los 33 a los 42 grados».

Ello va aparejado de un descenso notable de la temperatura del mar, porque «cuando la masa de aire desplaza el agua en superficie próxima a la costa hacia el interior, esa agua es reemplazada por una masa más profunda y más fría».

Y la ola de calor entrará en Cádiz acompañada de su «típica» levantera, un viento que se origina en el Mediterráneo y que toma fuerza al atravesar el Estrecho de Gibraltar, donde se inicia el Atlántico, para soplar de forma sostenida alcanzado los 50 kilómetros por hora y hasta más.

Es el temor de cualquier veraneante porque, cuando entra, puede quedarse más de una semana y convertir en una odisea disfrutar de la playa, sufriendo, con el golpe de la arena en la piel, una especie de acupuntura natural, y asumiendo los riesgos como el impacto de alguna sombrilla «voladora» o, en caso de tumbarse, acabar semienterrado y masticando tierra.

Buscar la verosimilitud de refranes como «Levante que entra de día, no dura tres días»; escuchar en todos los lados conversaciones sobre cuánto va a durar la racha y debatir sus «efectos secundarios» en las personas, desde el mal humor a la falta de energía, se convierten en los protagonistas de los días de viento de Levante.

Y es que Cádiz vive entre dos mares, «la mare que parió al Levante y la mare que parió al Poniente», el otro viento, en este caso fresquito y hasta frío, que suele visitar su costa.