Ana Belén vuelve a hacer teatro, la disciplina que, entusiasmada, confiesa es la que más le «gusta». Lo hace a las órdenes de Silvia Munt. Eva contra Eva está inspirada en el clásico All about Eve (Eva al desnudo), de Joseph Mankiewicz. En la obra, dos actrices de generaciones distintas, deben interpretar a un mismo personaje. En esta coincidencia chocan dos maneras de entender la vida y la profesión. La actriz más joven luchará por conseguir la oportunidad de darse a conocer. La actriz mayor se esforzará para que el paso de los años no la haga desaparecer de los escenarios. En la obra, relata Ana Belén, los personajes utilizan el teatro «para hablar de la vida y la vida para hablar del teatro». «Las mujeres se entregan a esta profesión con tanta intensidad y devoción que, a menudo, perderán la capacidad de reírse de sí mismas», explica. Shakespeare decía que el objetivo del teatro es poner un espejo ante los espectadores para poder reflejar las virtudes y los defectos de cada época y eso es lo que provoca Eva contra Eva.

No habrá sido fácil levantar una obra de teatro en plena pandemia.

Poner en marcha una obra en estas circunstancias ha sido complicado, pero es algo que está ocurriendo con todos los montajes. Se va haciendo lo que se puede dentro de la cultura. Y en todos los ámbitos. Silvia Munt, la directora, vive en Barcelona y venir a Madrid para lanzar el proyecto fue más complicado que de costumbre, pero se hizo. A pesar de todo, hemos podido con todo y estamos felices. La obra está viva y seguimos ensayando y encontrando cosas que mejorar que es lo maravilloso que tiene este oficio, un trabajo en el que nunca acabas de saberlo todo y un día más es un día para mejorar cosas. No me gusta llorar ni quejarme, ¿qué gano? Ya sabemos las dificultades que hay en todos los ámbitos y lo mal que está todo.

¿Qué tenía de especial esta obra para que usted volviera a subirse a un escenario?

Me llamó por teléfono Silvia Munt para ofrecérmela y no me pude resistir. Cuando me llegó el guion, lo leí en el acto e inmediatamente le dije que sí. La obra está inspirada en Eva al desnudo de Mankiewicz. La película de 1950 es maravillosa pero cuando ahora la ves resulta desfasada y antigua. Basándose en los personajes del director, el crítico, la representante y las dos actrices, Pau Miró escribió una nueva función, dándole una vuelta y lanzando una reflexión, que aunque ya estaba en la película se perdía, y que es lo que significa para una mujer y, concretamente para una actriz, el hacerse mayor cuando se trabaja cara al público. Una reflexión sobre por qué hablamos de que, a una determinada edad, las mujeres somos invisibles y por qué las actrices no encuentran papeles para ellas. Hace unos días, en una revista dominical, leí una entrevista a George Clooney, un tipo que me cae muy bien y me gusta lo que hace, dice y dirige, en la que decía: «Es muy difícil para un actor verse envejecer en la pantalla». Al leerlo dije, si lo dice George Clooney, imagina. Esta reflexión se puede aplicar a cualquiera porque todos estamos expuestos al paso del tiempo. Me he desviado. La obra está muy bien construida y tiene unos diálogos muy potentes. Silvia es una tía muy lista y muy inteligente y sabe muy bien la obra que tiene entre manos y cómo la ha trabajado. Los actores, menos yo, son todos estupendos. [Ríe] Creo que es un obra que se va a ver muy bien.

¿Siente el paso del tiempo? ¿cómo lleva el envejecer? ¿lo acepta?

A ver, verse envejecer... si de repente un día te levantas, te miras al espejo y ves que te has hecho mayor, el susto es morrocotudo, pero si como decía mi madre, te levantas y te miras al espejo cada día, te vas haciendo con esa cara y das gracias por estar ahí, por estar como estas, por seguir haciendo lo que quieres, por seguir peleando... Yo, claro que sí, tengo momentos de bajón pero enseguida me levanto. Mi modelo a seguir es el de María Dolores Pradera que murió con 94 años y hasta el final los amigos estuvimos con ella. María Dolores era una maravillosa mujer. ¡Cómo era de mayor, de elegante, de divertida, de inteligente! Yo pido, como le ocurría a ella, reconozcerme al ser mayor. ¡Y qué voz tenía María Dolores! ¡ y menuda capacidad! Yo, como dicen algunos amigos, voy a primero de hacerme mayor, luego iré a segundo... y cada día me voy preparando sobre cómo quiero ser. Creo que hay que prepararse mentalmente para ser mayor y, sobre todo, lo que nunca se debe perder es el sentido del humor.

Visto cómo se ha puesto el mundo, lo importante, quizás sea el poder envejecer..

Yo siempre veo el vaso medio lleno porque soy una persona esperanzada. Creo que, tras esta situación tan rara, las personas buenas van a seguir siendo buenas y solidarias y, los que son unos bestias, seguirán siendo bestias. Es doloroso pero creo que este país se sigue manteniendo por la gente buena, por la que se preocupa, la que se levanta cada mañana y dice «venga vamos, adelante». Funcionamos gracias a la gente buena.

Habla de la vida y recuerdo que su última ronda promocional fue para presentar su álbum Vida. Fue en verano de 2019, ¡cuánto ha cambiado todo!

¡Cómo es la vida! No sabemos nada. Hay que vivir la vida y el momento porque nunca sabes qué puede pasar. Pero creo que también es importantísimo el no perder el retrovisor para saber de dónde vienes. Eso es clave.

Ahora que vuelve a subirse a un escenario, ¿sigue sintiendo mariposas en el estómago?

La actriz, en una imagen promocional con Silvia Munt. J. Naval

Aunque no te lo creas, tengo muchos nervios y mucho miedo, pero, bueno, como son compartidos con mis compañeros de reparto me engaño un poco [ríe]. Por un lado tengo que estar atenta al personaje y por otro a intentar calmarme. Tengo una tarea gorda. [larga carcajada]

¿Siente que su hábitat natural es el teatro?

Me gusta mucho el escenario y me gusta todo el proceso de aprendizaje de este trabajo; me gusta cómo va saliendo poco a poco con un paso adelante y dos atrás... El teatro me hace conocer mis capacidades y me hace entender muchas cosas al ver y oír a mis compañeros. El teatro me hace aprender.

Da la sensación que, profesionalmente, todo lo que hace, lo hace y le sale bien.

Pues no, no es cierto. He acertado bastante con mis proyectos, sí, pero lo que pasa es que hay una desmemoria colectiva y el público se olvida de las cosas con las que no he acertado y sí se ensalzan los aciertos. Eso es bueno, sí, pero yo sé en qué he acertado y en qué me he quedado en la mitad.

Cuando echa la vista atrás, ¿de qué se siente más orgullosa?

A nivel personal de mi familia, eso es obvio, y en lo profesional no te voy a decir los trabajos de los que me he sentido feliz pero si te voy a hablar de la gran suerte de mi vida y te voy a dar nombres: Miguel Narros, José Carlos Plaza, Víctor Manuel y personalidades cinematográficas como Jose Luis García Sánchez, Mario Camus, Manuel Gómez Pereira. Ligado a todos ellos están mis mayores satisfacciones profesionales.

¿Qué cree usted que tiene Ana Belén que nunca pasa de moda?

Sinceramente, que nunca he estado rabiosamente de moda. ¿Sabes? Creo que las modas son como las vestimentas que, aunque ahora son más duraderas, cambian según la temporada. Yo creo, como decía Jesús del Pozo, otro gran amigo al que debo muchas cosas, que lo importante es ser fondo de armario, ser algo intemporal y eso lo bueno que tiene es que lo puedes sacar del armario en cualquier momento y es fantástico. Lo bueno, sinceramente, es no estar rabiosamente de moda y como decía mi amigo tras los desfiles, el saber seguir engañando.