Una nueva y jovencísima voz está llamando, y mucho, la atención en el panorama lírico español. Este barcelonés nacido en 2001 (estudió en Estepona y ahora cursa Física y Matemáticas en Granada) debuta con 'A ciencia cierta' (Sr Scott), versos que demuestran que la poesía y la ciencia son "un relato uniforme"

«Schrödinger escribió una de sus ecuaciones mientras se acostaba con su amante en una casa en la montaña. Y para mí eso esconde la misma vitalidad que la Elegía a Ramón Sijé», dice el autor.

En Cartas a un joven poeta, Rilke escribió: «Usted (poeta joven) mira a lo exterior, y esto es precisamente lo que no debe hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Sólo hay un medio: vuelva sobre sí. Investigue la causa que lo impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón». ¿Se siente interpelado por estas palabras?

En parte, pero no en todo. Considero que el impulso nace de la interacción de lo interior con lo exterior. Es algo parecido a ese combate de púgiles que define la filosofía según Savater. Permitir que la misma vida sea signo y testimonio de ese impulso, de ese choque pluridimensional entre el entorno y uno mismo, es quizá demasiado, porque consigue que dejemos constancia de lo que sucede, hacia dentro y hacia fuera, pero, a la vez, podría contaminar el impulso en cuestión y lo que se pueda decir de ese impulso. Por otra parte, cualquier consejo y cualquier ayuda facilita la interacción. Me resulta, por ejemplo, mucho más fértil artísticamente hablando ir a tomarme unas cervezas con unos amigos que pasarme encerrado dos días pensando en sistemas físicos complejos. No obstante, después del fuera, de ese viaje exterior, de esa colisión, toca volver sobre uno mismo y dar forma a todo lo que hemos recogido en el camino.

En su caso, la juventud, algo fundamental a la hora de hablar de este libro y su publicación, ¿cree que le impulsa o le encierra?

Como diría Chantal Maillard, «es difícil contar con la sangre en los ojos». La juventud es una herramienta más, otra característica que influye e interviene en el proceso. Si lo facilita o dificulta, no lo sé. Supongo que el tiempo dirá

La poesía y la ciencia viven una alianza estimulante en los últimos años, con bastantes poemarios que se nutren de lo científico.

Probablemente uno de nuestros mayores errores haya sido creer que en algún momento no han sido un relato uniforme, al igual que muchas otras disciplinas. Pienso en el oficio del poeta igual que en el oficio del matemático o del físico: aquel que se levanta cada día buscando problemas y proponiendo soluciones para después compartirlas y hacer del mundo un lugar más amable.

Cursa estudios de Física y Matemáticas en Granada. ¿Qué le enseña la ciencia de la poesía? ¿Y la poesía de la ciencia? ¿Max Planck puede esconder más lirismo que Miguel Hernández?

Lo más importante que he aprendido estos años es a sobrevivir a la duda, a procurar el conococimiento más como método y como camino que como meta. Cuando estaba en secundaria, deseaba llegar a bachillerato, y en bachillerato, acceder a la universidad. Y sin más llega un día en que el qué deja de tener un sentido si no hay un para qué, y eso es triste. Esa enseñanza me llevo de la ciencia y de la poesía. Porque el conocer es un vehículo y esa es una condición suficiente. Por otra parte, me cuesta concebir una cantidad asociada al lirismo. No sé si sería capaz de definir el lirismo sin caer en absurdos o sandeces, pero sí creo que no hay una forma de medir el lirismo. Schrödinger escribió una de sus ecuaciones más famosas mientras se acostaba con su amante en una casa en la montaña. Y para mí eso esconde la misma vitalidad que la Elegía a Ramón Sijé. Esa duda continúa, en sus múltiples manifestaciones, convive con todos nosotros, y el lirismo, bajo mi punto de vista, parte de esa vitalidad escondida, de esa pregunta que ronda e inquieta.

Escribe que «el misterio peso más que la existencia». ¿Cree que el misterio es lo que une ciencia y poesía? Quizás la ciencia busca explicarlo y la poesía, abrazarlo.

Desde luego esa unión la procura el misterio, pero creo que ambas lo abrazan y lo explican en el mismo sentido. Los científicos buscan problemas para encontrar soluciones y los poetas se asoman igualmente a esos conflictos para concebirlos como algo común y digerirlos.

«Quedan pocas respuestas, / por eso casi nadie habla ya de las preguntas». ¿Cuáles son las preguntas que más le interesan, las que le llevan a escribir?

Las preguntas a las que más me gusta acercarme son esas que pretenden tender puentes y abrir sendas comunes, ir en pos de la conciliación en cualquier sentido. ¿Por qué nos resulta exótico el arte? ¿Qué costumbres que tenemos los más jóvenes ahora serán costumbres en el futuro? Cuestiones de este tipo me interesan mucho.

Dice Alejandro Simón Partal en su prólogo que «ha rechazado la abundancia que ofrecen los ruidos para llegar a lo esencial de los destinos más honestos». ¿A qué cree que se refiere?

Supongo que se refiere a abrazar la duda más que la respuesta, a preferir la paciencia a la prisa e intentar llegar a lugares más amables, a ahondar en las pocas certezas que haya ido ofreciendo el camino aunque eso haya significado y siga significando detenerse.

También hay en A ciencia cierta bastantes versos muy desnudos, confesionales, especialmente Una formulación del tiempo. «Tengo dieciocho y lo que sé cabe en un poema», escribe. ¿La poesía es, para ti, algo íntimamente útil?

Creo que la poesía es tremendamente útil, pero no en un sentido práctico como lo es un tornillo o un cuchillo. Leí hace mucho La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, y aprendí que hay cosas como un abrazo, unas palabras sinceras o un paseo por la playa que pueden concebir mucho más que una caja de herramientas. En ese aspecto, decir que todo lo que sé cabe en un poema me ofrece una visión de conjunto que me permite ordenar un poco el tiempo que ha pasado, y pensar en qué me ha llevado a ser el que soy, y qué quiero guardar y conseguir más adelante. Podría entonces decirse que la poesía es para mí algo íntimamente útil, pero igual que lo es un teorema que no es mío. Confío en la intimidad compartida de verse reflejado en unas palabras, y en el apoyo que eso ofrece. Esa especie de intertextualidad social es para mí la mayor utilidad del arte.