El sacrificio y la constancia han llevado a Ismael Jordi a convertirse en uno de los tenores más importantes de nuestro tiempo. Teniendo siempre presente sus orígenes y su tierra, comenzó sus estudios en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, con los míticos Alfredo Kraus y Teresa Berganza, sin imaginar que finalmente podría vivir de ese hobbie.

Ha pasado de estudiar en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, a cantar hoy en grandes escenarios del mundo. Si echase la mirada hacia atrás, ¿cómo ha sido todo este camino?

La pandemia me ha dado tiempo para pararme a pensar hasta donde había llegado y verdaderamente me provocó un poco de vértigo. En mi mente no estaba ser un cantante de ópera profesional, y reflexionar sobre los lugares en los que había estado actuando me parecía asombroso. Te da alegría recordar que ese paso que diste hacia delante, dejando a tu familia, amigos y otros muchos sacrificios, ha servido para algo. Para ser cantante lírico tienes que tener un don, voz y musicalidad innata, pero si eso no está sustentado con trabajo, estudio y sacrificio, es imposible conseguirlo.

Su profesión supone trabajar bajo presión y una exigencia de perfección constante. ¿Se había imaginado así la carrera?

El ser tenor es aún más complicado. Hay una tradición enorme, pones YouTube y te salen Pavarotti, Plácido Domingo y grandes profesionales. Ahí es cuando empiezan a surgir las comparaciones y cada vez que te subes en un escenario es muy complicado. Nosotros nos enfrentamos ante un público normalmente de 2.000 espectadores sin micrófono alguno y donde también está presente una orquesta de música. El instrumento lo llevo en mi cuerpo, yo no puedo entrar al camerino para cambiar una cuerda y poner otra.

20 años encima del escenario y su carrera se vio interrumpida temporalmente por la llegada de la pandemia. ¿Vio peligrar su futuro profesional?

En el tema cultural, los teatros han recibido un palo muy grande. Yo tenía mi debut en el Metropolitan de Nueva York con Romeo y Julieta y con todo esto, se suspendió. Con este teatro además tenía firmado para el 2022 volver con La traviata por lo que finalmente sí que podré actuar allí dentro de dos años. Recolocar las óperas en estos teatros que son inmensos y que tienen una agenda programada hasta 2024-2025, es más complicado. Ahora tendría que estar en Amsterdam cantando Anna Bolena, pero me lo han aplazado para el año que viene. Es digno de alabar aquellos teatros que no están cancelando sino que están posponiendo. Una vez que termine el concierto de Málaga, me marcho a Amsterdam porque vamos a hacer el mismo elenco de la trilogía de la Reina de Donizetti sin público. Lo harán en streaming, pero lo importante es buscar ideas y no quedarse estancado.

Usted pasó la Covid. ¿Ha notado secuelas tras la recuperación?

No tuve síntomas fuertes y no me afectó la voz. A los tres días siguientes de hacerme una PCR para verificar que era negativo, estuve cantando. El temor estaba ahí, yo todos los días me levantaba y practicaba con la voz para ver si seguía o había cambiado algo.

En su recital del Cervantes la zarzuela tiene un notable protagonismo. ¿Qué habría que hacer para recuperar este género su propio país?

Ganas de hacerla y, sobre todo, quitarse los complejos. No solo lo digo yo sino que el maestro Krauss también decía que era más complicada la zarzuela que la ópera. A mi Fernando de Doña Francisquita me encanta cantarlo, pero es un papel muy difícil. Creo que hay muchos sitios en España que tendrían que apostar más por este género, a la gente les alucina cuando las canto fuera. Hay que dejar claro que interpretar una zarzuela no es bajar de nivel.

Es un asiduo al Cervantes. ¿Cómo es su relación con la afición malagueña?

Es muy buena. Cada vez que he venido a Málaga, la gente me ha tratado maravillosamente. Cuando canto en España y me encuentro a gente de esta ciudad siempre recibo su cariño. La última vez que estuve aquí, con La Favorita, comprobé cómo la gente del coro, el equipo técnico y el público me trataba con respeto cuando salía a saludar o cuando terminaba las arias.