El malagueño Juanjo Rueda se reveló con 'Litoral' como uno de los nombres a tener muy en cuenta al hablar del documental de creación más personal e intransferible, que indaga más en lo personal que en lo, digamos, social e histórico (terrenos históricamente más transitados por la no ficción). Aquel cortometraje era, según definición propia, «la historia de un pueblo, de un matrimonio y de una forma de entender la vida que sólo permanece en los recuerdos», y conectó con la audiencia más curiosa y despierta, cosechando premios en los festivales de Málaga y Sevilla. Ahora, Rueda insiste en dos de los cimientos fundamentales de la pieza, la familia y el recuerdo, para 'Caballo de espuma', su nuevo corto. «Por un lado, creo que a través de la familia se puede hablar de todo lo demás, es un contenedor fascinante e inabarcable. Y por otro, creo que hay personas que miran hacia delante y otras que miran hacia atrás. Como yo soy de las que mira hacia atrás tiendo a revisitar lugares en los que he estado, caminos que he andado y repetir historias que conozco. La experiencia de volver a hacer algo siempre lo cambia», nos dice.

«Caballo de espuma es la respuesta que mi padre me dio cuando le pedí que recordara un momento vivido conmigo. Su respuesta fue muy rápida, como si la pregunta siempre hubiera estado ahí. ¿Te acuerdas? Termina diciendo. Juntos reescribimos ese recuerdo compartido, el color del coche, la hora del día, el aspecto del mar al fondo… Mi padre conduce un coche junto a la fábrica de cemento donde un día trabajó mi abuelo [La Araña]; yo, a su lado, voy a ser padre y tengo miedo. El coche transita imparable por esa carretera a ninguna parte». Ésa es la sugerente sinopsis de la obra, que ha contado con el decisivo apoyo del Patronato de la Costa del Sol y Turismo Rincón de la Victoria.

Familia y memoria para hablar de todos

Uno de los riesgos a la ahora de abordar proyectos como los de Juanjo es no que el espectador no considere como propias historias tan personales. Quizás los premios y las buenas críticas sirvan para que el autor no tenga la sensación de saltar al vacío sin red. «No puedo obviar las sensaciones que he tenido a nivel personal mientras íbamos haciendo y proyectando Litoral y que me han llevado a pensar que efectivamente se trata de buena forma de hacer cine. Si a mí me emociona, que soy una persona normal, ¿por qué mi película no va a conectar con alguien más? Además, el recorrido de Litoral me ha permitido ver otras que me han enseñado que no soy tan singular pero también que no estoy solo en esto. En este sentido, la temporada cinematográfica española ha tenido en My Mexican Bretzel, un experimento de no ficción confesional dirigido por Nuria Giménez Lorang, una de sus películas más premiadas y alabadas. Quizás el éxito de propuestas como ésta beneficie de alguna manera a las de Rueda, también distintas y experimentales: «Sin duda ha sido un año estupendo para el documental y es una buena noticia en sí misma que películas así compitan y ganen premios para, en definitiva, se vean por cuanta más gente mejor. Pero está por ver si películas como My Mexican Bretzel, El año del descubrimiento o A media voz abrirán camino», reflexiona. Y añade, desde la modestia: «Como Litoral me ha permitido afrontar Caballo de Espuma, sólo espero que éste me permita afrontar mi siguiente proyecto. Para mí eso ya sería todo un éxito».

Juanjo Rueda tiene a la espera bastantes proyectos. Uno, Todos los veranos el verano, «un proyecto sobre mi pueblo [Rincón de la Victoria], sobre la memoria colectiva de mi pueblo, y pretende recoger las leyendas que contiene el territorio en relación a mis recuerdos de infancia. La cuestión es que un verano puede contener todos los veranos que han sucedido en un territorio que es, o puede ser, todos los pueblos que ha sido alguna vez». Además, avanza, tiene previsto presentar a la convocatoria de las Residencias de la Academia de Cine una pieza sobre un miembro de su familia que cree «merece una historia».

Asimismo el malagueño forma parte de 'Correspondencias invisibles', título provisional de una película colaborativa que una serie de miembros de la asociación de documentalistas DOCMA llevamos a cabo en los primeros meses de confinamiento por el coronavirus. Rueda subió a internet videodiarios del encierro para iluminar detalles de la cotidianidad en oposición «a la realidad externa y extraña» de fuera. «Correspondencias es relativamente parecido a los diarios que fui publicando entonces pero en este caso la película se articula en base a unas correspondencias fílmicas que mantuvimos entre algunos de nosotros. Todos los integrantes somos autores y productores ejecutivos de la película. Ya tenemos un primer corte que pensamos que tiene muy buena pinta. Cuesta definirla: es una peli ecologista, unos diarios íntimos, un documental experimental sobre la pandemia...».