«Cuando me di cuenta de que en Roma la mayor parte de los monumentos antiguos yacían abandonados en los campos, en los jardines o bien eran utilizados de canteras para las nuevas construcciones, decidí conservar el recuerdo con mis grabados. He tratado, pues, de aplicar la mayor exactitud posible», afirmó Giovanni Piranesa (1720-1778), uno de los más prolíficos y magistrales grabadores de la historia, con más de 2.000 piezas firmadas. Y lo fue por esEe afán de hacer justicia, de evitar que el pasado se quedara en ruinas. Ahora, algo más de 300 siglos después de su nacimiento, la Sala Noble del Museo Carmen Thyssen de Málaga reúne una selecta representación de su corpus artístico en Piranesi. Estampas de un visionario.

Piranesi: una pequeña ventana para asomarse a un gran visionario

La pequeña selección de estampas de esta exposición, procedente de las series adquiridas en Roma a finales del siglo XVIII por la Real Academia de San Carlos y depositadas hoy en el Museo de Bellas Artes de Valencia, son una invitación a asomarse fugazmente al universo de este artista visionario, anunciador de un arte en libertad que, con la excepción de Goya, no se retomará hasta bien avanzado el siglo XIX y se consagrará en las vanguardias, aseguran desde la pinacoteca.

La muestra, patrocinada por el Ayuntamiento de Estepona, sirve para demostrar que Piranesi fue «el mejor cronista gráfico de Roma, en vistas escenográficas en las que la urbe barroca se mezcla con su entorno de ruinas monumentales antiguas», además de «un anticuario, que recopila testimonios arquitectónicos y decorativos, base para su invención»; un autor que no se limitó a dar fe del pasado esplendoroso sino que confió a su tremenda imaginación el diseño y ejecución de esas míticas Carceri d’invenzione, prisiones imposibles sin salida, desasosegantes y tenebrosos, silenciosos y solitarios, «quimeras de un artista entregado a su pasión por el espacio físico y mental.