Un disparo en mitad de la noche, una cabra perdida, una mujer masturbándose y una virgen desprotegida de todo simbolismo. Todo esto y más es la opera prima de la directora y productora extremeña Ainhoa Rodríguez, un canto en ocasiones macabro contra las herencias patriarcales que van pasando de generación en generación y en eterna disputa con las sociedades modernas.

Cuando su montaje final aún no estaba acabado la cinta de Ainhoa Rodríguez ya estaba pasando por certámenes como Abycine, REC Tarragona y Gijón. Un espaldarazo por parte de la industria a un cine mucho más experimental y cargado de emociones e imágenes inolvidables como la de la deconstrucción de una virgen o la impactante secuencia de la reunión de merendona, y su resultado final ante tanta exposición de sentimientos y emociones.

Contando con sus propias vecinas y sin apenas movimientos de cámara esta directora extremeña retrata, en lo que es quizás lo más destacable de la cinta, el derecho a la fábula y la ensoñación para transitar lugares ordinarios y cotidianos. Algo que el orden y la exigencia de sentido en todo lo que se hace, dice y piensa ha impuesto la sociedad actual.

Los espectadores y espectadores que se acerque a este ‘Destello bravío’ descubrirán en este paisaje de Badajoz un lienzo de la España vacía dibujada con un supuesto ojo crítico que no deja hueco a que la narrativa más clásica imponga cierto orden ante un desorden bien construido y con significados diversos, el verdadero corazón de la obra.

En definitiva, espacios desprotegidos de miradas cóncavas sobre el dolor y la falta de entendimiento entre lo masculino y lo femenino. Y miradas llenas de entusiasmos como las de sus directora Ainhoa Rodríguez, aportan a esta vigésimo cuarta edición del festival de Málaga un soplo de aire fresco a lo que, ya desgastadamente algunos considerarán, cine hecho por mujeres, cuando es simplemente buen cine.