Arranca la conversación con María Toledo, bajo la inmensidad del escenario y frente a la soledad de un teatro vacío, en silencio. «Me gusta estar con los cinco sentidos en la entrevista, como cuando canto», aclara, tras apartarse su larga melena de la cara, protegida con doble mascarilla, como poseída por la música sin haber empezado hablar de ella. Y es que para Toledo, «el flamenco es pura obsesión porque pienso en él las 24 horas del día», asegura.

¿Qué tal con Corazonada?

Es el primer disco en el que todos los temas están compuestos por mí. La canción que más me gusta es Mamá.

¿Cómo surgió Mamá?

Nació después de cantar junto a Lya y, cuando llegué a mi casa, me senté en mi piano y la canción salió del tirón mientras lloraba porque es un tributo al amor auténtico de los padres. Esas canciones que nacen con lágrimas son las más auténticas.

«Me la juego en cada concierto», dice. ¿Qué le motiva a hacerlo?

Mi pasión por la música. El único objetivo es que no pierda el flamenco y actúo para que siga vivo. Amo mucho mi profesión, el flamenco es pura obsesión porque pienso en él las 24 horas del día.

Entonces, ¿cómo le afectó no salir a cantar durante los meses de confinamiento?

Fue difícil, pero ahora, cuando salgo al escenario, soy una auténtica «leona». He pasado de hacer conciertos todos los fines de semana antes de la pandemia a uno por mes ahora.

¿En esta época tan difícil cómo le llega la inspiración?

Para mí, salir a cantar es una necesidad. Ahora canto como si fuera el último concierto que doy porque la inspiración es mayor. Vaciarme es una forma de agradecer al público que viene porque la gente ha entendido que estar en un teatro es ir a un lugar seguro. No se conoce ningún contagio en un concierto.

¿Qué lugar ocupa el flamenco en el siglo XXI?

Ahora creo que está en pleno auge por las nuevas corrientes, pero sí que pediría que todo aquel músico que fusione el flamenco, conozca la raíz del cante. Estas nuevas fusiones marcan la evolución del flamenco.

¿Pero esas fusiones mantienen la pureza del flamenco?

Camarón decía que «la pureza no se puede perder nunca cuando uno la lleva dentro de verdad». Por eso, si el cantaor que fusiona conoce la raíz, sí que es puro. Si adapto unos tangos de La Niña de los Peines a nuestra época, ¿por qué no soy pura? La pureza es ser transparente en el escenario y mostrar esa autenticidad.

¿Cuál es la raíz del jondo?

La raíz es escuchar una taranta de La Niña de los Peines, una soleá de Fernanda y Bernarda de Utrera, un fandango de La Paquera de Jerez o una malagueña de Antonio Chachón. Para mí, Camarón y Manolo Caracol son punto y aparte en la historia del flamenco por su forma de cantar.

¿Usted ha hecho evolucionar el flamenco con el piano?

No soy heterodoxa, pero sí me gusta hacer una creación libre y atrevida en la que defienda mi independencia como cantautora. Desde los ocho años he tocado el piano, pero tenía miedo que se viera como una falta de respeto al flamenco. Hasta que en un programa de televisión, María Jiménez me dijo que hiciera aquello nadie sabía hacer y, con mucho miedo toqué el piano.