Sara Mesa es una de las grandes escritoras de nuestro país. Reconocida por la crítica y con una legión de seguidores entre los lectores, su literatura ha subyugado a miles de personas manteniendo, por cierto, un alto estándar de calidad y una tremenda autoexigencia creadora. Alabada por los grandes, esta artista madrileña aunque criada en Sevilla vuelve al ring literario con Perrita Country (Páginas de Espuma), la historia de una joven profesora que reinicia su vida en una nueva casa, lejos de otra época. La acompañan dos perros y un gato. Por cierto, el libro está ilustrado por Pablo Amargo.

Empezar de nuevo es difícil. Poner tierra de por medio, volver a levantarse, expresiones todas ellas que hablan de lo mismo y que han sido, en sí, un tema obsesivo en la literatura de todos los tiempos. ¿Cómo se ha enfrentado a esta temática?

No es el tema central en esta historia, aunque sí su arranque. La protagonista, en su nuevo escenario, y casi en completa soledad, se enfrenta a una nueva manera de mirar. Más detallada, más minuciosa, más humilde también a medida que avanza el libro.

Quietud, contemplación, completar, miradas, silencios. ¿Es en el paisaje después de la batalla cuando uno aprende más de lo sucedido?,

Yo quería hablar del misterio de la contemplación, de lo complicado que es acceder a la comprensión de otros mundos. En este caso me centro en el mundo animal, pero puede extenderse a otros ámbitos. La protagonista aprende a través de la mirada. Las ilustraciones que aporta Pablo Amargo van en el mismo sentido: hay que dedicar tiempo a mirarlas, supone un aprendizaje.

Hay historias sin final e historias cuyo principio se ha difuminado. ¿Cuáles prefiere leer? ¿Cuáles prefiere escribir?

Me interesa contar fragmentos, pedazos de una vida. Muchas veces no es relevante saber tantos detalles del pasado de los personajes ni es necesario conocer su desenlace. Y menos en esta historia, donde el presente, la quietud, cobra tanta importancia.

Ha tenido la valentía de hacer que su protagonista comparta el relato con una perra y un gato. Cualquiera que tenga una mascota sabe que su cercanía es sanadora. Contemplan lo que les rodea junto a la protagonista. La acompañan. ¿Está de acuerdo con eso que dicen de que los animales son mejores acompañantes que otras personas?

No, la compañía humana es insustituible, aunque, visto desde ese prisma, también la compañía animal lo es, son por completo diferentes. Pero yo no hablaría de la amistad o la compañía de los animales. Esa es nuestra interpretación de su cercanía. Tenemos relaciones, claro, pero las etiquetamos de acuerdo a nuestro conocimiento. A saber cómo las consideran ellos.

Es un libro intimista e íntimo. «Un tríptico de equilibrios», según he podido leer. «Un mecanismo de precisión», añade su editorial en el dossier. ¿Puede buscarse el equilibrio en la literatura o en la vida o, simplemente, es una situación a la que se llega de forma natural?

Aquí creo que la editorial se refiere al equilibrio de la prosa, a la composición textual en fragmentos. En la vida, no sé que es el equilibrio. Tampoco lo que suele llamarse desequilibrio. Seguro que muchas personas considerarían que la protagonista de Perrita Country es una desequilibrada. Suele pasar con los personajes de mis libros, en especial con los femeninos.

Habla de la cotidianidad. Es una historia sencilla, a priori, claro. No hay nada más difícil que tratar de contar lo sencillo, ¿no cree?

Sí, era el reto. Tomar una historia pequeña, narrarla con un tono voluntariamente menor, equilibrar las reflexiones sobre el misterio con pequeñas escenas humorísticas.

¿Qué aportan las ilustraciones Pablo Amargo a este libro?

Son un trabajo paralelo, caminan junto al texto pero no se supeditan a él. En todas, salvo en la última, hay una mujer y un perro, igual que en mi texto, es decir, las entiendo como variantes, como otras posibilidades narrativas, aunque a través del dibujo. No podía tener mejor acompañante.

¿Qué género prefiere: la novela, la novela corta o el cuento? Parece que en la novela corta se siente muy cómoda.

Me siento cómoda en las formas breves, sí, pero como lectora soy omnívora, por supuesto.

¿Volverá al relato?

Nunca me he ido, nunca he dejado de escribir y publicar relatos (en revistas, antologías, etc.), lo que ocurre es que desde Mala letra no los he reunido en un libro. Mi próximo libro será, de hecho, un libro de cuentos inéditos, aunque con tanta relación entre ellos que igual podría ser tomado por una novela rara.

Si es posible saberlo, ¿podría decirme en qué trabaja ahora (aunque sean detalles mínimos)?

Escribo sobre la burocracia, la administración pública y el mundo del trabajo.

¿Cuál es el último que ha leído?

Mayra, de Joyce Carol Oates.

¿Y el siguiente que tiene en la mesilla de noche?

Viaje al manicomio, de Kate Millett.

¿Se atreverá, de nuevo, con la poesía, como en sus inicios como escritora?

Por el bien de la poesía, será mejor que no.

He leído que empezó a usted a escribir a una edad tardía. ¿Qué beneficios le ha aportado esa decisión?

Bueno, eso lo decía hace tiempo, empecé con treinta años y ahora no me parece que sea una edad tardía. Claro, que a esa edad había leído muchos más libros y vivido muchas más experiencias que con veinte.