Qué bien que Antonio Banderas se dé gustazos como este 'Company 'que estrena hoy en su casa, el Teatro del Soho-CaixaBank, y al que asistimos anoche en uno de los ensayos con público que está celebrando estos días. Porque, aunque parezca increíble, aunque todos sepamos en este bendito país quién es Stephen Sondheim, nadie había tenido los bemoles de levantar una versión en español de su primer clásico, estrenado hace medio siglo y una de esas funciones nada complacientes que exprimen las posibilidades expresivas del teatro musical. Pero es que, más allá de las loables intenciones, que se agradecen, hay aquí un equipo de primera a pleno rendimiento, que logra salir airoso del envite.  

Se la juega Banderas con 'Company' como se la juega siempre alguien con cualquier pieza de Sondheim, quizás el autor imprescindible si quieres doctorarte en musicales. Porque el neoyorquino siempre lanza desafíos a los espectadores y también a quienes pretenden levantar sus obras, muchas de ellas más conceptuales que argumentales, narrativas. De hecho, cuenta el malagueño que, a diferencia de lo que le ocurrió con A Chorus Line, el musical con el que abrió el Teatro del Soho CaixaBank, cuyos responsables exigen un respeto matemático y rígido con el original, aquí se ha tratado de justo lo contrario: «Stephen Sondheim quiere ver siempre nuevas versiones de su obra, tanto que no podemos copiar ninguno de los montajes que ya se han hecho. Hemos tenido que producir el nuestro propio». Y eso es justo lo que ha hecho, reivindicándose como un centro de producción escénica con altura de miras. 

Curioso que el estreno de este 'Company' tenga lugar en un momento similar al de su primera función en la Gran Manzana, en 1970. Dijo entonces Sondheim: «Broadway ha sido apoyado durante muchos años por personas de clase media alta con problemas de clase media alta; personas que de verdad quieren escapar de ese mundo cuando van al teatro... Y aquí con 'Company' estamos de traérselo de vuelta y ponérselo a la cara». Antonio Banderas comparte con el autor la visión poco acomodaticia del musical, un género que lleva años viviendo una edad de oro más comercial que creativa: demasiadas adaptaciones de películas populares, demasiados refritos de iconos ultraconocidos, demasiadas fórmulas escapistas y cantarinas para que huyamos de nosotros mismos... Y aquí viene 'Company', la disección del matrimonio como institución, situación, estado y sentimiento; el musical triste de los musicales tristes (casi todos escritos por Sondheim), una función sobre lo difícil que es buscar la felicidad en los términos propios de cada uno. Todos queremos amor, compañía, amigos, pero, claro, que nada de eso trastoque demasiado nuestro mundo individual («Marry me a little / Love me just enough / Cry, but not too often, / Play, but not too rough / Keep a tender distance / so we’ll both be free», inmortales versos de la icónica 'Marry me a little'). Quizás esta visión sondheimiana de la vida, en la que ansiamos a los demás pero sin sacrificar nuestros universos íntimos, encaje mejor ahora, cuando reina el yo y el lo que quiero, cuando cada vez más personas se sienten piezas de un puzzle equivocado, que en 1970, cuando se estrenó la obra. De ahí, a lo mejor, el actual revival de la función, que regresa también a Broadway y cuyas canciones aparecen citadas en la película de Noah Baumbach 'Historia de un matrimonio' (2019), sobre la fractura de un matrimonio. Porque las palabras de 'Being Alive', tan tristes como esperanzadas, nos definen cada vez más como personas en un mundo cada vez más volátil, irregular, incoherente: «I’ll always be there / As frightened as you / To help us survive / Being alive».

La versión de 'Company' que se estrena hoy sigue fiel la palabra y el ritmo sondheimiano, aunque reduciendo un tanto la intensidad que favoreció, por ejemplo, aquella magnífica que protagonizó Raúl Esparza en 2007. Aquí todo resulta neurótico y cerebral como suelen ser las cosas del compositor neoyorquino (al fin y al cabo, el hombre iba para matemático), pero también más cercano, suave y asequible. El toque de Banderas como director se beneficia de un más que solvente elenco de actores y actrices, profesionales más que consumados. Juntos integran un reparto eminentemente vocal (los amantes de los bailecitos lo tienen aquí complicado), que cumplen con los desafíos interpretativos del compositor (reconocido por su perfeccionismo) sin que se note despeine alguno; el primero, el malagueño, con una garganta en forma y, sobre todo, entendiendo a la perfección a ese Bobby descreído, opaco, cínico y atormentado pero sin dramas ni tragedias.

En suma, ojalá este 'Company' encuentre a su público, porque sería la demostración de que el teatro musical en España puede ser mucho más de lo que es ahora mismo.