El regreso a casa del colegio, después del almuerzo en el comedor, era especial. Y lo era porque el mando del televisor, que por supuesto no era tan fino como el papel, quedaba en las manos del pequeño de la casa, que automáticamente pulsaba el número 7. No podía perderse La Banda, aquel programa presentado por Felipe Delgadillo que era equivalente en popularidad, sino más, a Cuéntame para los adultos. Qué tiemble hoy La Casa de Papel.

Una de las series que emitía Canal Sur por aquellos primeros años de la década de los 2000 era Doremi. Este mes, con motivo de su 20 aniversario, su productora, la mítica Toei, ha lanzado la película Buscando a la mágica Doremi, que se estrenó el pasado viernes en los cines españoles.

La cabecera de esta serie japonesa comenzaba así: «Di qué pensarías si de repente tú pudieras magia hacer». Ése es precisamente el arranque de la trama de esta nueva producción en la que los espectadores, mayoritariamente de la apodada Generación Z, se sentirán representados. La película tiene como protagonistas a tres jóvenes, de 27, 22 y 20 años, que aparentemente solo tienen en común el fanatismo por esta serie de su infancia.

Carnet de socio del programa de Canal Sur. | TWITTER

Rescatando recuerdos

La cadena autonómica andaluza apostó por este anime que se estrenó en Japón en 1999 y que acabó sumando un total de 201 episodios. Doremi se unió a la oferta de la cadena en la que se encontraban títulos como Detective Conan o Rantaró, el Ninja Boy, entre muchos otros. ¿Los pequeños espectadores de entonces, ya jóvenes adultos, tienen nostalgia de esos años? «Yo recuerdo que en mi casa era todo el día Canal Sur puesto en la tele. Me levantaba a las ocho de la mañana y hasta las nueve de la noche que ya cortaban para poner informativos», explica Claudia Alcalá, cordobesa de 21 años. Javi Moles, malagueño de 22, cuenta algo muy similar: «Después de comer ponía La Banda y luego ponía Bandolero, que eso era religión» Esta es para muchos una serie de culto, la cual estaba protagonizada por Juan, que con su banda se dedicaba a luchar contra el tirano gobernador en beneficio del pueblo. Aunque ya no se pueda disfrutar de sus capítulos semana a semana, se han rescatado algunos de sus fotogramas en formato de stickers en la aplicación de mensajería Whatsapp o a través de memes en redes sociales como Twitter.

La amistad que mantenían entre sí los personajes era el eje central de muchas de estas series infantiles. Una de las más queridas era la que narraba las aventuras de un robot azul futurista que no podía vivir sin su bolsillo mágico. «Yo vivía por y para Doraemon, me encantaba», recuerda Pili Jiménez, de 21 años. Esta serie codiciaba uno de los primeros puestos en el ránking de popularidad junto a Rantaró, el Ninja Boy. «Estaba muy enganchada», cuenta Andrea Chacón, de 21 años. Pero no solo eran los niños los que se quedaban embobados ante el televisor. Andrea bromea sobre cómo aficionó a su abuela María a Detective Conan: «Muchas veces lo veía en casa de mi abuela (...) Acabé enganchándola. Incluso cuando yo no iba a su casa lo veía ella y al día siguiente comentábamos los capítulos».

Todas estas series japonesas forjaron, de algún modo, nuestras personalidades de entonces, una época en la que los patios de los colegios se llenaban de niños y niñas gritando «transformación», «virtualización» (como en la serie Código Lyoko) o el conjuro pirika pirilala (como las protagonistas de Doremi).

Aún a día de hoy, quedan sensaciones de aquellos años. Alejandra Daza, de 21 años, lo justifica: «En Andalucía el 90% de los niños hemos salido otakus porque es lo que había en Canal Sur (...). Ha tenido mucho impacto». Son cada vez más las personas que hoy en día se autodenominan otakus, o lo que es lo mismo, aficionados a la animación asiática.

Cultura japonesa

Bernabé Naharro es el responsable de las redes sociales de la Librería Luces y forofo de la cultura japonesa. Reconoce el auge de la popularidad de los animes y mangas nipones: «Ahora es indiscutible que hay un boom (...). Cuando se publica tanto es porque hay una demanda» Asimismo, explica que la pasión de los jóvenes es notable: «Solo tienes que ver la cantidad de anime japonés que tiene subtítulos hechos por aficionados».

Naharro señala que muchas de las series que emitía el canal autonómico son hoy consideradas de culto: «Canal sur es un fenómeno que es indiscutible, a día de hoy hay tiendas de manga que venden mucho merchandising de eso». El responsable de las redes sociales de Luces anticipa que la demanda de estos contenidos seguirá creciendo así como lo hará la cultura coreana a través de su música, conocida como K-pop y sus telenovelas, los doramas.

La Asociación Mibu, para los malagueños aficionados al manga y al anime, también percibe esa inquietud por parte de sus socios, pues sus eventos con mayor repercusión son las quedadas de K-pop. Carlos Mendez, su tesorero, explica en qué consisten: «Montamos un altavoz en un teatro para escuchar música y bailar».

La fiebre por Japón de principios del siglo XXI aún continúa y la ilusión de los que ya no son tan niños pervive: «Yo me hice el carnet de La Banda y lo sigo teniendo en mi cartera», ríe Pili Jiménez.