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La Opinión de Málaga

Entrevista King África Cantante

«Soy un rockero que se terminó pasando al lado oscuro»

«Mi música es muy blanca, no me meto con nadie, no ondeo banderas. Solo trato de hacer feliz a la gente. Si King África cumple 30 este año es por esto», reflexiona el argentino

El músico Alan Duffy, más conocido como King África. | ELISENDA PONS

La bomba, inevitable en algún momento del verano, fue escrita y compuesta por el boliviano Fabio Zambrana Marchett. Pero la explosión vino con King África, que ha pasado de rey del chiringuito a perejil de las fiestas de influencers como María Pombo. Detrás está Alan Duffy (Buenos Aires, 1971), alguien muy distinto al de las túnicas tribal style y los tocados de comparsa. Un hombre que estudió ingeniería electrónica, cita a Schopenhauer en su Instagram y le gusta el rock and roll.

Todo el mundo conoce a King África. Casi nadie a Alan Duffy.

De Alan siempre cuento lo justo. He visto que, cuando sale a la luz un detalle privado de la vida de, por ejemplo, un deportista de élite, se empaña su reputación. Mi música es muy blanca, no me meto con nadie, no ondeo banderas. Solo trato de hacer feliz a la gente. Si King África cumple 30 este año es por esto.

¿Qué les hermana?

Somos los dos buena gente.

Déjeme indagar un poco. Su madre fue bailarina de tango.

En realidad fue profesora de Geografía y, cuando se retiró, se puso a dar clases de tango. Aún hoy, octogenaria, baila elegante.

¿De ella le viene el gusto por la música?

Viene de un tío que tocaba la guitarra clásica. Me gustaba verle ensayar. A los 7 años empecé a estudiar y me convertí en el caradura que cerraba las funciones de secundaria. En 1982, cuando la guerra de las Malvinas, se dejó de escuchar música inglesa y empezamos a mamar rock argentino.

Fito Páez, Soda Estéreo, Charly García, Los Rodríguez...

Sí. Y un día un amigo me dio el primer disco de Police, Outlandos d’Amour. «Escuchá esto, está buenísimo», me dijo. Alguien me oyó cantar Police y me invitaron a formar parte de una banda, Mondatta –Zenyatta Mondatta fue el tercer álbum de los británicos–, que acabaría tocando en el Hard Rock de Buenos Aires, en el de México.

¿Qué truncó la vía rockera?

Trabajaba en el sello argentino Oíd Mortales haciendo jingles para anuncios de televisión y radio. Un día, cuando la pachanga volvía a cobrar fuerza, me llamaron explicando que querían reflotar el proyecto King África. Me preguntaron si me interesaba y dije que sí. «¿Cómo vas a hacer eso?», me dijeron los chicos de la banda. El bajista se enojó conmigo. Yo pensaba grabar un disco y punto, pero me pasé al lado oscuro.

Acabó siendo el archienemigo de George Dann.

¡Jamás lo fui! Cuando llegué a España, a finales de los 90, todo el mundo me decía: «Eres el nuevo rey del verano, has destronado a Georgie Dann». No tenía ni idea de quién era. Me puse a indagar y vi que era un gran clarinetista de jazz. Lo respetaba mucho. Su historia se parecía a la mía.

¿Se conocieron?

No. A mi mánager se le ocurrió hacer un show con los dos reyes del verano y no quiso. Era como si creyeran que venía a robar su sitio.

¿Cuál es su defensa de la pachanga?

Un disc jockey amigo suele decir: «Somos todos muy dignos y muy indies hasta que pasa la primera charanga». Nadie bailó La Bomba pero todo el mundo la conoce.

¿No está harto del «suavecito, suavecito»?

¿Por qué seré recordado? ¡Por La Bomba! Es el sello de King África.

¿La canta en la intimidad?

Lo que no canto en el escenario. En reuniones de amigos, rock de los 80 y 90.

¿Nunca sintió nostalgia de lo que pudo ser y no fue?

Lo que hizo Sting ya estaba hecho. Hay millones que cantan bien y quedan en la nada. Hacer algo que te distinga es difícil. Y King África me ha dado la oportunidad. Me divierte disfrazarme, disfruto con los viajes. Pero, ¿sabe qué es lo más importante?

¿Qué?

¡Conocer mundo! Mi madre tuvo la oportunidad de dar la vuelta al mundo y siempre me decía: «Tienes que viajar, Alan». Nunca imaginé que acabaría en Kobe, en Japón, donde escogieron La Bomba para una campaña de limpieza de las playas y acabé haciendo una gira de 25 días.

Ahora las influencers se lo rifan...

La gente se ha puesto a revivir lo que les hizo feliz en su infancia. En 2020, María Pombo, que organizaba el Suavefest en Formigal, me invitó a participar en un vídeo promocional. Llegó la pandemia y no lo pude hacer hasta este año. Tuve una conexión con ella y su familia. Son muy gente buena. Acabé siendo la sorpresa en la boda de su hermana Lucía.

Se anima a tocar en pueblos, en centros comerciales...

Yo hago lo que sea, donde sea. Lo aprendí del presidente de la discográfica argentina. «No hay tele, radio o diario pequeños, porque nunca sabes quién te está viendo, oyendo o leyendo», me dijo. Y yo añado, no hay pueblo pequeño. El día que no me divierta, me dedicaré a pinchar música.’

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