En este mundo de dudas, dilemas y casi nulo consenso, hay pocas certezas; una de ellas es que Pepe Romero es el mejor guitarrista clásico del mundo, un hombre que, con más de 70 años de carrera, sigue impartiendo magisterio con sus dedos prodigiosos. El malagueño, afincado en EEUU desde hace décadas, vivió anoche una de las veladas más especiales de su carrera: regresó a su tierra y ofreció un concierto nada más y nada menos que en la plaza de toros de La Malagueta.

Con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Málaga (bajo la dirección de su titular, José María Moreno), Romero interpretó el inmortal Concierto de Aranjuez (la pieza maestra de Joaquín Rodrigo que el malagueño ha llevado a cotas de excelencia absoluta) y también cómo no, el Concierto de Málaga, del compositor, guitarrista y padre de Pepe Romero, Celedonio Romero. Esta pieza en concreto fue el perfecto ejemplo de este viaje a las raíces con que se puede resumir el recital de anoche en La Malagueta. «Una carrera musical se nutre mucho más desde las raíces, apreciarlas y valorarlas es clave. De hecho, forman parte de lo que es dicha persona, ayudan a conocerla mejor y saber realmente cómo es su obra», suele decir el guitarrista. Tuvo que disfrutar mucho de su reencuentro malagueño en la plaza de toros, desde luego.

Pero el recital fue mucho más que una actuación con una connotación sentimental. Sirvió también para inaugurar el Pepe Romero Guitar Festival, una ambiciosa iniciativa que traerá a un buen número de prestigiosos guitarristas nacionales a diferentes espacios de Málaga.