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Ana Bernal Triviño se vale de Lorca para denunciar cómo la mujer sigue sojuzgada

La profesora de universidad malagueña y popular feminista vuelve a convocar a los personajes femeninos del poeta granadino en la segunda entrega de su trilogía literaria, titulada 'Los hombres de Federico'

La profesora y escritora malagueña Ana Bernal Triviño, en un hotel de Barcelona. ricard cugat

La sombra de Federico García Lorca es alargada. Su figura llega hasta este 2022, impulsada por admiradores y lectores, a través de nuevos montajes, revisiones, canciones, ensayos y libros de viajes y ficción que lo traen de vuelta desde otras perspectivas. La última, la firma la profesora universitaria Ana Bernal Triviño (Málaga, 1980) toda una experta en violencia de género, con la colaboración de la ilustradora Vanessa Borrell, en arte Lady Desidia. El año pasado la pareja convocó en el volumen Las mujeres de Federico, un aquelarre benéfico en el que los personajes femeninos del granadino más universal tomaban conciencia de su situación de víctimas y, en un giro pirandellliano, se citaban con su creador en la Huerta de San Vicente. Todo un exaltado y luminoso ejercicio de sororidad. Un año más tarde, Los hombres de Federico (Lunwerg) trae, de la mano de las mismas autoras, la continuación de aquella propuesta que no cede la palabra a los personajes masculinos de García Lorca como pudiera parecer. La palabra la siguen teniendo ellas, Yerma, La Zapatera o Doña Rosita, decididas ahora, y no sin miedo, a enfrentarse a los requerimientos de unos hombres amenazantes que marcaron sus vidas con la violencia. De ahí que los tonos de los dibujos de Borrell sean profundamente rojos y el perfume del relato adquiera un carácter más ominoso. La autora piensa cerrar pronto una trilogía con el tercer volumen, Vuelve Federico.

«He querido contraponer las vidas de estas mujeres con la actualidad -explica la autora en Barcelona, sede de UOC en la que enseña- y quería trasmitir cómo tras la euforia del descubrimiento del ideal feminista, suele percibirse la dificultad de materializar esos deseos en una sociedad que no deja de poner obstáculos a la mujer». Más acción y más personajes que en la primera entrega, esta segunda trae voces femeninas con una mayor complejidad. Es el caso de Bernarda Alba, la mujer que impone con fuerza castradora los valores de la España más negra. «Bernarda ya aparecía en la primera entrega pero aquí la enfrento a un personaje nuevo para mí, la madre de Novio de Bodas de sangre. La dos son viudas y un símbolo patriarcal potente pero me ayudan a profundizar en la idea de que para ellas no es lo mismo haber educado a hembras que a varones. Y es que nadie nace machista o feminista, por el hecho de ser hombre o mujer».

A Bernal no le cuesta nada trazar un paralelismo entre esas mujeres sojuzgadas de principios del siglo XX y las mujeres de ahora, las de un siglo después. «Hay un dibujo de Vanessa que ilustra muy bien la percepción de la mujer amenazada y es aquel en el que los habitantes del pueblo rodean a una de ellas con antorchas para aleccionarla públicamente porque ha infringido las normas sociales. Yo no veo diferencia con el modo en que determinadas mujeres actuales, la víctima de la Manada por ejemplo, han sido enjuiciadas y acosadas en las redes sociales por haberse atrevido a romper el silencio», dice en un momento en el que las descalificaciones machistas están llegando al Parlamento con mucha virulencia de la mano de la ultraderecha.

Y claro que es consciente de que atreverse a transitar los caminos que abrió Lorca tiene algo de arriesgado, y puede parecer presuntuoso. Ella lo explica como un acto de amor: «Mi vida está vinculada a Federico». Pero también, la profesora que lleva dentro, ofrece otra explicación: «Esto podría haber sido un ensayo, como otros que he escrito pero yo quería llegar a un público más amplio y eso la ficción te lo facilita». No está esta intención muy alejada de la idea popular y democrática que Lorca tenía de la cultura.

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