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Pierre Lemaitre Escritor

«El estafador y el escritor te hacen creer en una realidad que no existe»

Aclamado ganador del premio Goncourt con la celebrada Nos vemos allá arriba, el autor, que siempre recalca que no es un intelectual sino un contador de historias, regresa con El ancho mundo, novela en la que revela las miserias de la colonización francesa en Indochina y con la que inicia un ciclo que esta vez será una tetralogía

El escritor francés Pierre Lemaitre, que acaba de publicar ‘El gran mundo’. EFE

Pierre Lemaitre (París, 1951) pasó de ser un autor de excéntricas novelas policiacas, codiciado por una minoría, a aclamado ganador del Goncourt con la celebrada Nos vemos allá arriba, una novela popular que renovaba los postulados del viejo folletín y de paso relataba con malicia y mucha picaresca episodios no excesivamente gloriosos de la historia de Francia desde el disparadero de la guerra del 14. Aquel libro dio lugar a otros dos que, en un ejercicio a la Balzac, llevaron la acción al periodo de entreguerras y más tarde a la desbanda de la población en la Francia ocupada en los primeros años de la segunda contienda mundial.

Ahora, con El ancho mundo (Salamandra / Bromera) situado en 1948 inicia un ciclo que esta vez será una tetralogía con una mirada panorámica que traslada al lector al Beirut tutelado por Francia y, especialmente, al Saigón colonial, capital de aquel absurdo que fue la Indochina francesa y que con los años conoceríamos como Vietnam. La novela, todo un éxito en Francia, llega esta semana a las librerías. Y una advertencia, pese a que no huye a expresar sus ideas, Lemaitre, que ahora reside en Burdeos donde se realiza la entrevista, recalca que no es un intelectual, que lo suyo no es teorizar sino contar historias.

Siguiendo la cronología de sus anteriores novelas, esta se localiza tras la Segunda Guerra Mundial, pero no por ello deja de situarse en el trasfondo de un nuevo conflicto, el de Indochina.

Sí, aquí estamos en pleno periodo de guerras coloniales. La historia de El ancho mundo muestra un escándalo no muy conocido, el caso de las piastras que equiparó artificialmente la moneda local al franco y propició gracias al cambio ganancias fraudulentas porque en realidad no valían lo mismo. Fue una ruina para el Estado francés pero algunos pillos se enriquecieron.

A través de sus novelas podría deducirse que la de Francia es una historia de estafadores.

Bueno, hay ladrones en todos lados, eso no es privativo de mi país. Pero sí, se puede decir que históricamente la política europea ha favorecido en general a bribones y estafadores.

Y a usted le gustan especialmente los timadores.

Tengo una cierta predilección, lo confieso. Son buenos personajes y me permiten escribir historias interesantes. Además puedo lanzar una mirada general a la historia de Francia desde una perspectiva que quizá algunos tildarán de marxista. Los estafadores establecen atajos, poco éticos de acuerdo, en la eterna lucha entre ricos y pobres. Esto era cierto en 1919, en 1946 y lo es ahora cuando el reparto de la riqueza sigue sin tener una solución aceptable.

¿Se podría decir que un escritor en el fondo tiene algo de timador, especialmente si maneja los resortes del misterio?

Tanto el estafador como el escritor construyen historias para hacerte creer una realidad que no existe. Leo a Proust o a Victor Hugo y me hacen creer que Swann y Jean Valjean, puras invenciones, existen de verdad. Así que el novelista es alguien que miente, que te tima, que te hace un truco de magia y que tú aceptas porque te fascina.

¿Cuál fue el mayor error de los franceses en Indochina?

Los franceses conocían la guerra de trincheras y la guerra de desplazamientos pero no la de guerrillas. Frente a aquello no tenían la menor capacidad de actuación por mucho que contaran con centenares de soldados desplazados. Así que intentaron comprar sin éxito, de ahí el caso de las piastras, lo que no podían detener militarmente. Aquella fue una modalidad bélica que nadie conocía provocaba muchas muertes y desgaste y además los vietnamitas son un pueblo incansable.

No hay demasiada literatura, a excepción de algunas novelas de Marguerite Duras, que nos hable de la Indochina francesa. ¿Por qué?

Como novelista me parece más interesante preocuparme por los periodos menos explorados. La de Indochina fue una guerra que quedó eclipsada por la guerra de Argelia, más convulsa para la ciudadanía porque la hizo la gente corriente y en la que los soldados eran los chicos que cumplían el servicio militar, hijos y hermanos. En cambio, en Indochina la contienda fue profesional. No se reclutó a nadie y por lo tanto se percibió como lejana y abstracta. Es como si no hubiera afectado a los franceses.

En todas sus novelas las guerras se muestran como una oportunidad de negocio.

Es que eso es lo que son. Todas las guerras modernas son producto del capitalismo.

¿Francia necesita reflexionar sobre su pasado colonial?

Aquel fue un periodo de mala conciencia del que no nos gusta mucho hablar y que dista mucho de haber terminado porque vivimos aún en una Francia que todavía se percibe como poscolonial y que por lo tanto no hemos resuelto. Nuestro país se ha alimentado de oleadas de inmigración y hoy conforman la mitad de nuestra población eso es una realidad.

No había más que ver la selección francesa en el reciente mundial, casi todos franceses de origen africano.

El fútbol es una catapulta para los más desfavorecidos y eso habla del malestar provocado por los excesos de la colonización: la pauperización de las poblaciones inmigradas. Hoy en Francia quienes tienen mayor voluntad de salir adelante son los inmigrantes y sus descendientes. El futuro está con ellos.

¿Y respecto a sus países de origen? ¿Qué ocurrirá ahí?

No por casualidad la mayoría de los países pobres fueron colonias. Las metrópolis destruyeron mucho en su afán colonizador pero hoy hay una imposición nueva que nos afecta a todos, el calentamiento global. La única salida es reequilibrar los países pobres y ricos para afrontar el peligro con políticas de consenso. Así que lo que no logró la colonización posiblemente lo arregle la urgencia frente al cambio climático.

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