«En la carretera la mayor trampa que hay es la propia forma de conducir de la gente», dice Luis Ángel Maté, el ciclista costasoleño más importante del pelotón internacional, que terminó en el puesto 23 la pasada Vuelta a España 2020 y que este año recién iniciado estrena equipo en las filas del Euskaltel vasco. El ciclista marbellí indica que lleva toda su vida montando en bicicleta y que para él entrenar es un "desafío constante". Y es que "son muchos los conductores que no se dan cuenta de que el de la bicicleta es una persona, no un trozo de cartón". El ex del Cofidis asegura que hay mucha falta de empatía con su colectivo: "El coche te pasa rozando a una velocidad que parece un proyectil".

Este problema no es exclusivo de ciclistas profesionales, también de esos cientos de amateurs que cada fin de semana salen a las carreteras a hacer un poco de deporte con sus bicicletas y también a los que se montan en sus bicis de montaña para entrenar o simplemente hacer ejercicio por senderos y caminos de montaña, libres de semáforos y de coches, pero también con decenas de trampas de todo tipo.

David Valero, bronce europeo en 2018 y cinco veces campeón de España en mountain bike, indica a este medio que, a su juicio, "los españoles son más conscientes del riesgo al que se someten los ciclistas cada día"., respecto a otros países en los que ha competido.

El malagueño Ismael Romero, subcampeón de Andalucía y tercero de España en la categoría sub23 de mountain bike, explica a La Opinión de Málaga uno de sus desencuentros con un conductor imprudente: "Yo circulaba en sentido descendente y un coche hizo un giro incorrecto por lo que salté por lo alto". Romero cuenta que se salvó ya que pudo frenar a tiempo.

Los cables cruzados en senderos, pinchos y puntas metálicas semienterrados en el suelo, piedras o troncos en mitad de los caminos son algunos de los obstáculos a los que se tienen que enfrentar los deportistas de montaña. La malagueña María Ruiz, campeona de Málaga y subcampeona de Andalucía en la modalidad de rally, asegura que con suerte, lo que puede pasar es que el ciclista se caiga pero "hay veces que los daños son peores".

Ruiz indica que se ha encontrado con numerosas trampas, aunque con fortuna no ha terminado en desgracia: "Suelen poner pinchos semienterrados en la tierra hacia arriba para rajarnos las ruedas; y cuerdas atravesadas de un lado a otro en las bajadas". Ismael Romero aporta más datos de su propia experiencia en la zona donde entrena: "Los riesgos más frecuentes son piedras y ramas colocadas de forma estratégica que puede llegar a causar grandes problemas".

Otro problema habitual que se suelen encontrar es que hay perros sueltos alrededor de las fincas privadas. Ambos ciclistas coinciden en que estos animales han salido detrás de ellos aunque no les ha llegado a morder. No obstante, Romero declara que una compañera si llegó ha sufrir el mordisco de un perro.

Cuando se les pregunta el porqué de las trampas, Romero no duda en responder: "Las trampas suelen ponerlas los dueños de las fincas que no quieren que pasen las motos y les destrocen el terreno. Al final, pagamos justos por pecadores". Este joven deportista indica que las personas que ponen estas peligrosas "trampas" deberían de ser un poco más empáticos, "pero eso ya no podemos controlarlo nosotros".

Valero considera que es necesario aumentar las campañas de concienciación ya que "todo lo que se haga es poco" para abolir este problema. Ismael Romero, por su parte, incluye que "habría que hacer más hincapié para que respeten el metro y medio que es el mayor problema que nosotros tenemos con el resto de vehículos que van por las carreteras". Maté concluye que otra de las claves para conseguirlo, que es la educación desde pequeños: "Primero pedagogía y después sanción".

No se puede negar que los ciclistas son siempre el eslabón más débil. Evitar accidentes que suelen tener consecuencias trágicas para ellos y buscar lugares cada vez más seguros para sus entrenamientos o, simplemente, sus paseos, debe ser un objetivo de todos para este 2021.