El confinamiento abrupto decretado durante la primera ola de la Covid-19 encerró a las familias en sus hogares y extendió la convivencia a las 24 horas del día. Sin trabajo presencial, ni estudios, ni compromisos fuera de casa, todos los miembros de una unidad familiar pasaron más tiempo en común que prácticamente nunca antes. Y se observaron.

Así es como se descubrieron un gran números de casos de Trastornos de Conductas Alimentarias (TCA) hasta entonces escondidos o pasados por alto. Según alerta Adaner Málaga, desórdenes como la anorexia y la bulimia han aumentado en más de un 40% durante la pandemia. El hallazgo de estos trastornos durante la pandemia atañe principalmente a niños de entre 11 y 16 años, siendo sus padres los que los han detectado.

«Podemos decir que gracias a la pandemia las familias se han dado cuenta de que algo sucedía», explica Rosa Sanz, presidenta de Adaner Málaga, que añade que las familias que han acudido a la asociación llegan en una situación «límite».

«Ha sido un desastre a nivel familiar. Tú averiguas que a ese familiar algo le ocurre pero ¿dónde lo llevas? La impotencia que tienen los padres es tan alta que hasta necesitan de asistencia psicológica». La asociación sospecha que ese porcentaje puede ser mucho mayor, de hecho, podría incrementarse a medida que se recupere la presencialidad en los servicios.

«Al saber que no nos podían ver porque lo estábamos haciendo online a lo mejor no se detectaban los casos, pero ahora mismo que ya se han abierto las restricciones, nosotros estamos totalmente desbordados», explica la presidenta de Adaner Málaga, una entidad que se apoya principalmente en el voluntariado para realizar su labor.

Sanz subraya que la pandemia no les ha permitido formar a nuevos voluntarios y aumentar su red pero cada vez hay más personas que acuden a ellos pidiendo ayuda. «Si antes podíamos atender 70 casos, al no haber formaciones no podemos atender 100», ejemplifica la presidenta.

«La impotencia que tienen los padres es tan alta que hasta necesitan de asistencia psicológica»

Sin atención integral

En el Día Mundial de Acción por los Trastornos de la Conducta Alimentaria, la asociación TCA Andalucía informa de que en la comunidad autónoma hay unas 70.000 personas con anorexia, bulimia u otro TCA, aunque afecta a más de 200.000 personas si se tiene en cuenta su núcleo familiar directo.

«Si no se recibe un tratamiento temprano y eficaz, el avance de la enfermedad supone un deterioro irreversible para las propias familias, en las que se producen separaciones, divorcios, hermanos que desarrollan otros problemas de conducta, que abandonan los estudios, bajas laborales continuadas, renuncias al trabajo remunerado y al desarrollo profesional, especialmente, por parte de las madres, tratamientos privados con un coste inasumible», denuncia Patricia Cervera, la presidenta de TCA Andalucía, en un manifiesto leído en el Parlamento andaluz con motivo de la efemérides. «Familias completas que han sido olvidadas por quienes tenían la obligación de actuar para prevenir, proteger, y cuidar».

Cervera reitera que los desórdenes alimentarios requieren una atención sanitaria multidisciplinar que incluya psiquiatras, psicólogos clínicos, nutricionistas, endocrinos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y personal de enfermería y auxiliar con una formación especializada. «Los casos más graves requieren una hospitalización completa para luego pasar a un régimen de hospital de día y, posteriormente, consultas ambulatorias».

Sin embargo, la presidenta de TCA Andalucía lamenta que aunque la Junta inauguró en 2019 dos Unidades de Referencia para Trastornos de Conducta Alimentaria en la Comunidad, la primera en Málaga -Hospital Regional- y la siguiente en Granada, aún no están completas ya que no cuentan con área de hospitalización, solo consultas externas y hospital de día. Por tanto, cuando un paciente requiere ser ingresado es derivado a otras áreas hospitalarias.

Según informan fuentes del Hospital Regional a este periódico, el proyecto para integrar el área de hospitalización en la UCTA «está en fase de elaboración y se comenzará con las obras en los próximos meses para su apertura definitiva».

«Si no podemos prevenir, al menos, estamos obligados a dar una respuesta rápida, a través de la detección precoz y un tratamiento temprano; sobre todo, porque está demostrado clínicamente, y sustentando con evidencias científicas, que un abordaje multidisciplinar y a tiempo en estas Unidades Especializadas, predice un alto índice de éxito en la curación de la misma», añade Patricia Cervera.

Por su parte, Adaner denuncia que hay pacientes que se quedan en el camino a lo largo del proceso de derivación desde Atención Primaria a Salud Mental y hasta la UTCA (Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria).

«A mí me parece muy bien un sitio de referencia para qué, ¿para que lleguen todos los casos o solamente para los que tengan la suerte de llegar? Esa es nuestra demanda. Si a mí me dan un sitio de referencia, que no me quede por el camino», concluye Rosa Sanz.