Esta semana Málaga ha sido presa de un enorme tsunami político: un maremoto de muchos grados y de profunda intensidad que ha descolocado a los soldados de ambas trincheras ideológicas, un acuerdo entre el equipo de gobierno de la capital, conformado por el PP, una edil de Cs y un concejal no adscrito, y el PSOE. A cambio de la abstención de los segundos, los primeros invertirán 40 millones de euros en vivienda, empleo, políticas sociales o infraestructuras en los barrios. Lo cierto es que para evitar dar el sí, algo que nunca se plantearon, los ediles socialistas también incluyeron varias reivindicaciones inasumibles para el PP: la eliminación de la plusvalía por herencia, de la zona azul en Huelin y Cruz de Humilladero o la celebración de dos consultas populares sobre la Torre del Puerto y el futuro de la parcela del Astoria. El PP sabía que no iba a obtener un sí, pero al final todos contentos: el teniente de alcalde de Economía y Hacienda, Carlos Conde, satisfecho por sacar las cuentas de 2021 con solo un partido en contra, el grupo de Podemos e IU (en principio), y Alicia Murillo, edil socialista, logra colocar varias propuestas del PSOE como los planes de empleo o la reformulación de los programas de ayuda al alquiler, asuntos que hacen ciudad y que van a ayudar a quienes lo pasan mal. Podría haber sido un plan más ambicioso, pero al menos es un acuerdo y ese pacto, cuando las orillas ideológicas en España y Andalucía, la fractura política entre la izquierda y la derecha y sus diferentes partidos es tan profunda, cuando las posturas son casi irreconciliables, es un grito en un mundo repleto de gente incapaz de escuchar: los dos partidos de siempre, el PP y el PSOE, los representantes del bipartidismo y garantes de la Constitución del 78, los que crearon la crisis sistémica en la que nos hallamos por su inacción o errores y motivaron el nacimiento de Podemos de los rescoldos del 15M, de Vox por el ala derecha del PP y de Ciudadanos por el centro liberal, han vuelto por donde solían y se llevan la foto y el aprecio de sus líderes en Sevilla y en Madrid.

El pacto ha gustado en Ferraz y en el entorno de Susana Díaz, y también el alcalde, que lo ha impulsado junto a Dani Pérez, se siente contento con el mismo. Dicen los que saben de política que la situación complicada es para IU y Podemos, con los que ha habido dos intensas reuniones esta semana, porque no van a participar en la aprobación de unas cuentas que Conde define como «expansivas» y que son las de la reconstrucción económica y social de la ciudad, y hay quien, con malicia ironía, señala a Noelia Losada, edil naranja, como otra de las víctimas involuntarias del acuerdo porque ahora, usando la geometría variable tan cara para Zapatero, Ciudadanos deja de ser vital para los planes del equipo de gobierno (no tengo yo tan claro eso). Son interpretaciones recabadas esta semana que este cronista no asume, sólo expone.

Para fuentes populares hay más lecturas: en cuanto a lo de Losada, es una china en el zapato para ella porque es quien, por ejemplo, vendió su capacidad de consenso con el tema de los carriles bici. «Ha estado evitando muy bien todos los charcos como la zona azul, el carril bici y otros». Y es una oda al bipartidismo bien entendido: «Los dos grandes partidos deben copiar esto en otros ámbitos, la realidad es que la gente está muy cansada de los dos. Y esto es un guiño para Madrid y Sevilla». Y hay otra lectura evidente: el alcalde, Francisco de la Torre, vuelve a sorprender por su habilidad política y se reivindica. «Quiere repetir e interesa que repita, así no le cuelan a nadie, eso no le interesa al partido». «Es un movimiento del alcalde para reivindicarse, para seguir siendo distinto al resto. Ahora esto es lo que se necesita y se demanda a Casado y Sánchez». Fuentes cercanas al PSOE aseguran que este es un ejemplo de «apertura de miras, de que se pueden llegar a acuerdos pese a las diferencias ideológicas, un acuerdo en cuya negociación no haya líneas rojas».

En la izquierda el acuerdo se lee como una trinchera incómoda para Podemos e IU. «Ahora, si te parece tan mal, vas a tener que votar en contra». Y hay otra lectura interna: es Daniel Pérez el candidato en las próximas municipales, un aviso para navegantes, algunos de los cuales se agitan inquietos en aguas tranquilas contando las hojas del calendario con ansia y ambición, esperando la llegada de las municipales de 2023. «Nuestra idea es que después de Paco de la Torre viene Dani: es una victoria útil para ambos», nos dicen. Sobre el particular, Nicolás Sguiglia, de IU y Podemos, relata: «Nos sorprende el anuncio de abstención del PSOE sin llegar a haber visto todavía el proyecto de presupuestos definitivo y porque, a pesar de que se han anunciado algunas mejoras con respecto a ejercicios anteriores, las partidas para atender las necesidades surgidas a consecuencia de la pandemia son insuficientes en muchos aspectos. Es arriesgado que con la abstención se avale el proyecto del alcalde en lugar de contribuir a construir una alternativa».

Conde, por su parte, considera el acuerdo un hito histórico. «Hemos invertido más tiempo en su aprobación porque la ciudadanía esperaba esto, hemos dejado aparte el tacticismo, hemos salido de las trincheras. Hemos sacrificado ese tiempo de negociación, sin líneas rojas». Varias fuentes coinciden en la tesis de que el bipartidismo se reivindica. Y vaticinan que el pacto va a ser usado a nivel nacional por los dos grandes partidos. Y Cs también opina: «Allí donde Cs es determinante y conforma gobiernos solventes el diálogo y la negociación se llevan al máximo. Agradecemos al PSOE su responsabilidad sumándose a unas cuentas que, por ser estratégicas, llevamos meses trabajando».