A muchos europeos nos sorprende que un país tan rico y avanzado como Estados Unidos no dé cobertura sanitaria gratuita a todos sus habitantes o que, pese a ser la cuna de las grandes tecnológicas, su sistema de contabilización del voto en cada cita electoral se encuentre en el Neolítico, comparado con el que tenemos en España.

Las contradicciones son el pan de cada día en la vida. También en Málaga llama la atención que un barrio como El Limonar, con la etiqueta de ser el que más renta tiene y el que disfruta de los mejores servicios (algo que cuestionan muchos de los que allí viven), tenga a estas alturas del siglo XXI un arroyo que atraviesa el barrio con un tramo al mismo nivel que la calle.

Como resultado, con cada lluvia intensa el arroyo se desborda y recorre las calles del Limonar con la facilidad con la que las hojas de los árboles se caen en otoño. No hace falta ninguna conjura hidráulica para que el arroyo de la Caleta se salga de madre, tan sólo que el cauce sea un poco más ancho de lo habitual.

No es magia: ningún elemento de seguridad separa el cauce a su paso por las calles Ramos Marín y San Vicente de Paul, algo que desde luego no es la tónica general en el casco urbano de Málaga, y más, estando el arroyo tan próximo a la desembocadura.

Eso sí, en los últimos años, después de mucho tiempo insistiendo, la Asociación de Vecinos Limonar Caleta logró que se hicieran obras en el cauce para que la probabilidad de desbordamiento bajara unos enteros, pues en 2012 el agua se paseó como Pedro por su casa por las calles del barrio y también era llamativa, hasta hace poco, la acumulación de tierra bajo los puentes.

El riesgo ha bajado, felizmente, pero la incertidumbre de una tromba extraordinaria sigue ahí y si se produjera, El Limonar volvería a quedar pingando.

El único elemento racional en este arroyo sin medidas de seguridad en uno de sus tramos ha sido la instalación de sólidos cubos de hormigón en las dos calles mencionadas, porque era inveterada costumbre la de aparcar en el cauce, con lo que algún coche aparecía aparcado en el Mar de Alborán, tras alguna tromba seria.

Eso sí, un cartel de la Junta advierte al personal de que «Queda totalmente prohibido el estacionamiento y ocupación del D.P.H. (Dominio Público Hidráulico) bajo denuncia y sanción por la Ley de Aguas».

Ni que decir tiene que los conductores se saltan a la torera el cartelito y, técnicamente, siguen aparcando en mitad de este cauce con un tramo a medio domar. Que luego no se quejen.