¿Cómo sería estar confinados de por vida?, ¿vivir en permanente estado de alarma, aislados en casa desde el nacimiento hasta el final?

Rocío Calderón, concejala de IU en el Rincón de la Victoria y madre de Luca, un niño de 6 años con autismo, ha querido contar cómo han vivido sus respectivos confinamientos durante el estado de alarma tanto su hijo como Sandra, una amiga de Luca, también con autismo. El objetivo, dar más visibilidad a este trastorno y concienciar a los lectores acerca de que «estar viviendo con el Covid-19, que tiene fecha de caducidad, es lo que viven estos niños durante toda su vida», cuenta la autora.

‘Confinautismo. Viviendo con la TEA’ (iniciales de Trastorno de Espectro Autista) es el título del cuento, editado por Anáfora e ilustrado por Esther Martínez, que, al igual que la autora, no han cobrado por su trabajo. La obra está a la venta por 8 euros y el importe irá íntegro al Centro Pinares de Autismo Málaga.

Apoyo de Javier Gutiérrez

Además, cuenta con un patrocinador muy especial, el protagonista de ‘Campeones’ Javier Gutiérrez, que tiene un hijo autista. «Le propuse colaborar y me dijo que contara con él. De hecho, acude a Málaga a actuar en el Teatro Cervantes a finales de mayo y me ha propuesto un acto para difundir el cuento», explica Rocío.

Se trata del tercer proyecto solidario de la escritora y concejala después de ‘Demos la vuelta al ictus’ y ‘Cuentos y poemas que entRETTienen’, a beneficio de sendos colectivos de pacientes con ictus cerebral y niñas con síndrome de RETT, respectivamente, este último, amadrinado por la cantante Vanessa Martín.

El actor Javier Gutiérrez, padrino de la publicación. | L.O.

Como recalca Rocío Calderón, que estudió Audición y Lenguaje en Magisterio antes de tener a Luca, el confinamiento fue «muy duro», porque su hijo estaba acostumbrado a una rutina que saltó por los aires. «Ya no podía ir al cole, ni al parque, estos niños ven cómo su rutina se trastoca y eso les provoca ansiedad, rabietas, depresión... Como nos pasó a todos, hubo que crear nuevas rutinas».

En el cuento también aparece Hugo, el hermano mayor de Luca, que es su gran apoyo. Precisamente, Rocío explicó un día a su hijo mayor que Luca no estaba enfermo: «Él no lo está, lo que pasa es que tarda más tiempo en aprender las cosas». Y durante el confinamiento, Luca sorprendió a la familia aprendiendo nuevas habilidades como beber con pajita o descubrir con gran pasión el tomate frito.

El cuento de estos niños, que expresan sus deseos y acciones por medio de criptogramas, quiere también derribar tópicos, como que los autistas son agresivos o insensibles: «Mi niño es muy besucón y está todo el día con una sonrisa. Son niños muy inteligentes con una gran memoria visual», detalla Rocío. Precisamente, como concejala ha registrado una moción, que explica que quiere hacer propia el presidente de la Diputación, Francis Salado, para que las grandes superficies de Málaga puedan tener un sello de ‘conciencia autismo’ y los empleados reciban un curso para conocer mejor a las personas con autismo y, por ejemplo, tengan atención preferente en las colas en ciertas circunstancias.

Los meses de confinamiento trastocaron nuestra existencia, pero es esa misma situación con la que conviven niños como Luca y Sandra, los protagonistas de un cuento lleno de esperanza.