Apagadas las llamas y desvelado el horror, el veinteañero malagueño Leovigildo García Gómez salió a la calle con su cámara fotográfica para documentar, aquel mayo de hace justo 90 años, la destrucción por las llamas de gran parte de las iglesias y conventos de Málaga, pero también del Palacio del Obispo y del edificio del diario ‘La Unión Mercantil’, en Puerta del Mar.

Sede de 'La Unión Mercantil' en Puerta del Mar. Leovigildo García Gómez

Ocurrió el 11 y 12 de mayo de 1931 en la Málaga que recién estrenaba la II República. El vandalismo irracional, de la mano de la incultura, acabaron en pocas horas con buena parte del Patrimonio Histórico-Artístico que la ciudad había atesorado durante siglos.

Iglesia de los Mártires, mayo de 1931. Leovigildo García Gómez

Más de 120 fotografías se conservan de todos los edificios atacados, gracias al tesón de este malagueño. Una parte, 85 instantáneas, se las entregó el fotógrafo a su buen amigo don Juan Temboury. En la actualidad, forman parte del Legado Temboury y 61 de ellas se encuentran digitalizadas a disposición del público, informa un portavoz del archivo.

Pero la totalidad del álbum sigue en manos de la familia de Leovigildo García Gómez, con algunas imágenes inéditas. E incluso, como explica su hijo Alfonso Carlos García Molina, con unos 500 clichés, de los cuales se podrían extraer fotos de mayo del 31 nunca vistas

Leovigildo García tuvo también el acierto de organizar el álbum con los nombres de las iglesias y conventos incendiados y saqueados, lo que facilita mucho la identificación. Entre las imágenes, el interior de templos ya desaparecidos como la iglesia de la Merced o la de San José de calle Granada.

Iglesia de San José, calle Granada. Leovigildo García Gómez

Lo llamativo es que este metódico y laborioso trabajo, con unas fotografías de gran calidad, no fueron hechas por ningún profesional por encargo de periódico alguno, sino que las hizo un aficionado, (aunque como se puede apreciar, conocía muy bien su labor).

«Mi padre era un artista, le gustaba mucho la fotografía, era socio de ‘Kodak’, una revista en la que colaboraba», explica esta semana su hijo Alfonso.

El malagueño Leovigildo García Gómez (1903-1956) Archivo Familiar

Leovigildo García Gómez nació en Málaga en 1903. Su padre había adquirido los famosos Chocolates La Riojana, con fábrica en la calle Mármoles y oficina en la calle Larios.

Servitas

El joven estudió en el Colegio San Estanislao y más tarde en la Escuela de Comercio de Málaga. Era una persona de profundas convicciones religiosas, como demuestra el que fuera miembro de la Congregación Mariana del colegio de los jesuitas y de la Orden de Servitas, cuya titular, la Virgen de los Dolores, portaba en su trono cada Viernes Santo. 

Visitador médico de profesión, en 1939 contrajo matrimonio con María Pepa Molina, con quien tuvo siete hijos. En cuanto a la afición por la fotografía, la disfrutó desde joven gracias a una pequeña cámara Kodak de fuelle. Además de tomar fotos, también las revelaba y encuadernaba, como el histórico álbum que conserva su familia.

Página del álbum con fotografías de la parroquia de San Juan. Leovigildo García Gómez

Con sólo 53 años, en 1956, falleció tras una larga enfermedad. Su hijo Alfonso lo recuerda como «el más simpático de Málaga, una persona cariñosa con nosotros y de un sentido del humor exagerado».

 A los hijos de Leovigildo García Gómez les gustaría que el valiosísimo trabajo gráfico de su padre pudiera mostrarse algún día al completo en un libro. Una parte de la historia más trágica de Málaga quedó para siempre documentada gracias a él.

El palacio del Obispo tras el incendio y saqueo de mayo de 1931. Leovigildo García Gómez