El patrimonio de Málaga no deja de sorprender. Ahora es el turno de la Cueva de Ardales, donde científicos han constatado el origen humano de las pinturas más antiguas del mundo. Todo apunta a que las habrían realizado neandertales hace más de 65.000 años en las estalagmitas de una de las salas de la cavidad.

José Ramos Muñoz, arqueólogo, catedrático de Prehistoria en la Universidad de Cádiz y director de la Revista Atlántica Mediterránea de Prehistoria y Arqueología a Social, señala que «este descubrimiento supone un cambio en toda la historia de la investigación y abre nuevos planteamientos sobre los neandertales, que eran más humanos de lo que se ha dicho hasta ahora».

El arqueólogo ha publicado docenas de libros y artículos y su trabajo ha sido muy influyente en este hallazgo. Por esta razón, es muy importante conocer qué tiene que decir y valorar todo el trabajo que hay detrás de este tipo de descubrimiento.

«Este análisis ratifica la línea de una mayor humanidad en las poblaciones neandertales. Estos grupos tenían plumas y conchas como elementos decorativos, recogían marisco y peces y utilizaban ocre, algo muy llamativo. Además de elementos artísticos, también poseían un lenguaje articulado para comunicarse y una tecnología de piedras bastante importante. Todo esto eran hipótesis y ahora confirmaciones», añade Ramos.

La Cueva de Ardales modifica toda la Imágenes del arqueólogo José Ramos y de su equipo trabajando en el proyecto de investigación de la Cueva de Ardaleshistoria | JOSÉ RAMOS

Esta investigación también ha contado con la participación de científicos de la Universidad de Cádiz, de la Universidad de Barcelona, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de la Universidad de Burdeos y del Neanderthal Museum de Alemania. Los resultados aparecen publicados en la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Algunos de los protagonistas de este hallazgo son los catedráticos José Ramos (Prehistoria) y Salvador Domínguez-Bella (Cristalografía y Mineralogía) y el científico Pedro Cantalejo, de la Universidad de Cádiz; y los investigadores África Pitarch Martí y Joao Zilhao, de la Universidad de Barcelona. Sin olvidar a las personas que forman sus equipos de trabajo, que aunque sean menos visibles también hay que estimar.

«Es importante valorar que todos estos resultados que están saliendo a la luz son fruto del trabajo de muchos años. Yo mismo llevo desde el año 1987 trabajando con Pedro Cantalejo y María del Mar Espejo, equipo base que empezó con esta investigación. Hemos tenido varios proyectos hasta llegar al hallazgo actual: en 2005, con autorización de la Junta de Andalucía, hicimos inventario de más de 1.000 motivos artísticos, la mayoría signos como puntos, rayas y trazos. En 2011 empezamos el proyecto hispano-alemán con actividades arqueológicas puntuales y, en 2015, iniciamos el proyecto general de investigación, que es donde se marca este estudio».

El proyecto del que habla Ramos se encuentra ahora mismo en fase avanzada. Adelanta que están preparando la publicación de la parte arqueológica excavada, la cual confirma todas las dataciones antiguas. «Tenemos más de 90 dataciones de la cueva de diversas técnicas y vamos a sacar una monografía sobre todos los diversos estudios», agrega el arqueólogo. Otra de las reflexiones que se extrae del hallazgo es la vulnerabilidad ante el cambio climático, al igual que ahora, de estos grupos humanos.

El catedrático de Prehistoria de la UCA lo explica muy bien: «El análisis muestra que hubo fechas de alta y de baja ocupación en la cueva, incluso extinciones. Ahora que estamos en medio de una pandemia mundial podemos ver la semejanza de cómo la humanidad puede ser tan frágil ante el cambio climático. Tenemos que aprender de las lecciones de la prehistoria, por eso nos interesan los modos de vida de estas poblaciones».

El arqueólogo José Ramos es consciente de que este tema es de gran interés y pone patas arriba toda la historia de la investigación de hace más de 100 años. Pero él quiere ir más allá y profundizar en todo lo que ha descubierto con el trabajo de tantos años y el vínculo que ha forjado con la Cueva de Ardales.

Además de las marcas rojas que hay sobre las estalagmitas, las cuales revelan que son resultados de la actividad humana, el catedrático de Prehistoria quiere «destacar su propia ubicación porque están situadas en sitios difíciles de acceder: estrechamientos, gateras, pasos imposibles y en los finales de las alas de la cueva. Creemos que estaban marcando un elemento simbólico, claramente. Aunque, al mismo tiempo, señala una especie de plano, como si fuera un sistema de comunicación, el cual formaría un lenguaje detrás de todo este arte».

Otro tema fundamental que Ramos quiere recalcar es la extensión de la cavidad. «Esta cueva es muy grande, tiene más de 1.500 metros de recorrido. Algunos puntos de la cavidad están en las entradas, pero también hay manchas y signos en las zonas de interior. Para llegar a estos espacios había que entrar con lámparas y hemos documentado algunas hechas con fragmentos de estalactitas partidas que tienen grasa animal y otras grasas de diversos productos preparados al fuego con las que podían entrar y alumbrar lo que quisieran».

El catedrático de Prehistoria en la Universidad de Cádiz manifiesta que «estos elementos de humanización, junto a toda la información extraída de la investigación, vuelven a confirmar que los neandertales no eran tan torpes como tradicionalmente se había dicho hasta ahora».

La Cueva de Ardales tiene más resultados que ofrecer de este descubrimiento

El arqueólogo José Ramos asegura que ahora que se está investigando más históricamente en Andalucía van a salir a la luz grandes sorpresas. También afirma que la Cueva de Ardales será de nuevo protagonista de estos hallazgos históricos por todos los resultados que aún tienen que ofrecer.

«El sur va a dar grandes sorpresas por las condiciones de refugio que siempre ha tenido. Este es un trabajo que necesita tiempo porque se colabora con muchos especialistas: físicos, químicos y arqueólogos, entre muchos otros. A pesar de esto, tenemos varios artículos preparados que en los próximos meses irán viendo la luz con resultados muy sorprendentes. Todo esto tiene una razón, que la vida sale de África. Nosotros somos defensores de la hipótesis del paso del Estrecho de Gibraltar y, bajo esta lógica, los hitos más antiguos van a estar antes en el Sur que en el Norte», añade Ramos.

El catedrático en Prehistoria de la UCA cuenta que están estudiando la fauna que consumían estos grupos, los recursos que utilizaban y la estructura del propio campamento. «Tenemos motivos para pensar que la cueva era un lugar de actividades especiales porque vivían en la entrada de ella, donde ahora se ubican los aparcamientos. Sólo entraban en la cavidad para pintar y otro tipo de tareas». Tras esto, dice que se plantea un debate, «¿esos signos son arte o parte del lenguaje que utilizaban para comunicarse?».