«Todo libro tiene algo». Es la reflexión que regala Antonio Mateos cuando contempla las estanterías repletas de la librería anticuaria que lleva su nombre, la misma que abrió su abuelo en 1938, legado que siguió su padre y ahora él.

Ya se sea lector experimentado o amateur, puede atraerle la encuadernación, la portada, el título, los años... las posibilidades son infinitas y, desde luego, se multiplican cuando se pone un pie en una librería de libros de segunda mano y antigüedades. «Hay coleccionistas, profesores universitarios, catedráticos, de institutos, abogados, médicos... el público es muy heterogéneo», cuenta Antonio, un enamorado de los libro del Siglo de Oro, «en las ediciones lo más antiguas posibles». En su colección de más de 19.000 ejemplares hay manuscritos del siglo XVI hasta ejemplares finales del XX.

Y aunque su vida de librero es solitaria, ya que «los libros requieren estudio y algunos se llevan más de un mes de trabajo», adora que sumergirse en la investigación.

Antonio Mateos, en la librería que lleva su nombre en la calle Esparteros. Álex Zea

«Humildemente pienso que la segunda mano es más sorprendente. La diferencia es que aquí puede haber cualquier cosa de cualquier época y en la primera mano abundan sobre todo las novedades», opina, por su parte, Francisco Soler, propietario de la librería Abadía, abierta desde el 2000, un paraíso para los amantes del cómic. «Me vienen de cualquier sitio preguntando por cosas insólitas. Piensan que en segunda mano puede haber de todo, y a veces con razón».

Desde Mortadelo y Filemón hasta Alejandro Dumas, la librería Códice tiene una variedad de literatura moderna tan variopinta como su público, eso sí, fiel a un negocio que lleva más de 30 años en marcha. «Niños que me compraban los tebeos cuando eran chiquitillos ahora los veo con sus hijos, que vienen a buscar libros para ellos. Poquito a poco cada vez va mejor», añade Enrique Consuegra, de la librería Códice.

Y no son solo libros. La fiebre de los vinilos atrae a un público joven que, en palabras de Enrique, «tienen muy buen gusto», con grupos como Pink Floyd y Genesis entre los más demandados. «Los habíamos tenido siempre, por algunos clientes de mi generación, coleccionistas de Málaga... pero ahora hay muchos jóvenes que no han tenido vinilos antes y que se han aficionado a la música en ese soporte».

De hecho, estos negocios abren la puerta también al coleccionismo de juguetes antiguos, como explica José Ramón Acebo, de Exlibris, donde es frecuente que vengan buscando figuras, por ejemplo, del famoso robot gigante, Mazinger Z.

José Ramón Acebo, en la librería Exlibris, en la avenida Rosaleda. Álex Zea

Precio y decrecimiento

En la esencia que destilan las librerías de segunda mano y anticuarias está, por tanto, el descubrimiento continuo; el precio imbatible -pueden adquirirse libros desde un euro hasta varios miles- pero también la «filosofía del decrecimiento», como lo llama Carmen Ocaña, dueña de la librería Re-Read junto a su hija María Azuaga, ambas lanzadas al universo librero por «casi supervivencia en plena crisis financiera». En ese mundo llevan inmersas casi ocho años:

«La librería de segunda mano encaja de forma estupenda con nuestro modo de ver el mundo: reciclar, echar menos basura al mundo, consumir menos, decrecer, en definitiva», reflexiona.

María Azuaga, en Re-read Málaga, en la calle Victoria. Álex Zea

«Mucha gente me comenta que los precios del libro nuevo son demasiado altos. La gente que lee mucho prefiere librerías de segunda mano porque se puede permitir una mayor cantidad de libros», agrega Marta Neroj, librera en Isla Negra, del que es propietario Antonio Durán.

Este negocio, que aterrizó en Málaga en 2018, es una suerte de librería híbrida entre la segunda mano, el libro antiguo y la galería de arte. Así, ofrecen al público ejemplares desde el siglo XVI hasta el siglo XXI, donde conviven primeras ediciones de la Generación del 27 con literatura moderna.

«Tenemos coleccionistas que se interesan por temas determinados, de derecho, de historia; estudiantes, que se interesan por el libro de segunda mano. Después también tenemos personas que se interesan por decorar la casa y por la estética del libro como objeto».

Esta librería participa en los Encuentros de Arte en Málaga -EAMálaga-, ya que busca ser también un espacio cultural.

Alba Romero, responsable de marketing de la librería Isla Negra, en la calle Álamos. Álex Zea

Recomendaciones

Preguntados los veteranos del gremio por lecturas recomendadas, hay quien da títulos exactos y quien recomienda autores para no dejar de leer en vacaciones -¡algunos se repiten!-. Estas son sus elecciones:

El Quijote, impreso por la imprenta Ibarra (Antonio Mateos); Eduardo Mendoza como lectura ligera y también Cervantes para mayor sosiego (Francisco Soler); la saga El laberinto de las aceitunas, de Mendoza (Enrique Consuegra); Lucía Berlín, Margaret Atwwod, Siri Husvedt, Doris Lessing, Alice Munro, Chimamanda Ngozi Adichie , Virginia Woolf... (Carmen Ocaña); Examen de ingenios para las ciencias, de Juan Huarte (Marta Neroj).

Disfruten.

La venta online, un peso pesado en las ganancias

Con la aparición de la Covid-19, el comercio por internet ha vivido su época de mayor esplendor, un impulso que, incluso después de que las tiendas físicas volvieran a levantar la persiana, no ha perdido fuerza.

En el caso de las librerías de segunda mano, la venta online está siendo la vía más importante para mantener los negocios durante la crisis.

«Hemos puesto en marcha, desde entonces, la venta a través de redes sociales y Whatsapp y está funcionando muy bien», explica Carmen Ocaña, de Re-Read Málaga, en la calle Victoria, que vivieron serias dificultades durante los meses de confinamiento. «Es un escaparate más que nos ha abierto muchas posibilidades y nos ha hecho llegar a muchísima gente».

No obstante, la compra online es uno de los grandes pesos pesados de estas librerías y anticuarios, una vía muy empleada por coleccionistas e historiadores, que buscan en estos negocios artículos descatalogados y únicos.

«El negocio se mantiene porque lo que se pierde a pie de calle, se compensa en una buena medida en las ventas por internet, que a veces se produce en la misma Málaga», explica Francisco Soler, dueño de Librería Abadía, en Tejón y Rodríguez.

«El libro fue de los primeros productos que se vendieron bien y masivamente por internet. Curiosamente lo que nos estaba asfixiando, nos dio aire al final», añade Soler, librero durante dos décadas. «Ha habido muchas transformaciones en el mundo del entretenimiento, de la cultura... casi nada. Empezamos vendiendo casi todo a pie de calle y hoy día se vende más por internet. Menudo cambio, ¿no?».