Los malagueños que esta semana están aprovechando los últimos coletazos del verano para ir a la playa se están encontrando con ceniza procedente del incendio de Sierra Bermeja flotando en el ambiente y depositándose en la arena y la orilla.

El viento ha propulsado las cenizas de tal manera que ha dejado un sobrecogedor manto grisáceo en las playas de Estepona, Marbella, Mijas e incluso hasta el Rincón de la Victoria.

Los investigadores de la Cátedra Ciencias del Litoral Costa del Sol de la Universidad de Málaga (UMA) ya han empezado a estudiar los efectos que puede provocar la invasión de la ceniza en el litoral de la provincia aunque, de momento, no hay por qué preocuparse.

"En principio, cuando están muy dispersas estas cenizas no van a generar un daño. El viento las está arrastrando y conforme caen se van depositando. Si caen en el mar estamos viendo que los mecanismos de arrastre los están depositando en la orilla y las dejan en la arena", asevera a este periódico Paco Franco, director de la Cátedra.

Si bien puede que se registre un incremento de las concentraciones de nitrógeno y de fósforo, que son nutrientes que podrían aumentar la proliferación de ciertas algas, ya que todavía la temperatura del mar es alta y todavía queda un gran período de insolación, añade el profesor de la UMA, que descarta, eso sí, la aparición del fenómeno del mucílago marino, característico por extenderse sobre el agua en forma de mucosidades verdes y gelatinosas.

El verdadero problema que sufrirá el litoral es la destrucción de gran parte de la vegetación que puebla Sierra Bermeja, por lo que se elimina una barrera importante frente a la erosión de los suelos ante la acción de la lluvia.

"La pérdida de la vegetación hace que las aguas cuando llueve puedan arrastrar más sedimentos y puedan llevar esas aguas un mayor contenido de nutrientes, que son materia orgánica, nitrógeno, fósforo... que llega a los ríos y los arroyos, y puede llegar al mar provocando pequeños aumentos de los nutrientes", añade Franco.

Por otro lado, el director de la Cátedra Ciencias del Litoral Costa del Sol desecha la posibilidad de que la ceniza suponga algún riesgo para la población. "La cantidad de cenizas que hay ahora acumuladas en el mar es muy pequeña y los cambios químicos deben ser muy pequeños".