Es una zona tan agreste, que ni el omnipresente Google Maps se ha dignado aventurarse por sus calles, aunque algunas de ellas más bien parecen trochas. En la parte alta de La Mosca hay calles como la que recuerda al escritor Maruján Cabrera, con el monte San Antón, que casi se puede tocar con los dedos, como telón de fondo.

Un murete resquebrajado al comienzo de la calle y con un brachichiton. A.V.

Allí, Francisco Vertedor, que vive muy cerca, se agacha para observar con preocupación la grieta que recorre parte del suelo, donde la hierba crece a sus anchas. «Los vecinos la van reparcheando como pueden pero la grieta sigue aumentando. Aquí el Ayuntamiento no ha hecho absolutamente nada», cuenta.

A los pies de la grieta hay un solar que desciende colina abajo hasta la calle siguiente. «Esta calle no se cayó pero se va a caer», aventura. Francisco tiene en mente lo que ocurrió en una calle parecida del barrio, la dedicada a Santa Gema, el 19 febrero de 2017, cuando una tromba de agua derribó el muro trasero de una casa. Los vecinos achacaron el accidente a la falta de mantenimiento de una calle justo arriba, terriza y llena de hierbas.

En la calle Escritor Varo Miraval, un ciprés seco e inclinado amenaza con caer sobre la vía o las viviendas. A. V.

El presidente vecinal, Antonio Pino, criticó entonces que en muchas calles del barrio eran los propios vecinos los que barrían, limpiaban e incluso hormigonaban las calles.

«Mira cómo están las hierbas», señala Francisco Vertedor, que aprovecha para levantar un trozo de cemento, empleado por los vecinos para detener el avance de la grieta. Una segunda grieta, esta vez en el límite con la parcela contigua, evidencia que la calle empieza a ceder. «Y esto es una calle municipal», subraya.

Al comienzo de la vía, donde se encuentra el cartel municipal con su nombre, un murete desvencijado sigue rompiéndose en pedazos y sobre la vía se desploma, lentamente, la tierra y con ella un brachichiton.

Francisco Vertedor muestra la calle siguiente, Escritor Varo Miraval, una empinada vía en cuesta. En el descenso señala los árboles plantados a los lados porque algunos ya están levantando el piso. «Esto lo único que provoca son tropezones a los vecinos», lamenta. Pero el árbol más peligroso es un ciprés de bastantes años y metros, reseco e inclinado sobre la calle. «Se lo he comentado al distrito no sé la de veces», remarca Francisco, que pide mejoras para andar por esta parte del barrio con más seguridad.