En 1988, el treintañero escultor malagueño José Seguiri expuso en el Colegio de Arquitectos y allí conoció al arquitecto José Oyarzábal, que iba a diseñar la nueva plaza de Uncibay y acabar con el caótico aparcamiento que se arracimaba en ella.

La idea era conectar la oscura calle Granados con la plaza y para ello, el artista malagueño esculpió la historia mitológica del cazador Acteón en dos partes: cuando otea el baño de Diana y las ninfas (la fuente de calle Granados) y una vez la diosa castiga su osadía azuzando a sus propios perros para que lo persigan, escena que se desarrolla en la fuente de la plaza de Uncibay.

Una tercera escultura, también de ecos míticos, recoge el episodio del rapto de las sabinas por los primeros romanos, en un lado de la plaza. Por cierto, con el auge que la ‘neoinquisición’ está tomando en los países occidentales, cualquier año de estos la ‘policía del pensamiento’ pedirá retirar esta obra por cualquier ofensa ajena al raciocinio y a los estudios clásicos. Confiemos en que nunca fructifique.

El caso es que, además de dar popularidad al joven escultor, la intervención de la plaza de Uncibay insufló modernidad a un espacio degradado del Centro. Lástima que con la demolición del Málaga Cinema -sustituido en 1974 por un deprimente edificio de oficinas que habría helado la sangre a Jacques Tati- la plaza perdiera su gran joya.

Por lo demás, tiene el conjunto escultórico de Seguiri un detalle más y es que las dos fuentes están conectadas y así, en la del baño de Diana, asomada a calle Beatas y a Granados, las aguas bajaban por una canaleta enrejada hasta la fuente de la plaza de Uncibay.

Hablamos en pasado porque en 2008 Emasa la tapó, después de que en este mismo periódico los vecinos de la calle Granados se quejaran de que provocaba suciedad y malos olores, pues la movida nocturna dejaba el canal lleno de basuras varias, botellas y un olor inconfundible a ‘aguas menores’.

Transcurridos 13 años de esta necesaria obra municipal, en nuestro días puede decirse que la canaleta luce ‘semisumergida’, pues al contar la calle con un aparcamiento, el paso continuo de coches ha hecho que se encuentre rota por varios tramos por los que asoma el agua de la fuente.

Así que, ahora mismo, la conducción es una suerte de río Guadiana en miniatura con un buen número de ‘ojos’, además de raciones de losetas rotas, a modo de callados pecios en esta obra de finales de los 80.

Acteón, Diana y las ninfas se merecen otro repasito.