La librería Proteo tiene la intención de reabrir en febrero, dado el buen ritmo de las obras de rehabilitación de su edificio de Puerta de Buenaventura, 3, tras el incendio que en mayo del año pasado causó unas pérdidas de 1.600.000 euros. De ellos, un millón se fueron en libros, que quedaron seriamente dañados o bien inservibles para la venta, por lo que esta cooperativa de 12 trabajadores los donó a bibliotecas y centros educativos.

«Nos dicen que el edificio lo entregarán en febrero y por como veo que están trabajando, no hay ningún motivo para que no sea así», explica esta semana Jesús Otaola, gerente de la librería Proteo, la más antigua de Málaga, fundada en 1969 por su tío Paco Puche y un grupo de amigos.

Las obras de rehabilitación, a cargo del arquitecto Antonio Ros y de Antonio Rodríguez, del grupo constructor OPR, tienen un coste aproximado de medio millón de euros, cantidad que ha sido posible gracias a Unicaja Banco, a quien Jesús Otaola quiere agradecer el gesto, pues ha adelantado parte de la futura cuantía del seguro, ya que en este aspecto todo sigue aún en el aire: «Con el seguro no hemos cerrado nada todavía», informa el gerente.

La cuestión con Endesa es más preocupante, ya que como detalla, la compañía eléctrica no reconoce que la causa del incendio fuera una subida de la tensión. «De la luminaria no se ha salvado ni una sola luz, ha habido que poner todo nuevo porque estaba todo fundido, prueba de que hubo una subida de tensión. Tendremos que poner una denuncia porque según cuentan nuestros abogados, Endesa niega que hubiera incidente alguno, cuando salieron ardiendo tres edificios», lamenta Jesús Otaola.

El gerente muestra el nuevo cuadro eléctrico, con los restos arqueológicos al fondo. Álex Zea

Brochas, martillos y Arqueología

Además de pintores y carpinteros, por la librería Proteo también han pasado arqueólogos para restaurar los restos de la barbacana de la histórica Puerta de Buenaventura. Aunque han retirado el hollín del incendio, las vigas de madera lucen ennegrecidas y la parte izquierda está un poco gris. «Los arqueólogos lo han visto con pena, pero la huella del humo es la historia de la muralla».

También han decidido mantener, en el suelo de mármol del edificio las manchas del incendio que han sobrevivido al rebaje de 2 milímetros del suelo. Curiosamente, las baldosas hidráulicas de 125 años, en un tramo de la segunda planta, han resistido y están impolutas.

Además, mantendrán sin restaurar una estantería de la entreplanta con las obras clásicas de la Fundación José Antonio de Castro, que cerrarán con metacrilato como recuerdo del incendio.

Con respecto a las estanterías, muchas no han podido salvarse y en Proteo han optado en algunos casos por reemplazarlas con góndolas de menor altura, como las que ya lucen en la segunda planta -la dedicada a las Ciencias- lo que permite tener más luz natural. Precisamente, como las góndolas tienen ruedas se podrá despejar el espacio «para hacer presentaciones de libros en esta planta», explica el gerente.

En la tercera planta, donde ahora mismo se almacenan los libros de la editorial de Proteo, Ediciones del Genal, las paredes negras del incendio han dado paso a un blanco esperanzador que se llenará con las estanterías del local provisional que la librería tiene enfrente, en la calle Álamos, 1.

Los fondos de Ediciones del Genal están almacenados en la tercera planta. ÁLEX ZEA

Jesús Otaola es consciente de que el regreso de Proteo se debe al apoyo de innumerables particulares e instituciones de Málaga.

El Ayuntamiento, por ejemplo, está cubriendo el alquiler temporal de la calle Álamos. Además, los hermanos Argüelles tuvieron el detalle de ceder las instalaciones de la editorial Arguval para almacenar el mobiliario de Proteo, algo que ha ahorrado a la librería una cantidad desorbitada de euros.

Por su parte Juan Avilés, de CAL-Málaga, cedió parte de su nave y desde ella gestionan los libreros tanto la página web de Proteo como el almacén. También ha colaborado la Sociedad Económica de Amigos del País, en cuya biblioteca se están realizando los talleres de escritura de la librería.

Y no hay que olvidar a las editoriales y distribuidoras que han aplazado el pago y a los malagueños de a pie que han comprado libros por solidaridad; algunos de ellos, por cierto, ya se han ofrecido como voluntarios para colocar en orden los libros con vistas a la próxima reapertura. A todos ellos Jesús Otaola quiere agradecerles de corazón tanta ayuda desinteresada. En febrero, si todo marcha bien, volverán a su casa.