Al oeste de la capital, dejando atrás Sacaba pero antes de llegar a Guadalmar, viene a morir el río Guadalhorce después de recorrer 154 kilómetros de la provincia -y parte de Granada- desde su nacimiento en la Sierra de Alhama.

Al llegar a la desembocadura, el río se quiebra en dos grandes lenguas de agua, creando un amplio delta que da cobijo a más de 250 especies de aves, un enclave que tiene la denominación de Paraje Natural.

Esta joya medioambiental que se abre paso en los límites de la capital -durante años casi una desconocida para muchos malagueños- se ha convertido en zona de esparcimiento y desconexión para la población que acude a hacer deporte, caminar o a observar a los flamencos que están de paso.

Sin embargo, pese a los cambios que ha experimentado en los últimos años -entre ellas, la construcción de la pasarela peatonal sobre el cauce, adentrando el entorno en los 180 kilómetros de la Senda Litoral-, la ciudad sigue teniendo una tarea pendiente con el río más importante de la provincia: despojarlo de su impuesta función de vertedero.

La poca vigilancia facilita que el margen izquierdo del Guadalhorce se convierta en un vertedero concurrido. AIM

Restos de escombros, ropa, neumáticos, carritos de supermercado, muebles, desbroces... se esparcen en torno a las riberas del río a su paso por el término municipal malagueño, concentrándose en la parte central, esto es, entre el aeropuerto de Málaga y los polígonos industriales de Guadalhorce y Santa Teresa.

Precisamente esa cercanía con la actividad industrial junto al mejor acceso para los vehículos y la poca vigilancia facilita que el margen izquierdo del Guadalhorce se convierta en un vertedero concurrido. Una situación que se repite también a la altura del cauce entre el barrio de Castañetas y la zona de Mestanza

Por el contrario, no ocurre así en la zona cercana a la playa, donde la figura de protección del paraje natural Desembocadura del Guadalhorce, los accesos únicamente peatonales y la cartelería que advierte de las multas que conlleva abandonar allí cualquier tipo de residuo, frena las intenciones de quienes no tienen reparo en hacer de cualquier rincón, por delicado que sea, todo un basurero.

«La mayoría de los residuos podemos asegurar que provienen de la construcción, generados a partir de pequeñas obras; los escombros vienen empaquetados en pequeños sacos que contienen restos de repello, pedazos de ladrillos y bloques, maderas, yesos...» se detalla en un informe del Observatorio de Medioambiente Urbano de Málaga (OMAU), que se ha propuesto poner fin a estas prácticas, a través de una de las numerosas actuaciones contempla das en el proyecto Life Watch Alborán, que transformará al Guadalhorce en un Corredor Verde, un gran «pulmón» de 962 hectáreas.

En este análisis que realiza el OMAU sobre la situación actual del río, los técnicos contabilizan hasta 37 puntos de vertido a septiembre de 2021, donde se encuentran restos de obras menores -que se presuponen sin licencias, de ahí la necesidad de deshacerse de los restos-, residuos domésticos, forestales, industriales y electrodomésticos, todo ello acumulado en las zonas más al interior de la localidad malagueña.

En todos esos puntos localizados, se calcula que pueden haber acumuladas 46 toneladas de residuos sólidos de categoría mixta según la clasificación recogida en la Ordenanza Fiscal nº54 del Ayuntamiento de Málaga: «Tasa por la prestación de los servicios de tratamiento y/o eliminación de residuos sólidos urbanos, así como otros servicios específicos de limpieza, recogida o transferencia de residuos».

«Para realizar las labores de recogida, limpieza y trasporte se hace necesaria la intervención de personal que realice trabajos de apoyo a la pala cargadora», se expone en el plan. Esos residuos, una vez retirados, serán llevados al Centro Ambiental de Málaga.

«El problema de los escombros es un desastre, que haya gente que vaya con los camiones a tirar escombros...», opina el director del OMAU, Pedro Marín.

Escombros junto al paraje de la desembocadura del Guadalhorce. AIM

El calendario de actuaciones del Life Watch Alborán indica que estos trabajos de recogida comenzarán en junio y terminarán en noviembre de este año. El presupuesto estimado alcanza los 12.500 euros.

«Hemos hecho el estudio previo para ver cuáles eran las acciones que teníamos que hacer. Ahora estamos haciendo el pliego para sacar el proyecto», explica el director del OMAU, Pedro Marín, que ya adelanta que al concurso público para todas las acciones previstas se presentarán profesionales tanto de arquitectura como de biología o Ciencias Ambientales. 

Se renaturalizarán 13 kilómetros desde la desembocadura

El proyecto Life Watch Alborán, que plantea renaturalizar 13 kilómetros del Guadalhorce desde la desembocadura hacia el interior del término municipal, cuenta con un presupuesto de nueve millones de euros. Está cofinanciado entre el Consistorio malagueño, que pone el 20%, esto es, 1,9 millones de euros, y fondos europeos, que cubrirán el 80% restante. Además del Observatorio de Medioambiente Urbano (OMAU), perteneciente al Ayuntamiento de Málaga, liderarán este plan la Universidad de Málaga (UMA), el Aula del Mar y el Instituto Oceanográfico. 

Guerra a las invasoras

Junto a la recogida de escombros, otra de las actuaciones que se recogen en este proyecto es la erradicación de las especies vegetales invasoras que han poblado el cauce del Guadalhorce en una acción complementaria al trabajo que ya realiza la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía.

Con un coste aproximado de 155.000 euros y un período de actuación entre junio y diciembre, se pretende acabar con especies exóticas como el cañaveral (Arundo donax), el eucalipto (Eucalyptus camaldulensis), el ricino (Ricinus communis), la acacia (acacia sp.) o la galenia (Galenia pubescens), que han terminado por desplazar a la flora autóctona que se quiere recuperar como, por ejemplo, los álamos blancos (Populus alba), las adelfas (Nerium oleander) o los fresnos (Fraxinus angustifolia), además de especies matorrales y arbóreas propias del bosque mediterráneo como los lentiscos (Pistacia lentiscus), las encinas o los pinos piñoneros (Pinus pinea).