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Burocracia

Una invidente ucraniana, en el laberinto español

Natalia Kúrkina, ciega de nacimiento, casada con un malagueño y con un 94 % de discapacidad, sigue luchando por una pensión de invalidez

Ismael Aguado, Natalia Kúrkina y Julia, su madre, hace unos días en su piso de La Roca.

Natalia escapó de la guerra en Lugansk para recalar en 2016 en Málaga junto a su novio malagueño. Año y medio antes se habían conocido por Skype y él decidió dar el paso y visitarla en Ucrania durante tres meses, pese a la situación de guerra civil tras la invasión rusa.

En Málaga le concedieron asilo y en 2019, un mes antes del confinamiento, se casaron. Se trata de la ucraniana Natalia Kúrkina, una joven de 30 años, licenciada en Filología Hispánica y ciega de nacimiento y el malagueño Ismael Aguado, de 31 años y graduado en Informática.

La pareja vive en la urbanización La Roca y afronta como puede los embates del destino, porque pocos meses después de casarse, a Natalia le detectaron un tumor en la médula que, pese a que fue operada, le ha dejado en silla de ruedas y con una discapacidad que ahora mismo es del 94 por ciento.

La situación de su hija empujó a Julia, su madre, a viajar a España para atenderla. Desde entonces convive con el matrimonio.

En mayo del año pasado, esta familia ya contó su situación en este diario, pues trataban de conseguir alguna ayuda para salir adelante, dado que a Ismael se le acababa el paro en pocos días. 

A la espera de la dependencia

En este tiempo, informa el malagueño, a su mujer le han concedido -de momento sólo en el papel- una ayuda para la dependencia de unos 380 euros, pues como aclara «han pasado dos meses y todavía no la hemos recibido».

Los tres salen adelante porque Ismael Aguado enlaza como informático «contratos de tres meses», cuenta.

El matrimonio, en mayo del año pasado. L.O.

Con la situación que tiene la joven, en 2019 solicitó una pensión por invalidez total aunque las gestiones burocráticas no han terminado, ni mucho menos. «Hemos ido más de diez veces a la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales», cuenta Natalia Kúrkina, que explica que tras toda la documentación aportada, llegaron a decirle que no llevaba ni dos años en España, cuando llegó en 2016: «Confundieron la documentación de la madre con la de la hija», aclara Ismael.

Por diez días

La pensión de invalidez, sin embargo, sigue en el aire porque, cuando la solicitó, por sólo diez días no llevaba los cinco años preceptivos residiendo en España, algo que les comunicaron a última hora. Esos diez días que faltan, explica el malagueño, se debieron a que, aunque su mujer ya estaba empadronada en Málaga, tuvo que esperar a que le dieran cita en la comisaría para pedir el asilo.

«Ahora nos han dicho que tendremos que hacer una solicitud nueva. En todas estas veces que hemos estado yendo a la consejería aportando papeles nunca nos informaron de esto», lamenta la joven.

Sin saber aún si tendrá que iniciar de nuevo todo el proceso, Natalia sigue sin pensión, tampoco consigue la nacionalidad española y tiene cerrada las puertas a algo muy importante, a recibir una rehabilitación, comenta su madre.

La nacionalidad española, por cierto, no la puede conseguir hasta que ella o su marido no tengan un trabajo fijo. «Con un contrato fijo no habría ningún problema, pero ella ahora mismo no puede y yo voy de contrato de tres meses en contrato de tres meses», lamenta Ismael. Pese a todos los contratiempos, no pierden la esperanza y confían en salir algún día de este laberinto.

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