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La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

El mirador de Gibralfaro, vergüenza a la vista

Nuestro Ayuntamiento lleva lustros dejando que esta atracción turística ahí se las componga. El resultado final no puede ser más denigrante para la imagen de Málaga

Detalle del mirador de Gibralfaro, esta semana. A.V.

Quienes sigan esta sección constatarán que el mirador de Gibralfaro sale más que un anuncio en Telecinco. La cíclica aparición de este punto turístico coincide con las esporádicas subidas del autor de estas líneas al ‘lugar del crimen’.

En realidad, el firmante lleva 23 años llevándose un mal rato cada vez que, sin resuello, después de ascender el paseo de Juan Temboury y enlazar con la (puñetera) cuesta de pizarra, llega al mirador.

Ya saben que nuestros cargos públicos, cuando visitan las ferias turísticas suelen desayunar molletes con aceite, degustar boquerones, departir sobre segmentos turísticos y establecimiento de sinergias y terminan brindando por el éxito de la temporada. También suelen asegurar, en un arranque de creatividad, que Málaga es «un crisol de culturas», «una encrucijada de caminos» e incluso «una tierra de contrastes» y hasta recalcan que todo ese mejunje «hay que ponerlo en valor». Por eso, tras tanta palabrería no se entiende que luego tengan el mirador de Gibralfaro en un estado tan sumamente guarro.

El monolito, con el mirador al fondo. A.V.

Porque no es que una banda de orcos de los mundos de Tolkien se aloje por sorpresa en el cercano parador de Gibralfaro y todo esté como esté, es que, en 23 años y al menos por la experiencia del firmante, no ha habido ni una sola vez en la que esta frecuentadísima atracción turística luciera con un mínimo de dignidad.

 Pero, por lo que se ve, semejante sueño inalcanzable fue el trabajo número 13 que Hércules nunca aceptó. De hecho, más fácil resulta insuflar a Vladimir Putin sentimientos cristianos que ver, al menos una vez en la vida, el mirador sin la guarrería de pintadas que lo recubren. 

Óxido, candados y pintadas en este frecuentado punto turístico. A.V.

Porque el monolito de piedra del centro está atiborrado de pintadas desde tiempo inmemorial, pero también los oxidados hierros del balcón. Aunque la parte del león de los grafitis se la lleva una plancha metálica con los principales hitos de la ciudad dibujados en ella, de la que ahora, únicamente, se ve un carajo, con perdón.

No faltan en este abandonado mirador los cursis candados del amor, tampoco las pegatinas ni las pintadas que dejan al respetable sin un lustroso código QR. En resumen: al menos desde 1999 está hecho unos zorros y el único cambio evidente, por vergüenza torera, ha sido la retirada de un mutilado binocular que llevaba años sin uso, por la desaparición del aparato óptico, así que sólo servía para apagar las colillas.

Asómense al mirador de Gibralfaro, verán las vergüenzas de Málaga sin necesidad de afilar la vista. Lo más denigrante de nuestra ciudad, al alcance de todos los turistas. Casi como el Nodo.

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