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Museo de Ciencia de Málaga

El Centro Principia también quiere ser «tech»

El Museo de la Ciencia de Málaga necesita financiación para renovar y ampliar sus instalaciones, que visitan 800 colegios al año

José Carlos y César hacen una demostración acerca del comportamiento de la luz Álex Zea

El Centro Principia de Málaga abrió sus puertas en 1998, aunque la idea nació unos años antes, fruto del ahínco de un grupo de profesores malagueños que quisieron demostrar que la ciencia podía explicarse de una forma amena, casi mágica.

Dos décadas después -un período en el que museo vivió incluso la amenaza del cierre- ese espíritu se mantiene en las instalaciones de este museo de la Ciencia, ubicado junto al estadio de fútbol, en los terrenos del Instituto Rosaleda. Este fue el centro educativo donde se plantó la semilla de este espacio de divulgación científica que muchos malagueños aún desconocen y del que se suele pasar de largo.

Sin embargo, con una media de 250 niños al día, el Centro Principia recibe cada año entre 600 y 800 visitas de colegios andaluces, unas cifras que se resintieron tras la eclosión de la crisis sanitaria de la Covid-19 pero que se recuperó rápidamente hasta alcanzar de nuevo el 100% en los últimos dos meses.

Además de los estudiantes, que pertenecen tanto a Primaria, Secundaria como a estudios superiores y universitarios, también atienden a familias y turistas que se acercan al museo.

«Es el máximo aforo que tenemos. El centro podría aceptar más pero nuestra política es que nuestras visitas son completamente atendidas, guiadas y dinamizadas. Los visitantes están en todo momento acompañados por monitores, educadores por nuestro personal, que te motiva, te plantea cuestiones, te anima y te va comentando y explicando. Eso es muy enriquecedor», explica el director del Centro Principia, José Carlos Clavijo.

A esto, el secretario del museo, César Trujillo añade un factor clave: la limitación de espacio. «También es por las limitaciones de espacio. Tenemos dos salas y el planetario [que estará cerrado por reforma hasta septiembre]. Por las dimensiones de aforo está limitado. Si esto fuera más grande podríamos poner más personal, más visitas pero con el tamaño que tenemos...», señala.

Además de las salas dedicadas a la atención al público, el Museo de la Ciencia de Málaga cuenta con una «trastienda» con un par de despachos, un almacén y una sala de productos químicos minúsculos y mobiliario anticuado.

Rafa prepara un experimento con una válvula de vacío y dos globos. Álex Zea

Alta demanda escolar

Este museo quiere y puede crecer. La alta demanda que encuentran en el sector educativo provoca que los cupos de los colegios se llenen en cuestión de días en cuanto abren la agenda. Visitas escolares que, por cierto, no tienen desperdicio.

En la sala Faraday, una suerte de laboratorio-clase, los pupilos asisten a un show «mágico» lleno de experimentos y demostraciones, como el comportamiento del sonido como onda mecánica, el peligro de los rayos ultravioleta, la fuerza de un generador Van der Graaf (o» generador de tormentas», como se le dice en Principia) o el poder de una bobina Tesla, capaz de convertir a los asistentes en un caballero o dama jedi. César Trujillo lo explica: «Intentamos sorprender y explicar para que vean que esa magia en realidad es ciencia».

La lección continúa en la sala Tomás Hormigo, en homenaje al profesor de la antigua Escuela Franco (IES Rosaleda) que dio la batalla por que el Principia fuese una realidad. Se trata de una sala de módulos interactivos donde los visitantes experimentan, por ejemplo, con la mecánica, las matemáticas, el electromagnetismo o la astronomía.

Experimentos en la Sala Faraday del Centro Principia. Álex Zea

Más allá de la ciencia

Pero el Principia quiere más. Este museo también quiere ser «tech» y subirse a la cresta de la ola tecnológica que está surcando la ciudad.

«Es evidente que en la Málaga tech, la Málaga tecnológica del siglo XXI tenemos que hablar del modelo ‘Principia Tech’», insiste el director. «Queremos integrar todo lo que se viene haciendo de una forma espectacular e increíble durante todos estos años, la parte científica, con la parte tecnológica, que nos falta».

Los trabajadores del museo defienden que «una ciudad como Málaga se merece un museo que pueda ofrecer todo ese abanico de ciencia y tecnología».

De hecho, con ese objetivo, ya han empezado a introducir el concepto de la Inteligencia Artificial con «Princibot», un modesto robot construido y programado por el personal que te pregunta tu nombre, sale a pasear de tu mano y que es capaz de dar una clase por sí solo.

«Estamos trabajando en la actualización y adecuación del museo a la nueva realidad», agrega José Carlos.

Y para ello, hacen un llamamiento a las instituciones públicas, para poder financiar la modernización y ampliación del museo. «Estamos a la espera de que se concrete una inversión de 500.000 euros, que era una adecuación de estas instalaciones a la modernidad. Pero si tenemos desde la Consejería [de Educación] y desde la dirección del museo directivo, una visión a más largo plazo, de un museo de ciencia y tecnológica con las dimensiones y los recursos que se merece, no nos limitamos a esta inversión si no miramos más allá, hacia un museo emblemático, en un edificio singular, y con instalaciones que sean punteras a nivel mundial».

José Carlos Clavijo (izda) y César Trujillo (dcha), director y secretario, junto a «Princibot». Álex Zea

Sobre si el museo debería mudarse para buscar unas instalaciones más amplias, desde la dirección están abiertos a todas las posibilidades:

«Nosotros lo que hemos planteado son los proyectos de futuro, proyectos ambiciosos en los que la tecnología y la ciencia en Málaga estén presentes en un espacio que destaque. ¿El lugar? Esta es una zona que está en auge actualmente, en crecimiento, que se puede potenciar y en la que tenemos espacio para crecer. Las instalaciones están dentro del instituto Rosaleda, con una parcela amplísima. Ya son otros los que tienen que hablar de dónde, nosotros tenemos claros el qué. Donde se decida allí estaremos para ofrecer a la ciudad toda la ciencia y la tecnología de forma divertida», concluye el director del Principia, José Carlos Clavijo.

Una promesa de medio millón de euros

Hace un año, el entonces consejero de Educación, Javier Imbroda -fallecido en abril a causa de un cáncer-, anunció una inversión de 500.000 euros para modernizar y ampliar el centro Principia de Málaga.

Según las previsiones que se manejaban en ese momento, la remodelación del centro estaría lista para finales de 2021 o principios de 2022, plazos que finalmente no se han cumplido.

Desde la Delegación de Educación de Málaga aseguran a este periódico que esa inversión que se articula a través de la Agencia Pública Andaluza de Educación «está en fase de redacción del proyecto».

Además, el medio millón de euros está incluido como partida para el presupuesto de este año. Por ello, desde Educación esperan que «las obras comiencen lo antes posible».

Con estos trabajos, Imbroda confiaba en que el centro Principia se convertiría «en un referente internacional de las vocaciones científicas y de las nuevas tecnologías».

Financiación

El centro Principia funciona a través de un consorcio en el que participan la Consejería de Educación, la Diputación de Málaga, la Fundación Unicaja y la Asociación Mecyt.

«La consejería está trabajando en la adecuación administrativa del consorcio, se está trabajando en ello», añade José Carlos Clavijo, que explica que aunque el Ayuntamiento de Málaga no está incluido, hace aportaciones anuales. «No ha llegado a integrarse en el consorcio pero sí es su voluntad, como el PTA y la Universidad de Málaga, integrarse en esa futura entidad que gestione el centro. Eso es lo que nos han trasladado estas instituciones, para el futuro de este centro, integrar a los actores importantes e imprescindibles de Málaga».

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