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Crónicas de la ciudad

El pozo peligroso en el collado del San Antón

Con cerca de 20 metros de profundidad, este antiguo pozo camuflado entre matorrales fue enrejado hacia 2020 pero en septiembre ya no estaba el cartel que advertía del peligro

El pozo cerrado en el collado del San Antón pero ya sin el cartel que advierte del peligro, a finales del verano. A.V.

Como alguna vez esta sección ha puesto de manifiesto, la minoría de mamíferos con los que convivimos en Málaga, bípedos a los que los años en el colegio, el instituto o incluso la FP o la Universidad no han aminorado sus modales gorrinos, aprovechan los lugares más solitarios para profundizar en sus instintos.

Y así, esos parajes hermosos y solitarios en los que no falta su cerrito de escombros o la constatación de que la primavera ha llegado cuando contemplamos la alfombra de flores (y litronas), evidencian que el Reino Animal sigue muy vivo en nuestra ciudad.

Ya vimos hace unos días que uno de los lugares preferidos por nuestros homínidos es el Monte San Antón. Como saben, para celebrar uno de los ascensos más anodinos y facilones de la Historia del Alpinismo, a los mamíferos malaguitas les da por ‘grafitear’ las rocas de la cima para inmortalizar la gesta y, si se tercia, a poner perdida de pintura la cruz que la corona, una tradición (la del símbolo religioso, no la pintura) que ya tiene setenta años.

Pero como nada es suficiente para un mulo suelto en mitad del campo, hay que seguir dejando la huella en las alturas. No es por tanto descartable que alguna de estas acémilas se haya llevado a la cuadra particular, a modo de souvenir, un cartel con el lema «Peligro pozo» que estaba sujetado por tres hierros en el collado del monte, el espacio entre el primer y el segundo pico. El pasado mes de septiembre ya no había rastro de él.

El cartel se colocó a finales de 2019 o comienzos de 2020 y vino acompañado del cierre del pozo con reja colocado en el mismo suelo.

Como en 2020 contó esta sección, el pozo, uno de los más importantes del San Antón, tiene nada menos que unos 20 metros de profundidad y se encuentra peligrosamente camuflado por una gran profusión de matorrales. 

Miguel Ángel Delgado, un profesor jubilado del Colegio del Palo, recordaba cómo de adolescente había bajado al pozo con una cuerda y con la ayuda de un cesta de esparto intentó vaciarlo de rocas, sin resultado. 

Desaparecido el cartel de peligro, quién sabe si por la fuerza de un huracán o de alguno de estos mamíferos con DNI, el pozo enrejado continúa bien camuflado entre la vegetación, como una trampa a la espera del enemigo, y aunque ya no hay riesgo de desnucarse, ahora el peligro es que, por ejemplo, un niño pequeño ande por el collado y meta la pierna en la reja.

Si en este tiempo no se ha colocado el cartel habría que intentarlo o idear otro sistema antivándalos. Suerte.

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