38 partidos, nueve meses, 3470 minutos de juego... Todo ese es el tiempo que ha pasado desde la última vez que al Málaga CF le pitaron un penalti a favor. De la jornada 32 del pasado curso a la 28 del actual, casi casi una temporada completa. Demasiado tiempo.

Han sido muchas las polémicas en torno a las decisiones arbitrales que ha recibido el conjunto de Sergio Pellicer en los últimos tiempos, sobre todo después de la última derrota ante el Mirandés con Vicandi Garrido como principal colegiado. Las acciones que sucedían en un área se pitaban, mientras que hechos calcados en la otra pasaban inadvertidos. Así, jornada tras jornada desde hace muchos meses. Hay que remontarse hasta junio del pasado 2020, en un partido ante la SD Huesca, para ver el último penalti que tuvo el Málaga y que Armando Sadiku convirtió en gol. Pero en aquella ocasión de poco sirvió, ya que el conjunto oscense regresó a casa con esos tres puntos en sus mochilas.

Haciendo una comparativa, el pasado curso el Málaga CF disfrutó de nueve penaltis a favor, todos transformados en goles blanquiazules por Sadiku o Adrián González, según el partido. En cambio, en las 28 jornadas de lo que llevamos de curso solo se ha recibido uno, el de este domingo. De hecho, hasta ahora no se sabía qué jugador era el especialista encargado de lanzar las penas máximas.

En La Rosaleda, en el partido ante el Sabadell, se alinearon los astros y ya se volvió imposible negar lo evidente. Se había cumplido ya el tiempo reglamentario cuando Ángel derribó de una patada a Luis Muñoz dentro del área arlequinada. Tuvo incluso que intervenir el VAR para que el colegiado Ortiz Arias lo tuviese claro al 100%, pero acabó decretando la pena máxima que el mismo Muñoz lanzaría. Yo me lo guiso, yo me lo como. El de Nueva Málaga supo burlar a Ian Mackay y le coló el esférico justo por el lado contrario por el que se había tirado el guardameta del Sabadell. A muy pocos segundos del pitido final, el capitán blanquiazul firmó el 2-0 definitivo.