Se jugaba el Real Oviedo la permanencia ante un Málaga al que, casi por primera vez, la suerte le sonrió en forma de matemáticas favorables. El equipo peleó, pero a sabiendas de que el choque no era a vida a muerte. Por algo se denominó a este duelo, «el partido de la tranquilidad» antes de que De la Fuente Ramos diese el pitido inicial. Si bien es cierto que el Real Oviedo del Cuco Ziganda no tenía todavía amarrada la permanencia matemática, el ritmo del choque dejaba entrever la fase del torneo en la que estamos y las exigencias con las que llegaban unos y otros equipos. 

En los primeros minutos del duelo, tanto asturianos como malacitanos hicieron gala de los planteamientos tácticos planteados y desarrollados durante la semana, donde sobre el papel ambos se jugarían la certificación de la permanencia. No hubo un claro dominador en el encuentro y las ocasiones de peligro brillaron por su ausencia. 

La ventaja para el Málaga es que, como ya avisó el míster, con el objetivo asegurado habría tiempo para que otros jugadores tuviesen más minutos, incluidos varios integrantes de La Academia. Así se produjo el debut de Mini en el once, dejando buenos movimientos, bien colocado en defensa y colaborando a la salida de balón a partir de los tres cuartos de campo. 

Tuvo que cumplirse la primera media hora de partido para que llegase la primera acción peligrosa de los blanquiazules. A balón parado, desde falta, el equipo optó por una jugada ensayada en corto, Jairo Samperio recogió el esférico e intentó el remate desde fuera del área, pero el balón se marchó ligeramente desviado de la portería de Femenías. 

Poco después, en el lado carbayón, Rodri trató de aprovechar un centro muy preciso de Borja Sánchez, remató a bocajarro pero la puntería le falló y Dani Barrio no tuvo que intervenir. 

Aunque el Málaga se mostró algo mejor, con esas pocas aproximaciones y el marcador igual que en el primer minuto de juego, llegó el descanso. 

En la reanudación, el Málaga pareció dar un pequeño paso hacia adelante, Cristian buscó el remate de cabeza y como no entró, Jairo aprovechó el rechace desde la frontal del área gracias a los huecos que dejaron los del Cuco Ziganda. 

Los dos buscaban el error del rival para maximizar las opciones de batir la portería contraria. Con el cansancio de los minutos, las opciones de ambos equipos quedaban relegadas a alguna que otra ocasión aislada. Así llego la jugada del primer y único gol del encuentro. En una internada de los carbayones, Isma Casas despejó con la cabeza, el balón rodó solo, sin que nadie más lo enviase lejos. Lucas Ahijado recibió el esférico y lanzó un obús imparable para el cancerbero asturiano del Málaga CF. 

Te puede interesar:

El gol terminó de romper el partido y si pocas fueron las acciones peligrosas malacitanas antes, menos llegaron después. El planteamiento de Cuco Ziganda funcionó a las mil maravillas y el poder ofensivo de los de Pellicer quedó muy en segundo plano. Los momentos de chispa llegaron cuando el tiempo estaba a punto de agotarse y hasta Dani Barrio subió -y permaneció varios minutos- al área para buscar el milagro. El Málaga no necesitaba mucho más, pero dejaron claro que es un equipo que no se ha rendido en todo el curso y no dejará ahora que pasen los partidos sin pena ni gloria, por mucho que las fuerzas estén ya muy justitas.